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Finales NBA 2019: Marc Gasol, la consecución de un sueño imposible: "El ganar no siempre valida las cosas"

Gasol
Getty NBA

El deporte es un juez imparcial que nunca otorga triunfos a quien más lo merece o más se esfuerza, sino que economiza y brinda victorias a quien elimina el fallo de su vocabulario. La eficencia y el acierto definen al baloncesto como un juego en el que la ejecución y la repetición se llevan hasta la perfección más pura. Si bien solo uno puede ganar en términos prácticos, alcanzar esa cima ante los ojos de todo el mundo supone un momento de catársis, de expiación pública y de recompensa. Marc Gasol ha saboreado hoy las mieles del éxito, del mayor éxito que puede conseguir un jugador en lo individual, que es ganar un anillo de la NBA como pieza clave de un equipo.

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Lejos quedan ya los años en blanco, las lesiones que alargaban más y más un sueño que jamás se cumplía, en el que por mucho camino andado parecía encontrar el destino. Toda una vida de trabajo, dedicación y sacrificio en defensa de una idea, un marco de pensamiento que escasea en la sociedad actual, basado en la cooperación, en la sublimación del propio individuo en favor del colectivo, de saber dar un paso atrás si el resto gana. Porque en esos contextos, uno también encuentra el éxito.

Memphis supuso ese pequeño halo de luz dentro de un cielo plagado de estrellas que brillaban con demasiada fuerza en un sistema limitado a 30 oportunidades de victoria. Un arquetipo diferente, con matices de clase obrera y basado en generar una única personalidad: Lionel Hollins sembró la idea y Dave Joerger trató de culminarla.

Abril tras abril, mayo tras mayo, Marc siempre acababa las temporadas saliendo por la puerta de atrás. Los Grizzlies no satisfacían sus ansias de coronarse. A pesar de creer firmemente en el proyecto su tiempo se agotaba. "Mi ambición por ganar e intentar luchar por el anillo no va a cambiar", diría en 2017. Siempre consciente de que eso podría suponer un problema para el equipo de toda su vida, los Grizzlies, Marc salió con rumbo a Toronto. Un viaje que le cambiaría la vida.

Nuevo comienzo, mismo objetivo

"Hay un momento en esa mañana en el que me dicen que a lo mejor al final no pasa nada y me quedo", decía Marc Gasol en la primera entrevista tras su traspaso con Martín Santana de GIGANTES. "Lo que para mi no era un problema porque nunca pedí expresamente salir, no era mi voluntad". Marc organizaba desde la habitación de su hotel en Toronto lo que podía ser el reto de su carrera, lejos de casa, y con todo un abanico de posibilidades por delante.

Los partidos se sucedieron uno tras otro y el público español se impacientaba ante la falta de minutos. Él proseguía su trabajo, confiando en el buen hacer de Nick Nurse que en Playoffs le otorgó un papel que cambiaría el signo del equipo.

Sus primeras palabras en público tras acometer la machada eran de reconocimiento para sus amigos en Memphis. Doris Burke, siempre tan certera y precisa, lanzaba el gancho a Marc y le preguntaba sobre los Grizzlies y gente como Mike Conley o Zach Randolph. Gasol despachaba la pregunta rápido y sincero: "Gracias por hacerme quién soy, gracias de por vida". Los periodistas presentes en la cancha del Oracle Arena contaban que Marc estaba realizando un FaceTime con el propio Conley al sonoro grito de "Wooo" a modo de celebración.

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Una ciudad que guarda un lugar especial en el corazón de nuestro gigante. Siempre con la ciudad de Tennessee en la cabeza, atornillada en su manera de ver el mundo. Vino con 16 y se fue con 34 pero jamás olvidará todo el camino andado. "Es una curiosidad", decía en rueda de prensa. "En la mesa de anotadores de esta noche eran de los Grizzlies, eran de Memphis y fueron también el partido 3 y 4. Para mi eso me mandaba señales de confianza, de sentirte en casa y feliz de ganar, porque les veía a ellos y los veía felices también. Esto es la culminación de un círculo bonito, de algo muy especial", señalaba. "Contento porque veo a la gente feliz".

"El fanatismo que hay en el baloncesto hay que disfrutarlo por lo que es. Me siento afortunado de representar a tanta gente, tanto ya sea de casa o luego en mi etapa en Memphis, son 10 años y medio", concluyó un emotivo Marc.

