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The Last Dance

Cuando un Kobe Bryant adolescente fue buscado como el sucesor de Michael Jordan antes de debutar en la NBA

Una batalla entre empresas multinacionales con presupuestos astronómicos, un hombre visionario con un ojo especial para el talento, un adolescente de 17 años con un talento increíble y una fuerte decisión por tomar los pasos de una leyenda a la que todos querían imitar. Todos esos condimentos tiene esta historia que une a Kobe Bryant y Michael Jordan, conectados por un hombre llamado Sonny Vaccaro.

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Vaccaro, un italoamericano nacido en 1939 en el estado de Pennsylvania, es una figura mítica del ambiente del baloncesto estadounidense, más que nada de dos ámbitos: el del marketing de las zapatillas y el del baloncesto de escuelas secundarias. Con una gran facilidad para descubrir a los chicos de mayor potencial entre los tantos que deslumbran en el nivel juvenil y una red de contactos infinitos, Vaccaro era el hombre perfecto para conectar ambos mundos.

Comenzó creando en 1965 el "Dapper Dan Roundball Classic", un partido que era como una especie de All-Star al que se invitaba a los mejores jugadores de escuelas secundarias de Estados Unidos y que rápidamente se popularizó, llamando atención de los fanáticos y, principalmente, de los entrenadores de las universidades, que iban allí a reclutar talentos jóvenes. Con más de diez años de fama a su alrededor, según narra el libro "Michael Jordan, The Life", de Roland Lazenby, Vaccaro tuvo el atrevimiento de llamar a Nike, por entonces una empresa de Estados Unidos que estaba en crecimiento. Les dio la idea de hacer una nueva zapatilla.

Rob Strasser, uno de los ejecutivos más importantes de la empresa, la rechazó pero se vio atraído por todos los contactos de Vaccaro, y lo contrató como empleado de Nike para que sea el intermediario que acerque a esos entrenadores universitarios amigos de Sonny a firmar acuerdos de patrocinio con Nike. Les pagaba y les regalaba zapatillas para que utilicen sus jugadores, en una época en la que el marketing deportivo recién comenzaba a tomar vuelo.

Para 1982, con más de 40 años, Vaccaro ya había visto a muchos jugadores brillar, pero en ese año un chico de 19 años le llamó la atención de una forma especial: fue Michael Jordan, con el tiro ganador que encestó para que North Carolina se consagrara campeón de la NCAA. Según cuenta Lazenby, Vaccaro quedó convencido de que el carisma de Jordan podría hacer de él una verdadera sensación del marketing. Nike tenía que firmar a MJ.

Cuando en 1984 se aproximaba el Draft en el que muchos talentos jóvenes, como por ejemplo Charles Barkley y Hakeem Olajuwon, saltarían a la NBA, Nike garantizó un presupuesto de dos millones de dólares para firmar acuerdos de patrocinio con esos jugadores. La idea era contratar a varios. Tenía lógica: alguno podía fallar, pero alguno sería una gran estrella. Sin embargo, Sonny ya estaba convencido de que solamente uno valía la pena realmente: "Denle todo a Jordan, denle todo a ese chico y fírmenlo", cuenta Vaccaro que le dijo a los líderes de Nike. "¿Apostarías todo tu salario por él?", le preguntó Strasser y Vaccaro le contestó "sí".

MJ no estaba muy convencido de firmar con Nike, pero el tentador acuerdo económico lo hizo quedarse con la marca de la pipa, que tuvo con la leyenda de Chicago Bulls a su éxito más grande.

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Años después, dos hombres claves en ese momento de Nike pasaron a un bando opuesto. Strasser y Peter Moore (diseñador de los primeros modelos de Air Jordan) se marcharon a Adidas, que en plena fiebre de Jordan durante mediados de la década del 90 estaba sufriendo en su "guerra" con Nike: la empresa de Oregon tenía un 40% del mercado y dejaba apenas el 60% restante a todas las demas marcas.

Kobe, la venganza

¿Una de las estrategias de Strasser y Moore para encarrilar ese tren? Ir a buscar a Vaccaro. Había que conseguir al próximo Michael Jordan. Vaccaro asintió rápidamente. Para ese entonces tenía dos enemigos claros: Phil Knight, el ejecutivo de Nike que lo despidió en 1990, y la NCAA, que lo investigaba de cerca a él y a varios de sus entrenadores amigos. El plan estaba diseñado rápidamente: había que encontrar al próximo gran fenómeno, firmarlo con Adidas cuando termine su carrera en el High School y llevarlo directamente a la NBA, ya que el baloncesto universitario no permite que los atletas perciban dinero por patrocinios.

