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Brooklyn Nets

Kenny Atkinson y su fugaz paso por España: de Zamora a los Brooklyn Nets

Kenny Atkinson
NBA Photos

Corbata negra ajustada, traje oscuro y con la apariencia de un oficinista neoyorkino de mediados del siglo XX, sus ojos negro azabache destacan en unas facciones aguileñas que denotan una constante tensión y vocación que en algunos momentos acaba por traicionarle. Kenny Atkinson (Nueva York, 1967) es la viva imagen del entrenador clásico, explosivo en sus reacciones, cercano en las distancias cortas y que, sin abrir la boca, es capaz de transmitir un mundo. Un hombre, ahora atornillado al banquillo de los Brooklyn Nets y constructor del pasado que les ha llevado a un presente con Kevin Durant y Kyrie Irving como baluartes del proyecto, que tiene una particular relación con España, pues fue aquí donde comenzó realmente su carrera profesional y el lugar donde encontraría sentido a su vida fuera de las canchas.

Hijo de un ex marine y guarda costas de Long Island, Atkinson se ha convertido en una de las personalidades más curiosas de los banquillos NBA por su gestión de grupo, recursos en la aplicación del bloqueo directo y por su actitud enérgica noche tras noche. "Kenny es un gran hombre, es una gran persona", decía uno de sus últimos pupilos, D'Angelo Russell a este medio el pasado verano. "Es una persona muy apasionada por el juego, cuando un entrenador tiene esa pasión es un reflejo de sus jugadores al mismo tiempo". Una persona honesta en definitiva (que no es poco), que es capaz de ponerse en el lugar del otro porque hace no mucho que formaba parte de ese "otro", un perfil técnico cuyo ojo va más allá del ahora y recorre desde el potencial movimiento sin balón al tipo de desplazamiento que ha de realizar el jugador si quiere romper a su defensor.

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Una vida dedicada al baloncesto desde el St. Anthony's High School en South Huntington al extinto CB Salamanca o al CB Zamora. El contexto nunca importó, sí la predisposición al reto y una máxima: la competitividad es innegociable. "Eso no es un buen comienzo conmigo. Ahí es donde trazas la línea", decía al NY Post en 2016. Su extensa carrera recorre todos los estratos que existen en el baloncesto puramente deportivo (excluyendo las gerencias), Atkinson fue jugador de NCAA, jugador de la extinta CBA, jugador extracomunitario en España e Italia, entrenador en Francia, entrenador asistente y de desarrollo de jugadores en la NBA y finalmente, técnico jefe de una franquicia NBA. Nadie como él representa mejor lo que es un profesional de este deporte y la cultura del esfuerzo y el trabajo, unos valores inculcados bajo una disciplina férrea debido a las exigencias de una familia compuesta por 7 hermanos.

Con 26 años abandonaría Estados Unidos para regresar con 40 años a los Houston Rockets como parte del staff técnico de la franquicia. Por el camino, toda una vida, que forjaría su personalidad, reforzaría ese carácter cercano y le nutriría de fundamentos y conocimiento del juego para llegar a estar en disposición de conquistar la NBA en un futuro hipotético.

De vueltas por España

En un extremo de una impenetrable zona 3-2 se hallaba un delgado número 10 cuya influencia recibida por el futbolista Pelé le impulsó y motivó a llegar hasta ese lugar. Enfrente, los Hoosiers de Indiana bajo el mando del legendario Bobby Knight en la East First Round del torneo nacional de la NCAA del año 1988. Ese base de movimientos eléctricos, que a cada paso rebotaba contra el suelo como un muelle estaba llamado a ser el artífice del upset del año. De movimientos ortodoxos y corte típico de la época Kenny Atkinson formó parte del equipo de la universidad de Richmond que tumbaría a todo un 4th seed del torneo por 72 a 69 tras un último minuto de puro infarto que se resolvería con un lanzamiento de larga distancia de Rodney Rice.

Dos temporadas más tarde, Atkinson finalizaría su periplo universitario intentando hacerse un hueco en una NBA que le cerraría la puerta rápidamente. Tras no ser drafteado en 1990 y no satisfacer las necesidades de Stu Jackson en los New York Knicks, al escurridizo base le esperaba la extinta CBA, lugar de destino de aquellos sin suficiente talento para las grandes ligas ni mercado suficiente para una incipiente Europa que miraba con recelo a aquellos norteamericanos que trataban de conquistar sus dominios con un baloncesto de otro universo.

Tras un infructuoso paso por los Wichita Falls Texans que le seleccionaron en la quinta ronda del Draft de la CBA en el año 1990 y volver a casa en los Long Island Surf de la malograda United States Basketball League durante el verano de 1992, a Atkinson no le quedó otro remedio que cruzar el charco con el objetivo de cumplir su sueño de vivir del baloncesto. Lo haría precisamente en España, llegando a la todavía conocida como Segunda División, escalón inferior a la ACB, que más tarde se convertiría en la Liga EBA y la LEB, permaneciendo casi inalterable la actual Liga Endesa. Aquella temporada 1993-94 serviría al joven Kenneth como primera toma de contacto, estrenándose con el Real Canoe (filial del Real Madrid en aquellos tiempos) con el que daría el salto a la Liga EBA un año más tarde y compartiría vestuario con ilustres de la ciudad de Madrid de aquel momento.