Con una mentalidad de defensa forjada a fuego, Gasol representó el ancla defensiva de los Raptors. Con él en pista a lo largo de los Playoffs redujo el defensive rating del equipo hasta los 103 puntos por 100 posesiones (5.3 de net rating), algo que comparado con el de regular season cuando él abandonaba la cancha deja clara la influencia del catalán con un -1.7 de net rating. Los canadienses han funcionado muchísimo mejor con él en pista, es una obviedad, sobre todo en la serie frente a los Warriors, donde su imponente físico condicionó a los californianos en ambas partes de la pista.

El objetivo, aunque mayúsculo en enero, ha sido cumplido. "Tan rápido como fui traspasado vi la posibilidad de que esto sucediese", decía en el post-partido tras la victoria. "Mira el roster, así de simple. Puedes buscar excusas, como 'tomará su tiempo', pero en ese tramo, todo lo que hemos invertido nos ha ayudado el uno al otro". "Seamos el equipo campeón que queremos ser", una mentalidad que ha preservado durante todo un proceso que se ha alargado durante casi tres meses de competición. "(Creen en ser un equipo campeón) no te asegura que lo vayas a conseguir, pero la mentalidad estaba ahí y el deseo por parte de los entrenadores también. Ellos nos han conducido paso por paso hasta aquí. Este equipo es de primera clase", finalizaba.

Emociones a flor de piel

Marc abría la rueda de prensa en catalán y descargaba toda la adrenalina contenida en palabras cargadas de pasión, de emoción y felicidad. "Disfrutamos muchísimo de la experiencia de lo dificil que es ganar un anillo", decía. Gasol ha formado parte de un equipo que en cuestión de 12 meses ha pasado de ocupar los márgenes de las narrativas de la liga con la eliminación ante los Cavaliers a culminar un hito histórico al ser el primer conjunto no estadounidense en ser campeón de la NBA, todo ello sin fallar y formando un grupo humano y competitivo digno de admiración.

"Las relaciones que hemos construido demuestran que es un equipo campeón, que tiene esa mentalidad, que sabe jugar muy bien. Que se ha recompuesto tras haber perdido un importante partido anterior. Muy feliz y muy contento", repetía.

Esa brillantez y hermetismo mostrado por los Raptors en las buenas y en las malas es una de las claves del éxito del proyecto de Ujiri. Apostarlo todo a una carta en lo deportivo y confiar lo humano a sus protagonistas. Un éxito que completa el palmarés de Marc, al que solo le falta un oro olímpico y que reconocía que hay una mayor dificultad en todo esto en comparación a los triunfos con la selección nacional. "La gran diferencia está en que ganar a un equipo cuatro veces es muy difícil", aseguraba. "Tienes que ser el mejor equipo, no tiene que haber ninguna duda, y en todos los niveles: primera ronda, segunda ronda, Finales de Conferencia, Finales...".

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Ese desenlace que estuvo cerca de serlo prematuramente gracias a los Philadelphia 76ers y el agónico triunfo de Kawhi Leonard en el último suspiro de un séptimo encuentro. La alergia a fallar, a caer y no responder. "Ser el mejor equipo en todas las eliminatorias y acabar arriba para mi es lo más difícil tanto mental como físicamente que jamás he hecho. Muy feliz de haberlo disfrutado, de haberlo vivido", reconocía Marc.

Este proceso como él señalaba es de lo que más contento está asegurando que "no solo en los momentos buenos, sino en los malos, hay momentos donde es difícil, donde te miras al espejo, que estás enfadado, que estás, dentro del contexto que es el deporte, sufriendo", finalizaba.

También tuvo palabras para su hermano Pau, recuperándose de su lesión en Barcelona y que pudo visitarle en el Game 5 en Toronto. "Ahora no estoy pensando en Pau", decía, "él esta en Barcelona, seguro que está muy feliz por mi". Convertirse en los dos únicos hermanos en conseguir un anillo de la NBA no es algo que preocupase o marcase la diferencia en él. "Nuestra carrera y nuestra historia ya era genial o única, nos sentimos muy afortunados igualmente sin el anillo".

"La consecuencia o el ganar no siempre valida las cosas, yo creo que es el proceso, es la manera de ser, el día a día, que te hace de una manera. Pero de otra forma, cuando ganas también te ayuda a relajarte, a disfrutar".

En contadas ocasiones el país tan diverso y mutinacional como es España tiene la posibilidad de disfrutar gestas semejantes en la élite del deporte internacional. Marc Gasol y Serge Ibaka han conseguido una meta que 10 años después del anillo de Pau Gasol con los Lakers parecía inalcanzable. Las barreras se rompen y hay diferentes caminos de llegar a un mismo lugar. Gasol se coloca ante los ojos de todo el mundo en el lugar en el que siempre debió estar, con el reconocimiento que un perfil de su calibre merece.

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