Los Angeles Lakers

Historias de Kobe Bryant: mitos y leyendas de la mentalidad de la Mamba Negra

El accidente aéreo del Sikorsky S-76, ocurrido el 26 de enero de 2020, puso fin a la vida de Kobe Bryant y otras ocho personas, incluida su hija Gigi. Este trágico acontecimiento elevó al ex jugador de Los Angeles Lakers a un plano superior. Su impacto en miles de personas era enorme antes de la fatídica fecha, pero se multiplicó de forma salvaje tras el suceso de la misma manera que el dolor se extendió.

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Desde entonces hemos leído, escrito y publicado cientos de pasajes sobre la Mamba Negra, sobre su vida, sus luces y sombras y esa filosofía, su manera de entender el día a día del ser humano en la tierra. Nos hemos emocionado, reído y llorado con los fantásticos testimonios que el tiempo, y sobre todo la pena, desvelan. Jugadores, entrenadores, periodistas, amigos... Parecía que todo aquel que compartió, aunque fuesen unos segundos, algo de tiempo con Kobe, disponía de una anécdota que contar. Un nueva pieza para alimentar nuestro duelo.

Este 24 de agosto, la comunidad del baloncesto, y en especial la de la NBA, vive su día para el recuerdo con el Kobe Day, una jornada para disfrutarlo con la referencia de sus números de camisetas en los Lakeers. En NBA.com repasamos historias, mitos y leyendas de una figura que trascendió el deporte antes de su desaparición, para convertirse en algo superior después.

La noche del Draft

Tim Grover es conocido por ser el entrenador que impulsó a Michael Jordan. Encargado de su poderosa evolución física, Grover permitió a MJ alcanzar el siguiente nivel de su fase evolutiva, que en un tiranosaurio rex como era él suponía la extinción de su competencia.

Pero Grover no solo trabajó con Jordan, también lo hizo con su compañero Scottie Pippen, Charles Barkley, Hakeem Olajuwon o Dwyane Wade. Y como no, con Kobe Bryant, del que ha reflejado diferentes historias sobre su excepcional ética de trabajo, que el propio Jordan tildó como elegido por ser el único que alcanzó esa cuota de sacrificio.

Corría el año 1996 y el escenario era el East Rutherford de Nueva Jersey. El Draft de aquel año tenía como gran nombre al icónico Allen Iverson, indiscutible primera elección para Philadelphia 76ers. Aquella camada trajo a Ray Allen, Stephon Marbury, Antoine Walker, Shareef Abdur-Rahim y Marcus Camby en las posiciones iniciales, aunque no eran los únicos.

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Recordado como uno de los Draft más exitosos de la historia del deporte, Peja Stojakovic, Steve Nash, Jermaine O'Neal o Zydrunas Ilgauskas aparecían por detrás, incluso interesantes jugadores de rol como Kerry Kittles. Y la recordada 13º selección de Charlotte Horntets, traspasada a posteriori a los Lakers por el veterano Vlade Divac, que apenas estaría un par de años en Carolina del Norte, fue Kobe Bean Bryant.

Por aquel entonces apenas era un chaval. Tenía 17 años y daba el salto directo desde su instituto Lowe Merion en Montgomery, Pensilvania, a la mejor liga del mundo. Cualquier joven hubiese celebrado la ocasión por todo lo alto. Familia, amigos, risas... Se trata de una de las noches más especiales de las carreras de los jugadores, que en algunas ocasiones es hasta el punto más alto al que llegan.

"A los 17 años fue elegido en el Draft y, normalmente, cuando te seleccionan, hay una gran fiesta para ti", cuenta Grover. "Cuando Kobe fue elegido, lo fue sin fiesta, sin celebración. Se fue al gimnasio y se puso a hacer ejercicio. Hizo sus pequeñas entrevistas y demás, pero se fue al gimnasio. Ver a un joven de 17 años tener la mentalidad de decir 'No hay fiesta de Draft para mí. Voy a entrenar', ese era su mentalidad".

El primero incluso lesionado

John Celestand, en la actualidad, jugador retirado, era un combo guard que disputó una temporada en la NBA con los Lakers. Fue elegido con el pick 30 del Draft 1999 y aterrizó con los oro y púrpura justo para la primera temporada de Phil Jackson, que a la postre sería el título de apertura del Three-Peat.

