Dallas Mavericks

La historia de Jason Kidd en Dallas Mavericks: promesa en problemas, veterano campeón y nueva esperanza como entrenador

Varias películas exitosas tienen una segunda parte, pero ya no son tantas las que alcanzan a ser una trilogía y mucho más raro aún es encontrar trilogías que en su final tengan el mismo esplendor que al principio. Distinto es en el mundo del séptimo arte hablar de una remake, una reversión actualizada de algo que ya sucedió. Así como unas no están ni cerca de llegar al nivel de la versión original, otras las han mejorado y para llegar a un mayor éxito y reconocimiento. ¿Cuál de todos estos casos será el apropiado para hablar de una nueva era de Jason Kidd en Dallas Mavericks? El ex jugador abre ahora su tercer paso por Dallas y el primero como entrenador.

En 1994 Kidd fue elegido por Dallas con el pick 2 del Draft: se sumaba tras haber sido el mejor jugador de Estados Unidos a nivel escolar en 1992 y de brillar en sus dos años en el básquetbol universitario. Las expectativas puestas en él no fallaron desde lo que esperaba dentro de la cancha, pero si salieron mal en el manejo del grupo y un futuro pensado por años (el primer contrato fue por seis temporadas) apenas duró unos 182 partidos en dos años y medio. Terminaron traspasándolo a Phoenix Suns rápidamente.

Más de 10 años después Jason regresó a Dallas para darle un plus al equipo desde su experiencia y se terminó quedando durante unas cuatro temporadas y media en las que disputó 364 partidos entre Fase Regular y Playoffs logrando llegar a la gloria máxima: conseguir el anillo de campeón en 2011.

En Dallas desean que en este paso de Kidd como entrenador reemplazando a Rick Carlisle, al frente del equipo en las últimas 13 temporadas, lo que se repita sea lo segundo, aunque habrá mucha menos paciencia en caso de que en Dallas se forme algo como la experiencia inicial. La historia del seis veces All-NBA (todas entre 1999 y 2004, ninguna nominación jugando en Dallas) en los Mavericks vale la pena ser repasada antes de que controle la parte táctica del equipo de Luka Doncic.

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Una esperanza que terminó en decepción

Luego del protagonismo de la franquicia en la Conferencia Oeste en sus primeros años de historia, la transición de los Mavericks a la década del 90 no fue la mejor. El equipo que clasificó a Playoffs en 1990 se desarmó en tiempo récord y en las temporadas 1992-1993 y 1993-1994 terminaron con un porcentaje de triunfos menor al 16%. Eso si, al menos esas desventuras daban como rédito buenas elecciones de Draft que invirtieron en Jim Jackson y Jamal Mashburn, un escolta y un alero de gran capacidad anotadora.

Faltaba un armador y el Draft de 1994 justo presentaba a un joven destacado como Kidd que ayudaría al equipo a crecer en los resultados y también a vender más tickets. Aire fresco para una franquicia en problemas e ilusión de llegar lejos con un núcleo armado por tres jugadores menores de 24 años. No llegarían a Playoffs en el primer año, pero las sensaciones ya serían distintas con Jackson y Mashburn pasando de promediar 19,2 puntos por partido cada uno a 25,7 y 24,1 respectivamente en un Dallas que continuaba teniendo problemas defensivos pero que ya no era el peor ataque de la NBA. De ganar 13 partidos pasaron a ganar 36. Kidd en tanto terminaría su campaña de novato con una media de 11,7 puntos, 7,7 asistencias y 5,4 rebotes, compartiendo el premio de Rookie del Año con Grant Hill.

¿Qué podía salir mal ante ese panorama? Todo. La relación entre Jackson, Mashburn y Kidd se deterioró por un problema de egos que quedó claro ante la prensa, Mashburn pudo jugar apenas un puñado de partidos y, aunque Kidd fue All-Star (votado por los fanáticos como titular) en su segundo año en la liga, los Mavericks tuvieron una caída importante en su cantidad de triunfos: récord de 26-56 para acabar muy lejos de los Playoffs. Los problemas en el vestuario continuaron y Kidd también los tuvo con Jim Cleamons, el nuevo entrenador del equipo. No había paz en Dallas y todo voló por los aires como pedía Kidd ante la prensa: "traspasen a alguien". El primero fue él mismo, enviado a Phoenix el 26 de diciembre de 1996 cuando el equipo llevaba un 35% de victorias. Mashburn y Jackson también se fueron luego, apenas dos meses después. Don Nelson había llegado a Dallas con la misión de poner todo patas hacia arriba y comenzar desde cero.

La promesa del futuro perfecto duró menos de dos años en los Mavericks, que recién en la 2000-2001 lograrían regresar a Playoffs de la mano del mayor acierto en la historia de la franquicia: un chico alemán llamado Dirk Nowitzki. El ojo para draftear talento ya lo habían tenido antes, pero conformar un equipo ganador no se trata solamente sobre juntar individuos talentosos.

El regreso de otro Kidd

En los Suns Kidd se afirmó como uno de los mejores jugadores de la NBA, siendo escogido para el primer quinteto ideal en 1999, 2000 y 2001 y llevando al equipo hacia los Playoffs mientras que en el medio evitaba los conflictos con sus compañeros (no así los extradeportivos, ya que a mediados de la temporada 2000-2001 fue denunciado por violencia de género, algo que ayudó a su salida de los Suns en el 2001 como también su mala relación con el entrenador Scott Skiles).