El primer joven apuntado fue el dominicano Felipe López, un chico que ya era una verdadera sensación en New York pero que decidió ir por el camino universitario en St. John's. No era fácil convencer a un adolescente de saltar al profesionalismo en aquella NBA. Desde Darryl Dawkins y Brad Willoughby en 1975 que ningún joven saltaba directamente del High School a la liga.

Vaccaro para entonces ya llevaba varios años organizando el campamento ABCD, un campus de verano al que asistían por un par de días varios de los mejores talentos menores de 18 años. Ese campus había sido patrocinado por Nike y Converse, pero en 1994 pasó a ser terreno de Adidas, ya dispuesto codo a codo con Sonny en la búsqueda. "Ese campus fue el comienzo de la verdadera batalla Nike-Adidas", cuenta Sonny en el libro "Showboat", también de Roland Lazenby. Ese campus fue, también, el del despegue a nivel nacional de la leyenda de un tal Kobe Bryant.

Kobe tenía 15 años y todavía no lo invitaban a ninguno de estos eventos, preparados para chicos mayores, ya cercanos al salto a la universidad. "Yo no sabía quién era él", dice Vaccaro. Pero Joe Bryant, padre de "Black Mamba" y ex jugador de NBA, le fue a pedir a Vaccaro que lo deje participar a su niño. "Se lo permití a Joe porque él había sido el MVP del Roundball Classic de 1972". Kobe, más chico que los demás, no fue el mejor de un campus en el que se destacó Stephon Marbury, pero llamó la atención de Sonny por su dedicación al trabajo, su carisma y porque hablaba italiano. "El chico va a ser la próxima súperestrella", le dijo a Sam Rines, entrenador del equipo de AAU en el que jugaba Bryant.

Kobe continuó mejorando como jugador y haciendo crecer, de boca en boca, su reputación de gran figura. En 1995 volvió al campus de Vaccaro, en el que fue escogido como MVP sobre otros jugadores como Rip Hamilton, Jermaine O'Neal y Tim Thomas. Lógicamente, varias universidades top empezaron a buscar los servicios de Bryant: Kentucky, Duke, Arizona, Villanova, Michigan e incluso una menor como La Salle, pero que tenía la ventaja de que el padre de Kobe trabajaba como asistente allí.

Ese mismo verano estadounidense, Kevin Garnett se declaró para el Draft y fue escogido quinto, directamente desde el High School. Un caso ideal para convencer a Kobe de seguir esa misma ruta. Pero sería difícil: estamos hablando de un escolta, de un chico que no dominaría la liga gracias a su físico sino a su talento, y que podía estar muy "verde" para aquella NBA tan física de la década del 90. Era muy arriesgado. Pero el dinero asegurado de un contrato de patrocinio podía cambiar las cosas. Gary Charles, contacto de Vaccaro, le acercó al padre de Kobe la idea y a él le encantó.

Adidas se jugaba entero por Kobe: "Si hubiese salido mal, la división de Norteamérica de la empresa podría haber cerrado para 1999", dice Vaccaro. A diferencia de lo de Jordan, que ya había demostrado ser una estrella en el baloncesto universitario, aquí estaba poniendo su futuro en manos de un chico de 17 años.

En su último año amateur, Bryant ganó el campeonato estatal de Pennsylvania y fue elegido el mejor jugador de su categoría de todo Estados Unidos. En el medio, cuentan que jugó realmente bien en varias prácticas que compartió con jugadores de la NBA como Rick Mahorn o Eddie Jones. Ya estaba listo para dar el salto. "Kobe sabía lo que quería" dijo Vaccaro en el año 2015, "Sabía lo que quería desde un inicio. Quería ser mejor que todos. Kevin Garnett no estaba seguro sobre saltar al profesionalismo, lo hizo por un problema con sus calificaciones. Jordan eligió ir a la universidad. Kobe tomó el salto más grande. Kobe fue el que tuvo mayor coraje".

A ese coraje de Kobe lo terminó de empujar una oferta de un contrato multianual de patrocinio con Adidas por 10 millones de dólares, con un millón garantizado en el primer año y unos 150.000 dólares para su padre. Como no era una garantía no fue escogido primero en el Draft: recién se animó Los Angeles Lakers (vía Charlotte) con el pick número 13. El resto fue historia.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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