La carrera de Celestand duró poco en la liga y viajó por diferentes partes del mundo, aunque quiso aprovechar la oportunidad de jugar en aquellos Lakers. Su rol fue limitado, pero siempre tuvo fama de ser muy trabajador. De hecho, tenía la reputación de llegar siempre el primero a los entrenamientos, algo que pretendía mantener con su nuevo equipo pese a las historias que ya comenzaban a circular sobre la ética de trabajo del joven Bryant.

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"La primera vez que comencé a entender por qué era el mejor fue en la pretemporada. En un partido contra los Wizards, Kobe se rompió la muñeca de su mano de tiro. Siempre era la primera persona en empezar a entrenar todos los días, llegando al menos una hora y media antes. Esto me enfurecería porque quería ser la primera persona en entrenar, como siempre lo había sido en Villanova y Piscataway High en Nueva Jersey".

"Me avergüenza decir que estaba emocionado el día después de su lesión porque sabía que no había forma de que el número 8 (como le llamaba el ex jugador Tyronn Lue, actual entrenador de Clippers) fuese el primero en entrenar, si es que siquiera podía ir", recuerda Celestand. "Mientras caminaba por las instalaciones, con cierto margen de tiempo, me asusté al escuchar una pelota botando. No, no, ¡no podía ser! Kobe ya estaba sudando por completo con un yeso en el brazo derecho y botando y tirando con el izquierdo".

Para aumentar la épica de la historia de Celestand, él vívia a tan solo 10 minutos de las instalaciones de los Lakers, mientras Bryant estaba al menos a 35 minutos.

800 tiros

Una de las más míticas, que no podía faltar en esta lista. Fue desvelada por Robert Alert en Reddit, ya que el mismo entrenador que vivió de primera mano la locura de Bryant activó su perfil en la plataforma para compartir esta historia.

Sin dar su nombre al completo, Robert contaba que había sido entrenador atlético durante 16 años, tiempo en el que había trabajado con diferentes jugadores profesionales de varias ligas, como la NBA o la NFL, universidades y distintos programas y clinics.

"Me invitaron a Las Vegas para ayudar con la preparación y condicionamiento del Team USA antes de su viaje a Londres. Ya había tenido la ocasión de trabajar con Carmelo Anthony o Dwayne Wade en el pasado, pero esa fue mi primera interacción con Kobe".

Robert y Bryant hablaron unos días antes del primer entrenamiento. En esa breve charla hablaron principalmente de condicionamiento, de dónde quería estar Kobe al final del verano y de la entrega que quería realizar con la selección. Después, el capitán y líder del combinado le pidió su teléfono y Robert le dejó saber que podía contactar con él siempre que quisiera.

"La noche de antes del primer entrenamiento había terminado de ver por primera vez la película Casablanca. Eran las 3:30 de la madrugada y me estaba quedando dormido cuando mi teléfono sonó. Era Kobe. Respondí con nervios".

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- "Oye, Rob, espero no estar molestando nada, ¿verdad?"

- "No, ¿qué pasa Kob?"

- "Solo me preguntaba si podrías ayudarme con un poco de trabajo de condicionamiento, eso es todo".

- "Sí, claro, te veré en las instalaciones en un momento", dijo el entrenador tras revisar la hora, eran las 4:15 de la mañana.

Rob tardó un rato en despertarse. Preparó sus cosas, se echó agua en la cara y salió hacia la zona de entrenamiento. Cuando llegó, Kobe ya estaba entrenando y "tan mojado por el sudor que parecía haberse bañado". El reloj todavía no marcaba las 5.

"Hicimos trabajo de condicionamiento durante la siguiente hora y cuarto. Después, fuimos a la sala de pesas e hicimos diferentes ejercicios durante 45 minutos. Tras eso nos despedimos y Kobe se quedó a lanzar algunos tiros. Me fui al hotel y caí reventado".

Rob se despertó a las 11 de la mañana, cansado y con la sensación de privación de sueño. En sus adentros agradeció a Kobe lo mal que se encontraba, mientras agarró un bollo y se dirigió de nuevo a las instalaciones. Allí estaban todos. Recuerda ver a LeBron James hablando con Carmelo Anthony, a Mike Krzyzewski explicándole unas cuestiones a Kevin Durant y, solo, en la parte derecha, estaba Kobe tirando.