Igualmente en New Jersey Nets, su nuevo equipo, Kidd se encargó de ayudar a tapar cualquier mala reputación propia que podía aparecer con un nivel espectacular dentro de la cancha, digno de MVP (finalizó segundo en la votación de la temporada 2001-2002) y suficiente para llevar hasta las Finales de 2002 y 2003 a unos Nets a los que no les sobraba talento en su plantel (Kerry Kittles y unos inexperimentados Kenyon Martin y Richard Jefferson eran las otras piezas claves del equipo).

Como luego al lado de Vince Carter ese éxito no se repetía, en 2008 los Nets y Kidd (que ese año se consagraría campeón olímpico como también lo hizo en el 2000) empezaron a pensar al mismo tiempo como romper la pareja con el base a punto de cumplir 35 años (una separación que podría haber llegado antes de la incorporación de Carter, que en su momento calmó las aguas). ¿Qué equipo fue a buscar a un jugador veterano de calidad para comandar su ataque? Dallas Mavericks, que con Nowitzki en su mejor momento había fallado en su intento de levantar el trofeo Larry O'Brien y empezaba a intentar maniobras desesperadas para emerger como vencedor de una Conferencia Oeste habitada por San Antonio Spurs en plena dinastía, por los Phoenix Suns de Steve Nash (otro descarte de Dallas) y por Los Angeles Lakers con Kobe Bryant.

Kidd le daba talento y experiencia a Dallas, aunque los Mavericks ya conocían bien que podía generar un dolor de cabeza: la edad no le había quitado las mañas según las palabras de Rod Thorn, ejecutivo a cargo de los Nets, que declaró: "Al pasar el tiempo se hizo evidente que él no estaba poniendo su corazón. Siendo el jugador que es, si no no pone su corazón no es el mismo jugador y fue evidente para mí que no lo estaba haciendo, esto no iba a funcionar", haciendo referencia a un partido contra New York Knicks en el que Kidd habría usado una migraña como excusa para no jugar y así presionar un traspaso.

La gloria

Con un jugador del calibre de Kidd, valió la pena para los Mavs correr el riesgo de tener problemas internos que además no sucedieron o al menos no llegaron a conocerse de forma pública. En los Playoffs de 2008 y 2009 los Mavericks se retiraron con dos dolorosas derrotas por 4-1 ante equipos que no eran los principales contendientes por el título (New Orleans Hornets y Denver Nuggets) y empezaba a parecer que el tiempo se iba acabando para ellos, más que nada con Kidd saliendo a la Agencia Libre de 2009 y varios equipos tentándolo a los 36 años con la ilusión de llegar a un campeonato.

Ese campeonato no ocurriría en 2010, con Dallas eliminado por San Antonio Spurs y Kidd firmando una serie bastante floja. Y mucho menos se podía imaginar en la previa de la temporada 2010-2011 al armarse el equipo de Miami Heat con LeBron James, Dwyane Wade y Chris Bosh, equipo que tendría una ventaja de 2-1 contra los Mavericks en las Finales para terminar perdiendo por 4-2. A los 38 años finalmente J-Kidd (9,3 puntos, 7,3 asistencias y 4,5 rebotes de media en los Playoffs 2011) había completado en Dallas con lo que había ilusionado casi dos décadas atrás. El anillo de campeón había llegado como un acto de justicia a su trayectoria dentro de la cancha y en el grupo con el que logró congeniar, como lo había hecho en New Jersey a principios de siglo.

La campaña siguiente ya fue escenario de un Kidd de menor rendimiento y en 2012, cuando todo indicaba que seguiría en Dallas por nueve millones y tres temporadas más, New York Knicks intercedió y se lo terminó llevando de sorpresa para que apenas después de una temporada se retire y destine su carrera a los banquillos, donde alternó éxito y fracaso como head coach con Brooklyn Nets y Milwaukee Bucks antes de coronarse como asistente con Los Angeles Lakers en 2020.

La retrospectiva de Kidd nos deja que sus salidas de prácticamente cualquier lugar han sido conflictivas, aunque teniendo él como figura un perfil muy diferente al que demuestra hoy Luka Doncic, la joya de los Mavericks a la que deberá tratar de ayudar a consagrar como el mejor jugador de la NBA para el éxito del equipo. El Kidd entrenador no dispondría de mucha paciencia de parte del Kidd jugador que dejaba en claro cuando algo no le gustaba.

Este mismo Kidd entrenador parece que va a necesitar buena paciencia en un equipo de Dallas que de momento no ha podido cambiar demasiado respecto al plantel que fue eliminado por LA Clippers en las últimas dos campañas y que los movimientos los hizo entre los empleados de las oficinas y el banco de suplentes. Jason promete que su experiencia trabajando con los Lakers traerá mejoras en el aspecto defensivo del equipo y que también le enseñó algunas cosas sobre el trato con las estrellas ("Luka solo tiene 22 años. Todavía tiene un camino largo por recorrer para ser ese jugador perfecto. Mi tiempo alrededor de estrellas en Los Angeles me hará poder transmitir ese camino con mis jugadores"). Necesitará demostrarlo para que un nuevo proyecto "en pañales" no vuele por los aires como el de aquel Dallas de los 90.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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