Atkinson continuó su andadura por tierras castellano-leonesas rumbo a Salamanca donde jugaría como cedido en el CB Zamora tras la marcha de Jordi Millera al Baskonia, que en aquel momento se denominó Vino de Toro D.O. Aquí es donde más documentación se encuentra al respecto del paso del entrenador de los Brooklyn Nets por España, ya que con el objetivo de recopilar recursos económicos, organizó un viaje a su natal Nueva York donde realizaron la debida promoción. "Mi padre tiene una vieja casa ahi", relataba un artículo en la revista Gigantes publicado en abril de 1996. Durante ocho días el equipo dirigido por el legendario Fernando Marchante pululó por la Gran Manzana con el objetivo de vender un lote de más de 3000 botellas de vino al módico precio de 350 pesetas, alrededor de 2,30 dólares americanos.

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El norteamericano que cruzó el Atlántico para jugar al baloncesto volvía a su tierra no con pan, sino con vino bajo el brazo y casado con una mujer sevillana gracias a la cual conseguiría la nacionalidad española. "Fernando me preguntó qué posibilidades había de conseguir partidos allí", relataba Atkinson a Gigantes. "La idea inicial era jugar contra mi Universidad en Virginia, pero salía muy caro. Entonces ofrecí la casa de mis padres". Un reportaje que volvió a salir a la luz en el momento que se conoció que el entrenador asistente de Mike Budenholzer en Atlanta Hawks daba el paso para convertirse en técnico jefe de la NBA.

Un hombre que incluso en aquel momento no se mordía la lengua si tenía que dar su opinión asegurando que "la relación personal ayuda luego en la cancha. Es lo fundamental, más importante incluso que el baloncesto que acaba pronto, la vida sigue. Lo importante es dejar amigos en todas partes donde vayas". En Estados Unidos disputaron algunos partidos no oficiales contra conjuntos NCAA donde las normas universitarias impedían llevar marcadores, tener árbitros o incluso que estuvieran presentes los entrenadores. Allí, en un estilo de encuentros más parecido al playground, donde los propios jugadores establecían el baremo de la norma y hacían de jueces, Atkinson puso en valor la importancia de la competitividad, del ansía por ganar que le define, una personalidad que le llevó a miles de kilómetros para poder cumplir su sueño, aprender otro idioma con el que formarse para su futuro y nutrirse de otro baloncesto.

"El baloncesto de playground es fundamental. Son gente que juega sin entrenadores, sin sistemas, solo como saben. Si pierden tienen que esperar seis partidos para volver a jugar, por eso defiendes a tope. El baloncesto de playground es necesario porque aporta algo que un entrandor no puede aportar: dureza", señalaba en un reportaje firmado por José Luis Mateo para Gigantes desde Nueva York.

Infructuoso debut

Como todo en la carrera de Kenny sucedió por casualidad, por casualidad encontró a su primera mujer y por casualidad debutó en la Liga ACB de la mano de Pedro Martínez. Un 9 de diciembre del año 1995, Sevilla era testigo de 3:06 minutos que no pasarían a los anales del baloncesto por su brillantez, pero que sirvieron para poder seguirle la pista a día de hoy.

Las bajas hicieron que el Baloncesto Salamanca tuviese que reclamar a Atkinson para completar la rotación frente al Caja San Fernando. Pedro Martínez que había sustituido a Marchante tras el debut del equipo salmantino en ACB recurrió al norteamericano para sustituir en el partido a Fede Ramiro en un choque que finalizó con resultado adverso de 95 a 79. Tres minutos en los que perdió 3 balones y cometió 2 faltas, iniciando y finalizando su etapa en la máxima competición española en la misma tarde de diciembre.

Poco o nada más hubo que contar de aquel encuentro en una temporada en la que el Baloncesto Salamanca terminaría en novena posición de la ACB con balance de 19-19 y Atkinson yendo y viniendo de Salamanca a Zamora y de Zamora a Nueva York.

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Hijo pródigo

Su carrera profesional continuaría en España una temporada más, tras culminar en sexta posición con Zamora en el grupo norte de la Liga EBA y fueron eliminados en Playoffs por Cajacantabria, Kenny Atkinson pondría rumbo a Valencia donde se mantendría en la misma competición jugando para el Aguas de Calpe donde apenas permanecería un curso.

A partir de ese momento se convertiría definitivamente en un mochilero del baloncesto. Italia, Alemania, Francia. En Italia brillaría con 11 puntos de media en el Napoli de la primera división. Aunque sería en Francia donde más tiempo permanecería y lugar donde conoció la ferocidad del deporte profesional, la precariedad que existe y las altas expectativas respecto a los jugadores norteamericanos. Atkinson era un jugador limitado, de uso fijo de su mano derecha, eléctrico pero sin un gran dominio del uno contra uno, su evolución hacia un perfil de base más europeo es lo que le permitiría más adelante aplicar todo lo aprendido a su etapa como entrenador.

