Playoffs 2021

Cuatro décadas alejados de la gloria: La historia de las últimas Finales de los Milwaukee Bucks

Todo proyecto que nace es, por norma, ilusionante. El desconocimiento del futuro y el optimismo de lo que está por venir son dos factores clave que intervienen en la construcción de nuevas estructuras y sirven como pilares para los que vengan más adelante. En el deporte, esto tiene dos formas diferentes de darse, bien en organizaciones ya existentes que adquieren una nueva dirección (ya sea técnica o desde la gerencia), o bien en proyectos de nueva creación.

Los Milwaukee Bucks nacieron como respuesta de la NBA al peligro que suponía la ABA para sus intereses económicos y comerciales, expandiendo la liga de 12 equipos a 14 en la temporada 1968-1969, siendo el otro conjunto los Phoenix Suns. Curiosamente, en ese mismo año los Hawks se trasladarían desde St. Louis a Atlanta, tejiendo de este modo una relación entre los tres últimos contendientes al anillo a día de hoy.

La composición de ambas escuadras se formó a través del conocido como Draft de expansión, por el cual cada franquicia debía proteger un número concreto de jugadores que no entrarían en la bolsa general, dejando a cambio otros tantos que pasarían a ser perceptibles de ser seleccionados. Entre los nombres destacados de aquella primera plantilla de los Bucks se encontraban el varias veces All-Star Larry Costello (quien ejerció de entrenador), el anotador base Flynn Robinson, el sólido interior Len Chappelle y Wayne Embry, quien a la postre sería el primer General Manager afroamericano de la historia de la NBA en Milwaukee.

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El equipo, aunque ilusionante, no estaba preparado para triunfar en un inicio, destacando por su rapidez y volumen anotador, pero sin un claro orden en defensa que les llevó a finalizar últimos de la División Este con 27-55 de balance y, junto a los Suns, que también finalizaron últimos de su división, tuvieron el dudoso honor de asegurarse las dos primeras elecciones del Draft. Antiguamente el sistema para definir el orden de selección se establecía a partir de un lanzamiento de moneda a cara o cruz a cargo del Comisionado entre los dos últimos clasificados de cada parte del país. Como anécdota en 12 de los 19 años que este sistema estuvo vigente ganó la franquicia que eligió cruz. El premio en aquella ocasión no era menor, pues el ganador del lanzamiento se haría con Kareem Abdul-Jabbar, el mejor jugador salido de la universidad desde Wilt Chamberlain y la próxima estrella del baloncesto mundial.

Tan pronto como el pívot desembarcó en la NBA quedó claro que estaba llamado a liderar una era de éxitos en Milwaukee, siendo All-Star, Rookie del Año y formando parte del 2º mejor quinteto de la temporada y defensivo en su primera campaña. Pese a liderar a los Bucks a Finales de División, el 4-1 que les endosaron los Knicks evidenció que les hacía falta algo más, encontrándolo en un descontento Oscar Robertson por cómo se estaban haciendo las cosas en los Cincinnati Royals.

Ambos conformaron una dupla que se aprovechó del vacío de poder dejado por unos mermados Lakers por las lesiones y de la ausencia de Rick Barry en los Warriors para conquistar rápidamente el Oeste.

En su primer año juntos, durante la campaña 1970-71, Milwaukee arrasó allá por donde pasó, conquistando la NBA ganando sus series ante San Francisco, Los Ángeles y Baltimore concediendo únicamente 2 partidos y firmando el segundo barrido en unas Finales hasta la fecha frente a los Bullets.

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El cambio de División, que en un principio pareció una bendición por el bajo nivel competitivo del Oeste respecto al fiero Este, dio un giro radical conforme los contendientes se reforzaron y recuperaron a sus figuras relevantes. No obstante, los dirigidos por Larry Costello se asentaron entre la élite de la NBA como contendientes perpetuos gracias a la continua progresión de Abdul-Jabbar que se hizo con su segundo MVP en 1972 mientras que Robertson daba sus últimos destellos como figura de renombre, sin bajar apenas sus promedios y dotando a otros como Bob Dandridge o Lucius Allen de espacio suficiente para crecer.

Las dos temporadas posteriores al anillo de 1971 supusieron el pico de excelencia de la franquicia en su corta historia, logrando superar en todas ellas las 60 victorias, pero cayendo antes de llegar a las Finales, primero ante los Lakers de West y Chamberlain y después ante los Warriors del recuperado Barry.

Al contrario que en otros casos, el GM Wayne Embry no realizó apenas cambios en la plantilla campeona de 1971, manteniendo el mismo núcleo y añadiendo jugadores de rol. Los Bucks contaban con los activos necesarios para seguir siendo aspirantes, solo necesitaban dar un paso adelante más en la postemporada. Solo un poco más. Y en 1974 finalmente tuvieron su segunda oportunidad.