- "Buen trabajo esa madrugada con el condicionamiento".

- "Gracias Rob, realmente te lo agadezco".

- "Dime, ¿cuándo terminaste?"

- "¿Terminar el qué?"

- "Los tiros que dijiste, ¿a qué hora has terminado?"

- "Oh, ahora mismo. Quería meter 800".

"Mi mandíbula se cayó al suelo", confesaba Robert. Ahí fue cuando comprendió que todas las historias y declaraciones alrededor de su ética de trabajo eran ciertas. Añadía que esta historia no trae nada nuevo que no conociésemos de Kobe, pero refuerza esa idea de que "no es humano" cuando se pone a trabajar. De nuevo, palabras de un profesional del condicionamiento que ha trabajo con la élite del deporte norteamericano durante casi dos décadas.

Bicicletas en el desierto

También en la preparación de los Juegos de 2012, Blake Griffin descubrió otra historia de Kobe. Una de esas que no podía creer, aunque sabía que era cierta sin pruebas, y necesitaba confirmación. Hasta el punto de que la joven estrella de los Clippers se obsesionó con la narrativa.

"La primera noche que vinimos a Las Vegas el pasado verano, para el USA Basketball Camp, escuché que Kobe hizo 40 millas (65 kilómetros) en bicicleta en pleno desierto. ¿Es cierto?, ¿40 millas por la noche?, ¿en el desierto?, ¿tú crees que es cierto?", le decía Griffin a Ramona Shelburne, de ESPN.

"Cuando me enteré de las bicis, estuve tentado de decirle que si podía ir la siguiente vez con él". Y, apunta Ramona, esto es lo mejor de las historias de Kobe: consideras que son ciertas antes incluso de saber si lo son. ¿Ha recorrido 65 kilómetros de desierto por la noche a bicicleta? Seguro. ¿Se ha enfrentado a un oso y le ha derrotado? También.

"Me encanta esto. Me encantan estas historias", confesaba Blake.

La historia, como no, resultó ser cierta. Bryant le pidió a Grover incorporar en su rutina de condicionamiento veraniego el uso de bicicleta, por lo que Grover buscó alquileres en Las Vegas, buscó una ruta y la noche anterior al primer entrenamiento se fueron él, Kobe y uno de sus guardaespaldas.

"Terminamos alrededor de las 2 de la mañana", recuerda Grover. "Después de descansar, estábamos de vuelta a las 7:30 de la mañana en el gimnasio entrenando". Para Griffin y el resto de la liga eran historias, cuentos que levantaban su inspiración y provocaban una sonrisa incrédula. Para Kobe era otro día más.

El padre cariñoso

Kristen O'Connor Hecht trabajaba en un hospital de Phoenix cuando un compañero cardiólogo contactó con ella: quería un autrógrado de Kobe para un chico de 5 años con una enfermedad terminal, acérrimo fan del jugador y cuyo nombre era también Kobe. ¿Por qué ella? Su marido Tom, que trabajaba para los Suns, tenía cierto contacto con el jugador. Tom intentaría todo lo posible, pero no quiso hacer promesas.

Al día siguiente, Tom le trajo la gran noticia a su mujer de que Bryant lo haría. Había accedido, pero no al autógrafo, sino a visitar a Kobe en el hospital. Las dos condiciones fueron hacerlo sin publicidad y sin notificar a nadie del hospital que Bryant estaría allí.

Kobe apareció en una limusina con sus guardaespaldas, recorrió el hospital junto a Kristen y llegaron a la zona de cuidados intentivos cardiácos, donde estaba el joven niño. "El rostro de la madre fue de sorpresa y enorme felicidad", recuerda Kristen.

Kristen esperaba una visita corta, ya que el corazón del joven Kobe no le permitía levantarse de la cama. Sin embargo, Bryant estuvo con él una hora entera riendo y hablando. "Fue muy bonito. Es un momento que recordaré el resto de mi vida", contaba O'Connor en un post de Facebook tras conocer la tragegia de la desaparición de Bryant.

