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New York Knicks

¿Cómo ha sido el año rookie de RJ Barrett? El futuro de New York Knicks empieza a despuntar

La Gran Manzana es uno de los epicentros del mundo y uno de los escenarios más importantes para la práctica del baloncesto. Con el Madison Square Garden como el gran teatro de la NBA aquellos cuya obligación es defender el feudo neoyorkino portan consigo un extra de presión que en muchos casos acaba por superar el talento que puedan llegar a tener. Amedrentarse no es una opción y verse sorprendido con la guardia baja penaliza de igual modo a debutantes y veteranos. No así con RJ Barrett que en su primera campaña en los New York Knicks ha estado a la altura de lo esperado, y por momentos, ha conseguido despuntar como la principal arma ofensiva del equipo, razón de peso para confiar en un futuro brillante bajo su mando.

El perfil físico del jugador canadiense desde bien temprano se comprobó como aventajado con respecto a sus compañeros de class pues sus largos brazos le permitían alejar el balón de su cuerpo a una distancia difícilmente alcanzable por defensores de igual edad del mismo modo que su amplia zancada le hacía sacar ventajas considerables en la transición con la que añadir puntos fáciles a su estadística. Pero un cuerpo imponente sin una capa de técnica puede quedarse corto, algo que nunca ha sido el caso de Barrett, pues la riqueza que posee su juego salta a la vista desde el primer momento con un uso indistinto de ambas manos con las que evidencia una relación de total simbiosis con el balón otorgándole siempre el efecto necesario en las finalizaciones cerca del aro.

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"Creo que tiene un brillante futuro [en la NBA] si los Knicks lo manejan del modo correcto y le dan los recursos necesarios para seguir mejorando", comentaba un scout de un equipo de la Conferencia Oeste en un reciente artículo de The Athletic. Y razón no le falta, porque esta primera experiencia en la mejor liga del mundo del canadiense ha sido ilusionante, con una constante mejora y dejando clara su predisposición a la evolución dentro de su juego para adaptarse a las necesidades de la competición.

Pues si el rival de la noche le impedía desplegar un juego más físico, con impacto y donde pudiese jugar por encima del aro, Barrett optaba por representar un rol más creativo, explotando la fantástica visión periférica que posee para conectar con sus compañeros o simplemente moviéndose entre líneas en busca de un pase que en muchas ocasiones no llegaba. Porque la realidad del alero ha sido esta. Un contexto complicado por la realidad competitiva de los Knicks, cuya plantilla ha estado lejos de un mínimo competitivo y donde las individualidades de algunos jugadores han eclipsado un juego coral que beneficiase los puntos fuertes del canadiense.

La lectura que puede hacerse del año rookie de Barrett es buena, con unos promedios sólidos que le han permitido consolidarse entre los cinco mejores debutantes de la competición, siendo el tercer máximo anotador (14.3) tras Kendrick Nunn y Ja Morant y siendo además el tercero en la lista de anotadores de su propio equipo, solo superado por jugadores experimentados como Morris y Randle, ambos con 19 tantos de media por noche. Su faceta anotadora ha encontrado una vía para desarrollarse gracias al gran páramo que ha sido el equipo neoyorkino, mientras que otros aspectos como la defensa o la creación de juego ofensivo han ido acordes a la situación del grupo.

Detalles para el optimismo

El arranque del curso para Barrett ejerció como un despertar en su figura consiguiendo tres partidos de más de 20 puntos (21, 26 y 22) en sus primeros diez encuentros de carrera, unos datos que contrastaban con otras tres veladas con menos de 10 tantos (9, 3 y 9). Esto, lejos de ser algo aislado, representa la dinámica que el canadiense ha desarrollado a lo largo de su primera experiencia en la NBA, combinando partidos brillantes de cara al aro con participaciones discretas, donde evidencia que su desarrollo todavía está en proceso, pues su lanzamiento exterior es irregular, su respuesta a defensas más agresivas varía dependiendo del rival y su rol en el equipo carece de forma.

A pesar de que apenas ha conseguido promediar un 32% desde el triple, ha sido especialmente notable su acierto desde la esquina izquierda donde su acierto se incrementa hasta el 36% proviniendo todas sus conversiones de asistencia al ejercer a la perfección como espaciador. Es desde ese tipo de espacios desde donde mejor se ha movido, castigando en la suspensión y contra close out (punteo) atacando sobre el pie adelantado del defensor o aprovechando el espacio que este permite por línea de fondo consiguiendo anotar más del 53% de sus intentos cerca del aro.

En el resto del campo tiende a sufrir más, ya sea en la media distancia (27%) o desde el triple lateral y frontal (30%). La asignatura pendiente de Barrett es el tiro, es una evidencia, pero aquí no solo incide el talento individual sino la conjunción de factores, integrando también el espacio que el resto de su equipo le ofrece, la calidad del pase y cómo la defensa responde ante su amenaza. Respecto a este último aspecto es donde más claro se ve que el canadiense todavía tiene que desarrollar una ornamenta física que le permita absorber el impacto en las penetraciones (27% en la pintura) y con en el tiro punteado (16% de acierto con el defensor a menos de 1,5 metros).

A nivel de creación ofensiva el uso que desde el cuerpo técnico de los Knicks han buscado darle a Barrett ha venido principalmente del bloqueo directo en sus múltiples variables, ejerciendo como manejador con el objetivo de aprovechar su altura (1,98) para encontrar líneas que con un base tradicional serían más complejas de ver. Así se entiende que la mayor parte de sus asistencias hayan tenido como destino a los interiores del equipo (Randle, Gibson y Robinson) pese a que haya dejado detalles de mucha calidad encontrando a compañeros en el corte y descongestionando el lado de balón para conseguir anotar.

En líneas generales su año es sumamente positivo. Ha demostrado que es capaz de construir una jugada con el balón en las manos, evolucionar desde el 2 contra 2 a estructuras más complejas encontrando al compañero liberado. En un plano anotador basta con decir que sus promedios individuales están a la altura de otros debutantes de los Knicks como Kristaps Porzingis (14,3 en 2016) y Pat Ewing (20,0 en 1986) como los últimos rookies de la franquicia en conseguir unas medias similares. Hay razones para creer en una evolución mayor en el curso siguiente, con un rol mucho más definido que por momentos ha sido lo que más se ha echado en falta en la yuxtaposición de jugadores en el campo que ha sido el sistema neoyorkino. Jayson Tatum sería el espejo perfecto en el que debería mirarse RJ Barrett para desarrollar su juego, un perfil anotador de brazos largos con destreza para el uno contra uno y con diversas y buenas lecturas del pick & roll.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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