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Chicago Bulls

Carmelo Anthony: La divina tragedia

Carmelo Anthony
Carmelo Anthony Getty Images

El 25 de septiembre de 2017 Carmelo Anthony cambiaba su destino, cambiaba la Nueva York por la lejana Oklahoma, tierra de pastos y amplios parques energéticos. La vida de Melo daba un vuelco de 180 grados, no habría un gran escenario donde desfilar cada noche, donde la cadencia de sus pasos y el compás de su bote fuesen admirados en donde cada noche las estrellas disfrazadas de jugadores de baloncesto brillaban. Habían sido años de gozo y lloro, donde se habían tocado todos los polos. Desde las mieles del éxito en 2013 hasta tocar fondo en 2015 con solamente 17 victorias.

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Los Knicks decidían, siguiendo los deseos de Melo, buscarle un nuevo destino, acorde a las aspiraciones de quien fuese su estrella y relanzase una franquicia que volvió al mismo punto donde se encontraba en 2009: la indiferencia del fondo de la tabla.

Por mí se va a la ciudad doliente,

por mí al abismo del tormento fiero,

por mí a vivir con la perdida gente (Dante Algheri, Divina Comedia, Canto III)

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Thunder y Knicks acordaban intercambiar al mencionado Anthony a cambio de Enes Kanter, Doug McDermott y una segunda ronda de 2018 de Chicago Bulls que se convirtió en Mitchell Robinson. Un cambio de cromos aparentemente positivo para ambas partes, los Knicks recibían dos jugadores a partir de los que trabajar de cara al futuro o buscarles un nuevo destino y los Thunder reunían en el mismo equipo a Russell Westbrook, Paul George y Carmelo Anthony. Un sueño idílico donde el talento se le caía de las manos a Billy Donovan y el éxito, se presuponía, que estaba asegurado.

La NBA en especial, más que otra liga, no funciona a través de agregaciones de talento, es una competición muy larga y exigente, donde se aprecia más una rotación extensa que tres pequeños reductos de un talento inconmensurable.

Desde el comienzo quedó patente que Oklahoma no era el sitio de Melo. Ni era el lugar ni era el momento. Acostumbrado a un gran uso del balón (30% de media de carrera), Anthony exigía el balón, lo demandaba, necesitaba cubrir una necesidad casi fisiológica. Sin el balón entre sus dedos, Anthony era incapaz de representar todo aquello que era, de evidenciar todos los recursos que atesoraba y de ser el All-Star que meses atrás demostró.

Su paso por los Thunder acumuló más titulares que grandes partidos. Sus picos de rendimientos contrastaban con el deber de mutar su piel, de cambiar su ornamenta y decir adiós a un jugador de otra época. Corrían voces que alzaban su brazo en contra de su figura, de su intocable ego de estrella a su invalidez para defender. El relato de que Melo ya no valía corrió como la pólvora, las filtraciones desde dentro del vestuario no hacían más que daño a esta situación. Una situación que llegó al gran público a partir del célebre "Who, me?" de Anthony cuando ante los medios se le preguntó sobre si estaría dispuesto a salir desde el banquillo.

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El problema estaba en que no había habido una transición. El proceso por el cual pasase de ser estrella y centro del equipo a un engranaje más de un equipo aspirante no se había producido, por lo que por parte de Melo la decisión estaba clara. Él seguía siendo el mismo, daba igual que el contexto hubiera dado un cambio radical, que Donovan no fuese un entrenador dócil y que la narrativa contra Anthony fuese ya el discurso más hegemónico en el seno de los Thunder.

"Cada cual buscará su triste tumba, carne y figura cobrará, y el duro fallo sabrá como eternal retumba" (Dante Algheri, Divina Comedia, Canto VI)

Su descenso a los infiernos comenzó aquel 2017 negándose a interiorizar el siguiente paso que su carrera demandaba, al menos es aquello que la prensa nos permitió conocer, pues en historias como estas no hay una mirada unidimensional. La función del entrenador y el resto del staff es tratar de construir un grupo que funcione acorde a una idea, en el caso de que una pieza desencaje no significa que se trate de un fracaso, pero de ser una pieza de precio tan alto como Anthony es imposible no mirar a ambos lados en busca de responsables.