Lo mejor de todo es que el post de Kristen permitió a otras personas interacciones en la publicación, descubriendo que después de visitar al niño Bryant recorrió otras zonas del hospital. Charló con madres e hijas, hizo sonreir a otros jóvenes y pasó bastante tiempo en el hospital. También se interesó por el joven Kobe, deseando saber si podía ayudar de alguna manera al chico, aunque para él era demasiado tarde. Aquella información cambió el semblante de Bryant, que se encontró demolido por dentro al descubrir que ni todo el dinero del mundo podía salvar al joven Kobe.

Y es que Bryant disfrutaba ya entonces de su otra faceta, la de padre. Había dejado de acudir al Staples Center porque quería esa otra vida, a la que renunció durante sus años de jugador, y solo volvió a su plaza de leyenda cuando su querida Gigi se lo pidió. Porque el accidente arrebató a la familia Bryant de los mejores años de Kobe como padre, además de quitarle al mundo una influencia muy positiva sobre otros niños.

El trabajo siempre va primero

"Cuando viajas a una ciudad donde vas a jugar, lo primero que haces al aterrizar e irte a entrenar. No importa lo tarde que sea o lo cansado que estés. Es lo primero que toca hacer". Estas palabras de Kobe se quedaron grabadas en Julius Randle, uno de los nombres propios de la temporada. El interior se ha convertido en la estrella de los New York Knicks y todos sus compañeros destacan su trabajo y liderazgo.

No es casualidad que Randle triunfe en la NBA. All-Star, candidato a All-NBA -y otros premios- y figura de la vuelta de los Knicks a Playoffs, aunque él viene haciendo el trabajo desde antes de la llegada de Tom Thibodeau, precisamente tras el aprendizaje de compartir dos años con Kobe en los Lakers.

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Las lecciones de la Mamba se quedaron grabadas. Randle tomó la rutina de, al llegar a una ciudad donde los Knicks iban a jugar, buscar un lugar donde pudiese ir a tirar. Así, el 7 de febrero de 2020, en una fría noche poco después de la desaparición de Bryant, los Knicks aterrizaron en Detroit. Era muy tarde, pero Randle no podía romper la norma. Buscaron un lugar donde entrenar y encontraron un instituto.

Randle fue allí y recibió una visita inesperada, el director deportivo del centro. Allí, este le confesó que ya no era habitual encontrarse con jugadores de la liga que estuviesen dispuestos a entrenar tan tarde. De hecho, le dijo que el último jugador que había entrenado en esa misma cancha en la noche anterior a un partido fue el mismo Kobe. Esto trajo lágrimas de emoción a los ojos de Randle, pero sobre todo fue un impsulso más de que estaba en la línea correcta.

Ahora, Randle nunca va solo a tirar. Los Knicks tinen interiorizada la rutina bryantesca de aterrizar, buscar un gimnasio y entrenar en la víspera del partido.

Una filosofía de vida

La mentalida de Kobe no es algo a aplicar solo en el baloncesto. Es un dogma para cada día. Bryant ha dejado innumerables muestras de ello fuera de las pistas de baloncesto. En una ocasión, un joven jugador le pidió grabar un mensaje de apoyo para su madre, gran seguidora suya y a la que recientemente habían diagnosticado un cáncer de pecho. Kobe lo grabó y mando en este todas sus fuerzas.

Timbo Thymes, el joven en cuestión, jugador de la Mamba Sports Academy, lloró al terminar de grabar. Kobe le ofreció más que unos segundos grabados. Le dio consuelo y le regaló ropa. Le abrazó y le dijo que todo iría bien. "Gracias, no te imaginas lo que significa esto para mi", le dijo Timbo, pero Kobe lo sabía a la perfección.

Esto ocurró el 5 de enero de 2020, pocas semanas antes del accidente. La madre pasó por días muy oscuros, pero en esos momentos usó las palabras de inspiración de Bryant para seguir. Meses más tarde, en agosto, los médicos le dieron la gran noticia: había vencido al cáncer.

Esa es la "Mamba Mentality". Es una filosofía de vida, para ser mejor, superarse y ayudar al resto. Para ser competitivo sin pisar a los demás, para trabajar por sacar tu mejor versión con una amplia sonrisa. Sí, por supuesto, Kobe tuvo sus episodios negros y momentos muy bajos, pero ¿quién no los tiene? La existencia de Bryant es una lección para todos, de trabajo, respeto y solidaridad.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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