Después de volver a ser el mejor equipo de la Fase Regular del Oeste con 59-23 de marca, los de Wisconsin se desquitaron de los subcampeones del pasado curso, los Lakers (4-1), con un Abdul-Jabbar dominador que se fue a 29,6 puntos, 18,0 rebotes y 5,0 asistencias secundado por un fantástico Dandridge que promedió 21,8 tantos. Seguidamente, unos Chicago Bulls que venían rindiendo a un nivel excelente gracias a un renovado conjunto y construido alrededor de Bob Love y Chet Walker. Un gran rendimiento que no pudo igualar el estado de forma de los Bucks quienes iban a llegar tan lejos como Kareem quisiera, barriendo a los de Illinois en 4 partidos.

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De este modo Milwaukee iba a regresar a unas Finales tras 3 temporadas de vacío con idéntico objetivo que al arranque del proyecto: conseguir el anillo.

Todo parecía de cara para los de Costello pues contaban con una estructura defensiva inigualable en la liga y un ataque más que correcto que se movía al ritmo que Robertson y Abdul-Jabbar marcasen. El rival también parecía ayudar pues los Boston Celtics de ese momento ya no incidían el mismo temor en sus rivales como tiempo atrás, pero mantenía buena parte de la estructura que fue campeona en 1969 con figuras como John Havlicek, Don Nelson y Don Chaney.

Sin embargo, nada saldría como los Bucks planearon. Boston, por medio de Cowens y Hondo, se llevó 2 de los primeros 3 partidos y obligó al oponente a tener que remar a contracorriente. "Nosotros eramos David y ellos Goliath", recordó el técnico de los Celtics en ese momento Tommy Heinsohn.

Los de Wisconsin tuvieron que reorganizarse y sacar lo mejor de sí mismos para igualar la serie, pero los Celtics no dieron su brazo a torcer, poniendo el 3-2 tras el quinto partido en un asombroso esfuerzo colectivo de estos. Los Bucks forzarían el séptimo encuentro en un memorable e igualado Game 6 que se fue hasta las dos prórrogas en el mítico Boston Garden. "El sexto partido fue uno de los mejores de la historia de la NBA, no solo de los Bucks, de todos los tiempos", dijo el jugador de los Bucks, Jon McGlocklin. Aquel Game 6 tuvo emoción de principio a fin, con Milwaukee luchando por la supervivencia y los locales tratando de volver a conseguir un anillo, el primero post-Russell. Kareem Abdul-Jabbar se iría hasta los 34 puntos en 16 de 26 tiros de campo y jugando todos los minutos posibles del duelo (58), casi una hora de juego real, al igual que Robertson y Havlicek.

De las manos de Abdul-Jabbar, a falta de 7 segundos del final de la segunda prórroga, surgiría la canasta que dio la victoria a los Bucks. ¿Cómo lo hizo? Con un perfecto skyhook que dejó sin opciones a los Celtics.

"Creo que jugamos una gran defensa y lo pusimos en una situación bastante difícil y Kareem recibió el balón, giró e hizo un tiro tremendo", lamentó Cowens sobre el lanzamiento ganador.

"Si tienes a un tipo como Oscar Robertson y Kareem, no importa a quién pongas ahí, vas a tener una buena oportunidad de ganar", aseguró Dick Garrett, parte de los Bucks.

Ese pareció un momento pivotal para Milwaukee, suponiendo el golpe de atención necesario del equipo para que este alcanzase el segundo anillo. No obstante, Boston apostó para el definitivo Game 7 por una agresiva defensa basada en saltar dos contra uno cada vez que Kareem recibiera la pelota. "Lanzamos esa estrategia no porque creyese que funcionaría, sino porque creía que causaría una sorpresa y les llevaría un tiempo adaptarse, y tal vez pudiesemos sacar ventaja al inicio", recordó Heinsohn años después.

Y vaya si funcionó.

Al descanso la ventaja para los verdes ya era de 13 puntos y Abdul-Jabbar parecía otro jugador. Con los Bucks descolocados y contra las cuerdas Westphal y Cowens lideraron a los Celtics en un ataque que vivió del desacierto de sus oponentes, completamente desubicados. Kareem, evidentemente agotado por la doble prórroga y los traps poco pudo hacer y Boston se coronó como campeón contra todo pronóstico.

"Me encantaría haber ganado, pero el baloncesto para mí es un juego: sales y das el mejor esfuerzo que puedes, ellos simplemente tuvieron más canastas que nosotros al final", comentó Oscar Robertson, que no llegó en su mejor momento físico. "Siempre puedes decir 'deberías haber hecho esto o aquello', pero no lo hicimos".

"Es muy frustrante porque si hubiésemos estado sanos, creo que los habríamos vencido en seis partidos", dijo Abdul-Jabbar. "Si hubiésemos tenido a Oscar recuperado y a Lucius Allen... Simplemente no tuvimos la profundidad para igualarlos desde el banquillo".

A partir de ese momento se sucedieron 4 décadas de intentos fallidos, alcanzando 3 Finales del Este en los años 80 y una más en 2001. Ha tenido que aparecer una figura generacional como Giannis Antetokounmpo para que ahora los Milwaukee Bucks estén a una victoria de volver a las Finales, 47 años de vacío que pueden llegar a su fin. ¿Lo lograrán? La respuesta esta madrugada a partir de las 2:30.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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