El experimento no salió como se esperaba. El equipo funcionaba mejor sin él y sus actuaciones en Playoffs contra los Utah Jazz habían dejado claro que no contaba con el apoyo ni el rendimiento suficiente. La vela se iba apagando, no quedaba más luz que alumbrase el camino, un camino iniciado en Syracuse llenando todas las portadas nacionales y que le llevó a conducir a los Nuggets a la mejor temporada de su historia en 2008. Fue relegado al ostracismo, desterrado y olvidado. Melo fue el destinatario de todos los males que atesoraron al equipo: falta de fluidez, ineficacia en el movimiento del balón, bajo ritmo... "No tuve la oportunidad de abordar la situación y entender realmente qué era lo que se necesitaba de mi y qué tenía que hacer", comentaba Anthony en el media day de septiembre de 2018.

"Y temo se ha de ver tanto perdido,

que ya tarde a ti sea mi llegada,

según dél en el cielo hemos sabido." (Dante Algheri, Divina Comedia, Canto V)

Tras un intenso verano de rumores, de encerrarse en el gimnasio, de jornadas intensivas de técnica individual con su entrenador personal, Chris Brickley, y de sonar para prácticamente cualquier equipo de la NBA, Carmelo Anthony era traspasado a los Hawks para ser cortado poco después y firmar con los Houston Rockets. Daryl Morey había estado soñando con ese movimiento desde hacía más de una época, fantaseaba con su jugador fetiche, convencido de ser el único capaz de encontrar el hábitat idóneo para que este fuese útil. Armando un equipo para ganar a los Warriors, Melo aceptaba salir desde el banquillo y se reencontraba con quien le recibió en los Knicks y fue responsable de la salida de este.

Mike D'Antoni buscó en Anthony el revulsivo que permitiese a Houston dar el paso adelante que necesitaban. No ocurrió. No hubo ni siquiera un atisbo. La nada.

Melo no se adaptó, siguió subsistiendo en la media distancia en el peor lugar para hacerlo, abusando del balón y sin reparar en defender. Su juego grupal había tocado fondo y era más un lastre que un suplemento. "El ajuste que imaginamos cuando Carmelo eligió firmar con los Rockets no se ha materializado, por lo tanto, pensamos que era mejor seguir adelante ya que cualquier otro resultado hubiera sido injusto para él", comentaría Morey, GM del equipo.

A partir de ese 15 de noviembre hasta la noche del 21 de enero de 2019, Anthony desaparecería de la escena pública. Ni un vídeo, ni un clip de entrenamiento, la oscuridad. Anthony había pasado de ser una de las caras de la liga, uno de los anotadores más prolíficos y delicados de la última década a no existir.

Su traspaso a los Bulls por "cash considerations" supone el fin del Carmelo Anthony que hemos conocido, no como jugador, sino como entidad y figura desde un punto de vista cultural. No queda sitio en la liga para quien formó parte de su Olimpo durante una década.

El juego ha avanzado y el tiempo no espera a nadie. La irreversibilidad de los acontecimientos acompaña a la memoria en el transcurso de nuestras vidas, con Anthony tiene un peso gigante, lleno de vicios, de detalles y recuerdos.

Su caída es sumamente triste, esperada por aquellos que esperaron el mayor momento de flaqueza para disfrutar de su destierro. Sus futuro se decidirá en las próximas semanas, pero su legado ha de permanecer intacto, sus momentos de trance y el estilo neoyorkino no puede mancillarse. No con Carmelo.

"Entre las almas más inicuas moran,

me dijo, del infierno en lo más hondo;

si tanto bajas, las verás cuál lloran. (Dante Algheri, Divina Comedia, Canto VI)

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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