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The Last Dance

El séptimo partido contra Indiana Pacers en 1998: la noche que más asustó a los Chicago Bulls de Michael Jordan

Michael Jordan puede ser llamado uno de los reyes de los partidos decisivos de toda la historia de la NBA. El ex jugador de Chicago Bulls disputó cinco veces un partido definitorio de una serie de Playoffs (en tres ocasiones un séptimo encuentro y en dos un quinto partido de primera ronda) y se impuso en cuatro de ellas, siendo derrotado solamente por Detroit Pistons en 1990, en aquel día de la migraña de Scottie Pippen.

Sin embargo, para alguien tan exitoso y con tanta historia en Playoffs, recurrió poco a esta instancia: MJ y sus mejores Bulls solían liquidar las series antes. En el camino a sus seis anillos de la NBA apenas dos equipos pudieron llevarlos al menos hasta un séptimo partido, mientras que en la derrota con Orlando Magic de 1995 cayeron por 4-2.

Los dos primeros contrincantes que le dieron pelea dura y larga a Jordan en series a siete partidos fueron dos clásicos rivales suyos que sabían como meterse bajo la piel de Su Majestad: los ya mencionados Pistons y los New York Knicks de Pat Riley. Sin embargo, el partido que más asustó a los Bulls realmente fue contra otro rival del Este: los Indiana Pacers de Reggie Miller.

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La temporada 1997-1998, la del sexto anillo, la de "The Last Dance", fue de varios altibajos internos para Chicago. Todavía eran una máquina de ganar y seguían teniendo en MJ al MVP de la liga pero ya había mucho desgaste. Igualmente, en las dos primeras rondas de Playoffs sortearon con facilidad a New Jersey Nets (3-0) y Charlotte Hornets (4-1), dos rivales sin demasiadas cartas para oponerse a un verdadero equipazo. Pero el escenario del último cruce del Este era distinto: tocaba chocar con Indiana Pacers, con Reggie Miller como jugador franquicia y Larry Bird en su primera temporada como entrenador, un equipo de casi 60 victorias en temporada regular (58-24) y que también había ganado 4-1 en la segunda rueda.

Los Bulls comenzaron ganando 2-0 con grandes actuaciones de MJ, pero le permitieron a Indiana 107 y 96 puntos en los dos partidos disputados en Indianápolis y la serie fue empatada. El único partido de diferencia abultada fue el quinto partido, un 107-86 de los Bulls en Chicago. Los Bulls tenían la oportunidad de asegurar el pase a las Finales en el sexto partido, pero volvieron a perder de visitante por 92-89 en un partido en el que Miller tiró 2-13 pero Rik Smits y Dale Davis se combinaron en la pintura para sumar 44 tantos. Habría septimo encuentro. Toda una temporada se definía en una noche.

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Desde 1992 que Jordan no jugaba un séptimo partido. De aquel encuentro en el que pasó por arriba a New York Knicks con 42 puntos en un 110-81 apenas quedaban él y Scottie Pippen. Ni siquiera el escenario era el mismo: el Chicago Stadium ya había sido demolido y ahora los Bulls jugaban en el United Center. Para MJ, con compañeros con los que ya llevaba un tiempo pero con los que nunca había pasado por una situación así, todo comenzaba por asegurarse de que haya una mentalidad ganadora. Así lo contó Steve Kerr en el podcast de Zach Lowe.

"Recuerdo que el día anterior a ese partido tuvimos un entrenamiento y Phil nos llamó a todos. Con sus típicas formas, trataba de enfocarnos para el partido. Nos dijo: "ya saben, lo importante en un partido como este es no tener miedo de perder. Hay que comprender la idea de que se puede perder. Esta bien. Nos enfrentamos a eso". Él estaba buscando un enfoque psicológico. Pero antes de que realmente pueda empezar, Michael simplemente dijo: "No, al diablo con eso Phil, no vamos a perder". Y simplemente pusimos nuestras manos en el medio, dijimos "1-2-3, Bulls", nos fuimos a casa y recién nos volvimos a ver en el estadio el día del partido", explicó Kerr.

En el vestuario rival, Larry Bird, alguien que sabía de ganar en momentos claves, motivaba a sus hombres como nunca: "olvídense de la táctica, salgan ahí a patear traseros". Jalen Rose, hombre clave de ese equipo, recordó con ESPN la emoción del momento: "saltamos como "¡Vamos!, ese es Larry Legend". Antes, Miller y Mark Jackson, los líderes de los Pacers dentro de la cancha, habían llevado calma: "no se preparen diferente porque es un séptimo partido, ya estamos preparados", era el mensaje que bajaban. "Eso fue importante para mí, porque estaba muy asustado" afirma ahora Antonio Davis, suplente en esos Pacers aunque ya por entonces un jugador con casi 10 años como profesional.