Con 36 años y tras haber dado muestras de tener una vocación clara por el liderazgo en pista, Atkinson colgaba las botas y se enfundaba en el papel de técnico. En primera instancia lo haría como asistente de Jacques Monclar y Gordon Herbert en el Paris Basket Racing entre 2004 y 2006, un año antes de que el club francés se convirtiera en el Paris-Levallois.

En 2008 y tras diferentes experiencias FIBA con Ucrania y Georgia volvería a su ciudad natal de la mano de Mike D'Antoni a los New York Knicks tras un breve paso por Houston Rockets con Rick Adelman, iniciando una trayectoria como entrenador asistente y de desarrollo de jugadores que le llevaría a perfeccionar sus conocimientos al mismo tiempo que no perdía el contacto directo con la competición siendo seleccionador de República Dominicana por ejemplo.

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Un verdadero new yorker, forjado verano tras verano en las canchas del condado de Nassau y los inviernos en el patio trasero de su casa, se desfogaba cada día superada la treintena de edad en las instalaciones de los Knicks. Ahí, sudando hasta instantes antes del tip-off en el Madison Square Garden siempre que la situación o un jugador lo requisiese, Atkinson abandonaba rápidamente el parqué para enfundarse en un traje y cambiar de registro. De Amar'e Stoudemire a Tony Douglas como relataba Gonzalo Vázquez, testigo diario de aquellos drills.

Con D'Antoni forjaría una estrecha relación por la cercanía del técnico de Virginia con su staff, algo común en su trayectoria. Para el actual entrenador de los Nets, Mike tiene "una personalidad increíble, muy inteligente" y cuya abrupta salida de la Gran Manzana le dejaría tocado por la pérdida de un igual, de un amigo en definitiva. "Mike recibió muchas críticas en Nueva York", contaba en 2018 para la web de los Nets. "Estás lanzando demasiados triples, le decían en aquel momento. Ahora que lanzan (los Rockets) 50 triples por partido nadie dice nada porque los análisis lo respaldan. D'Antoni tenía las agallas para mantener su ideario a pesar de todas las críticas. Estuve cerca y hubo muchas críticas", contaba Atkinson.

Se mantuvo en los tiempos más duros de los Knicks hasta 2012, año previo a la explosión de los neoyorkinos, poniendo rumbo a Atlanta Hawks donde pasaría 4 años viviendo la mejor etapa de su reciente historia llegando a las Finales de Conferencia en 2015 del que aprendería a cómo liderar un grupo humano en lo deportivo y en lo técnico. "Con Bud [Budenholzer], todo cuenta", dijo Atkinson en su último duelo ante los Bucks en abril de 2019. "Todo cuenta, cada pequeña cosa. El tipo de tenedores que usa en la cafetería. Ahí es donde Bud siempre busca una ventaja donde pueda obtenerla, sea lo que sea. Una increíble atención al detalle", agregaba. Una personalidad como la del técnico de los Bucks que encajó a la perfección con el espíritu competitivo de Atkinson, forjado a fuego en Long Island gracias a la persistencia de su padre, capaz de conducir 10 horas para que sus 8 hijos viesen un verdadero partido de baloncesto universitario.

Cada detalle es determinante en la NBA, desde cómo se estructura un bloqueo directo hasta la presión a la que se encuentran los balones. Aquellos que han trabajado en cualquier contexto, que conocen los entresijos del deporte, sus luces y sombras, saben que basta una red rota para que un equipo pierda el norte o que un simple saludo cada mañana puede forjar un grupo ganador.

En 2016 le llegaría su oportunidad, precisamente en los Brooklyn Nets, ya no eran los Nets de Newport que en los años 80 y 90 veía al otro lado del río Hudson. El resto de la historia es bien sabida por todos: Sean Marks, construcción, D'Angelo Russell, desarrollo de jugadores, explosión y Kevin Durant. Kenny Atkinson no lo ha tenido fácil, todo el mundo tiene su historia, algunos con más capítulos que otros, con una trama más o menos compleja y un camino iluminado y adoquinado. El engominado y ahora líder de un contender en la Conferencia Este no ha parado de aprender, no ha detenido el reloj y sigue adquiriendo conocimiento, sigue descubriendo su propio horizonte a cada paso que da.

"Definitivamente no tengo todas las respuestas. Sigo viajando y hablando con la gente y visito diferentes entrenadores y todos los deportes diferentes. Creo que tengo curiosidad por aprender, nunca voy a pararla. Realmente disfruto de eso. En cinco años, voy a ser muy diferente como entrenador." - Kenny Atkinson

Las opiniones aquí expresadas no representan necesariamente a la NBA o sus asociaciones.

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