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Finales NBA 2019: Magic Johnson y las Finales de 1980: la esperanza de los Warriors y Durant

Durant
Getty NBA

La historia nos enseña a encontrar precedentes para dotar de sentido a nuestro presente. Momentos con cierto paralelismo en los que buscamos detalles a los que abrazarnos en momentos en los que no queda más alternativa. En la noche de ayer los Golden State Warriors perdieron definitivamente a su estrella, Kevin Durant, o más bien su Aquiles, dijo "hasta aquí hemos llegado". Un momento en el que contener la respiración y donde presentir lo peor.

En pocas ocasiones se produce un hecho en la NBA que no haya tenido una réplica en el pasado. Estadísticas inverosímiles, datos rocambolescos o hechos acontecidos veinte o treina años atrás. Las lesiones son una parte del deporte y del baloncesto y, más allá de la lesión concreta, podemos establecer un cierto paralelismo entre los Golden State Warriors de 2019 y Los Angeles Lakers de 1980.

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39 años separan la torcedura de tobillo de Kareem Abdul-Jabbar de la imagen de Durant yaciendo en el suelo y hay algo que puede acabar uniendo ambas historias: el anillo. En mayo de 1980 los Lakers llegaban a sus primeras Finales desde 1973 liderados por un rookie llamado Magic Johnson y por uno de los mejores jugadores de la liga como el mencionado Abdul-Jabbar.

Los 76ers llegaban con el cartel de underdogs al igual que Raptors en esta temporada. Un conjunto joven con dos "monstruos" del baloncesto de finales de los 70 como Julius Erving y Darryl Dawkins aseguraban que la batalla sería a vida o muerte. La ferocidad de aquel conjunto entrenado por Billy Cunningham generaba momentos a media cancha de un baloncesto cargado de plomo, con un Cheeks que a media cancha exprimía el potencial del verso libre que era el Dr. J.

Tras dos partidos la serie estaba empate y con un Abdul-Jabbar haciendo honor a su legado: 33 puntos, 13 rebotes y 4 tapones fueron sus números en esas Finales. Todo parecía encaminado a que el gigante de UCLA saborease de nuevo las mieles del éxito. En los dos siguientes partidos ambos conjuntos se repartieron las victorias y fue en el Game 5 donde todo cambió. En algún momento del partido Abdul-Jabbar se resintió de su tobillo, algo que apenas se apreció durante la retransmisión. Poco a poco bajaba más lento, economizaba los esfuerzos y sus movimientos eran más calculados. Nadie lo hubiera dicho tras firmar una de las actuaciones más impresionantes de las Finales con 40 puntos y 15 rebotes, pero la realidad era bien distinta.

Al término del encuentro, Paul Westhead confirmaba que Kareem no estaría disponible para el Game 6, el partido que decidiría el anillo o permitiría a Philadelphia forzar el séptimo. "No tenemos miedo", decía Westhead, "E.J (Earvin Johnson) está aquí". Los Lakers ponían todo el peso de la franquicia sobre los hombros del novato. El espigado base de Michigan que había portado con él un estilo novedoso y vertiginoso sería el encargado de conducir a los angelinos al éxito.

Promediando casi un triple-doble en su primera eliminatoria por el anillo (21 puntos, 11 rebotes, 8 asistencias y 2 robos), el todavía conocido como Earvin cambiaría su tradicional papel como point-guard por una posición más bien extraña. Los Lakers de 1980 contaban en su plantilla con dos interiores puros más allá de Kareem Abdul-Jabbar, Mark Landsberger de 2,03 y Jim Chones de 2,11, obreros sobre la pista y ejecutores de un sistema que trataba de encontrar rombos a raíz de movimientos verticales sin balón. En una época en la que las estrellas jugaban todos los minutos que el marcador permitiese, disponer de recambios interiores no era algo a considerar y Landsberg y Chones acumulaban 16 y 29 minutos respectivamente de media en regular season.

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La historiografía de la NBA ha hecho perdurar el mito de que Magic Johnson jugó aquel sexto partido como center puro y duro, nada más lejos de la realidad. Su pericia al poste era algo constatado desde su paso por la NCAA, su altura, muy superior a la de los bases del momento, le otorgaba una ventaja física que en la serie ante los 76ers se había visto anulada gracias a Julius Erving.

Westhead dio entrada a Nixon como base puro aunque Magic continuó mandando a media cancha y en transición, pero sin lugar a duda fue el perfil diferenciador en la victoria de los Lakers por 123 a 107. 42 puntos, 15 rebotes y 7 asistencias dieron alas a Johnson que tras el descanso realizó una exhibición de control total de todos los fundamentos del juego. Tanto Steve Mix como Cadwell Jones sufrieron lo que no está escrito para detener al rookie. Un rookie que hizo historia y devolvió la gloria a los Lakers cuando todo parecía perdido.

"Nuestro Hombre mágico, nuestro Houdini", decía Westhead al New York Times en 1980. "¿Quién habría pensado que podríamos ganar a Philadelphia sin Kareem y con Magic jugando de pívot? Cualquiera hubiera pensado que ese entrenador estaba loco, pero la idea de ponerle de pívot no era tan extraña como pareció", proseguía el entrenador. "Sabíamos que Magic podía generarles muchos problemas y así fue".

"This one's for you, Big Fella!" (¡Esta es por ti, gran amigo!), vociferaba Johnson a Abdul-Jabbar tras conseguir la victoria y el anillo.

La esperanza de Warriors

La situación no es la más idónea, ni mucho menos, pero los equipos campeones están hechos a prueba de balas (o eso dicen). Golden State ha demostrado ser capaz de ganar dos encuentros sin su mayor estrella en unas Finales después de barrer a su rival en Finales de Conferencia y apear a su némesis sin el propio Durant en semifinales.

Las armas con las que cuenta Steve Kerr son limitadas, pues el volumen de acierto que Green e Iguodala han demostrado no es el más óptimo, pero el plan de partido es la clave de los encuentros a vida o muerte. Los Warriors han sobrevivido al primer "win or go home" del año, el cuarto de la era Kerr. Tan solo en una ocasión han fallado en esas mismas situaciones y si hay algo que nos ha demostrado este equipo es que siempre encuentra la manera de brillar entre la oscuridad.

Stephen Curry y Klay Thompson son dos hombres en una misión con una concentración mayúscula y el objetivo de brindar el éxito a su compañero caído.

La noche del jueves al viernes será la despedida del Oracle Arena y los Warriors quieren darle el homenaje que se merece.

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