"Confiábamos en que su dinastía se había acabado. Nosotros teníamos las respuestas para todas sus preguntas", dice Jackson. La confianza estaba allí.

Los Bulls en tanto, confiaban en la carta más poderosa: "Le dije a Steve Kerr que no había forma de que el último partido de Michael sea uno de Finales de Conferencia. Esto solamente puede terminar de una manera", cuenta Jud Buechler, que viajaba con Kerr al estadio en el mismo automóvil.

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Iban a terminar necesitando a ese MJ superpoderoso. Los Bulls ganaron por 88-83 con 28 tantos, 9 rebotes y 8 asistencias de Jordan, que falló bastante (9-25 en dobles, 10-15 en tiros libres) pero sumó cuando tuvo que hacerlo (9 puntos en el último cuarto).

Antes hubo crisis: los Pacers comenzaron ganando por 20-7 y cuentan que empezaron a notar cierta ansiedad en los Bulls, aunque todavía faltaban 40 minutos de juego. La defensa de Chicago, mucha energía y el problema de faltas de los internos de Indiana dejo a los locales al frente con un parcial de 24-10. Igualmente el primer tiempo terminó parejo: 48-45 para los Bulls. 15 puntos para Jordan, 15 puntos para Miller con 3-4 en triples.

El tercer período fue el momento de Toni Kukoc: 14 puntos sin fallar con 3-3 en triples, 2-2 en dobles lejos del aro. La mano del croata, un jugador de mucha sangre fría, volvía a aparecer cuando era necesario. Mientras tanto, Pippen anulaba a Mark Jackson: "No creo que nadie en toda la historia me podría haber defendido como lo hizo Pippen", dice Jackson, "no hubiesen ganado si no aplicaban esa presión. Phil fue un genio al ponerlo a él ahí". El base de Indiana, que promediaba 8,3 puntos y 8,7 asistencias en aquella temporada, terminó ese partido con 11 puntos y 6 asistencias. La clave era negar que arme juego. Que no encuentre a Smits o a Miller listos para anotar. Indiana terminó el tercer cuarto perdiendo por 69-65.

Con Jordan fuera de la cancha al empezar el último período los Pacers dieron vuelta la historia. Con MJ de nuevo la historia no cambió rápido: los primeros puntos de los Bulls llegaron recién cuatro minutos después del inicio. Desde la pintura, Indiana controlaba el partido pero por poco. Entonces, Steve Kerr solo, un triple que empató el partido y cambió el clima en el United Center de cara al final. "Ahí todo se dio vuelta. Cuando Kerr metió ese tiro, el techo del estadio voló", afirma Fred Hoiberg, suplente de esos Pacers.

Jordan metió cuatro puntos en los seis minutos finales, pero Reggie Miller directamente no sumó: apenas intentó un triple que fue bloqueado por Dennis Rodman. La defensa y el trabajo sucio terminaron siendo las bases de la victoria de Chicago, que se impuso 50-34 en el apartado rebotes, con 12 de Pippen, 9 de Jordan y 9 de Luc Longley en una noche discreta de Rodman (2 puntos y 6 rebotes desde el banco).

Todos esos rebotes le permitieron a los de Phil Jackson ir comiéndose el tiempo del reloj en un final de muchos fallos: el marcador estaba 87-83 a falta de 1:59 tras un doble de Pippen y terminó 88-83, apenas con un tiro libre de Ron Harper agregándose. Entre la bandeja de Pippen y el tiro libre de Harper, que fue a 8 segundos del final, los Pacers intentaron solamente un tiro al aro en 111 segundos: un triple fallado por Derrick McKey.

A pesar de eso, Chicago apenas ganó por 88-83 y la sensación al finalizar la serie no fue de éxito, fue de alivio. "Ese fue el partido que más nos asustó" cuenta Steve Kerr hoy. Si esto hubiese sido boxeo, los Pacers habían tenido groggy al gran campeón y lo llevaron a las tarjetas tras 12 asaltos muy parejos, pero finalmente se quedaron sin energía y sin poder al final y terminaron derrotados por poco en las tarjetas. No les alcanzó, pero estaban orgullosos, como dijo Mark Jackson. Casi acaban antes con la dinastía.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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