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Phoenix Suns

La simbiosis perfecta de Ricky Rubio y Devin Booker

Suns

La tarea de construir un equipo requiere de diferentes partes. Unos procesos son más sencillos y otros se forman incluso de manera natural. Pero como punto inicial, todos parten de una base: disponer de una estructura.

Dentro de las diferentes jerarquías y formas de organización se necesita una lógica. Y que dentro, todos los miembros tengan claro el objetivo, la idea de trabajo y, como dice la expresión, remar en una misma dirección.

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Empezar la casa por el tejado es imposible. La base necesita ser sólida, aunque en lo referente a organizaciones deportivas y, en concreto en este caso a franquicias NBA, la cúspide del escalafón es siempre la raíz. El origen desde donde todo nace.

Dotar de sentido a su estructura, en todos los niveles, era la gran laguna de los Phoenix Suns. Su asignatura pendiente para el verano, una que arrastraban desde hace años. Por lo menos ya en tercera matrícula.

Cuando se escriben estas líneas, los Suns son 5º de la Conferencia Oeste con un balance de 7 victorias y 4 derrotas. La revelación del primer mes de NBA en la 2019-2020. Mucho puede cambiar y mucho puede pasar y pasará, pero la muestra, que con cada jornada es más reveladora, y en especial las sensaciones, muestran más que una casualidad, una tendencia.

Para comprender el comienzo de Phoenix toca acudir a esa raíz, que en verano vivió la llegada del veterano Jeff Bower a la directiva y la confirmación de James Jones como ejecutivo principal. Además de una pieza menos conocida: Trevor Bukstein, gurú salarial que trabaja codo con codo con Jones como su asistente.

La intención de remodelar la plantilla y construir alrededor de Devin Booker y Deandre Ayton demandaba dos piezas en concreto: un base y un cuatro titular. Mientras que el acompañante de Ayton podía ser más complementario, con la mira puesta en un jugador con lanzamiento exterior, el perfil que buscaban para el uno era la incógnita.

Como él mismo contó, Terry Rozier estuvo cerca de aceptar una oferta de los Suns justo cuando intervino Michael Jordan y el puesto de base titular libre en Charlotte Horntes. Malcolm Brogdon fue otro de los tanteados. Aunque finalmente y de manera sorprendente, ya que su firma por Indiana Pacers parecía una realidad, llegaba al desierto Ricky Rubio.

Y era desierto porque en Arizona siempre han tenido mucho de eso. De hecho, es el único estado del país que contiene parte de los cuatro grandes desiertos de Estados Unidos. A la lista formada por el Mojave, Sonora, la Gran Cuenca y Chihuahua, podría añadirse estos últimos años al equipo de baloncesto de Phoenix.

Ricky aterrizaba en una franquicia que desde 2015 había ganado 87 partidos de 328 disputados. Un total de 241 derrotas, 36% de victorias. De las cinco peores temporadas de la historia de Phoenix, cuatro son consecutivas desde la 2015-2016, cortando la racha con la actual. La otra es la primera en la que participan en la NBA (1968-69).

La firma del base español por tres años y 51 millones fue catalogada en una encuesta de ESPN el pasado julio por 20 entrenadores, ejecutivos y scouts de la NBA de forma anónima como el peor fichaje de un jugador del último mercado.

Que Ricky firmó un gran contrato es una realidad. Que algunos analistas lo consideran sobrepagado, también, aunque la liga cada vez tiene más de estas situaciones. La renovación de Kevin Love recibió críticas en 2018, ahora, tras los contratos del pasado verano, la percepción es distinta.

Al final, la importancia depende más del valor que tenga una pieza para el equipo que le paga que de sí hay un jugador mejor que él con un contrato considerado acorde a su estatus.

Y Ricky Rubio se está ganando cada dólar de su nuevo contrato.

Para entender el éxito colectivo de los Suns hay que acudir al mejor fichaje del verano: Monty Williams. Ricky es sin duda básico en la metamorfosis de Phoenix, pero Monty es el principio.

"Hay que darle mucho crédito al entrenador por esto", dijo Ricky Rubio tras una contundente victoria sobre Brooklyn, en la que terminó con 22 puntos, 12 asistencias y dos robos. "Hay muchos entrenadores en la liga que quieren controlar todo y creo que Monty confía en nosotros".

"Por supuesto, nos está enseñando todos los días, algo nuevo, algo que podemos mejorar. Confiamos en sus palabras y simplemente jugamos de la manera que él dice".

Después del Mundial y el MVP, la situación de Phoenix es ideal para Ricky. Sus problemas de anotación y consistencia con el tiro demandan una estructura en la que le liberen de la tarea de meter puntos y en la que sea él quien dicte el juego.

Puede anotar, lo ha demostrado, pero es secundario. Puede meter triples y parte del éxito de la temporada pasa por su continuidad ahí (37,5% en estos momentos), pero debe ser algo complementario.

La filosofía de Monty Williams potencia el juego en equipo y la velocidad. Un jugador cuando recibe tiene que decidir rápido si lanzar, fintar con el tiro o pasar para continuar con el flow del ataque. Los Suns eran la pasada temporada, a estas alturas, el 22º equipo en ritmo. En este primer mes, 9º.

Más categorías que respaldan la estructura. En una categoría dominada por Golden State el último lustro como el porcentaje de canastas asistidas, Phoenix lidera la NBA con una marca incluso mejor que la de los Warriors del curso anterior (68,6% frente a 66,8%) y se sitúan más de tres puntos por encima del segundo.

El objetivo del ataque en el baloncesto es encontrar el mejor tiro en cada posesión, algo que los Suns apenas conseguían durante las pasadas temporadas. Fueron el 3º peor equipo a la hora de conseguir tiros liberados en la 2018-2019, apenas el 20,3% de sus lanzamientos. Algo que contrasta radicalmente con este curso, en el que lideran la estadística con un 29,8% de sus tiros a más de 1,8 metros del defensor más cercano.

Dentro de que todos los jugadores se están viendo beneficiados, dejando el especial caso de Aron Baynes aparte, las dos figuras principales del equipo son sin duda alguna Ricky Rubio y Devin Booker.

Porque Ricky necesita anotadores a su lado y Devin pedía desconsolado desde hace años una presencia organizadora. Jamás lo hizo con la palabra, sino con su juego. Un Booker forzado a hacer de base, de generador primario, algo que jamás ha sido. Cumplió y con creces para la configuración de los precarios Suns, pero era hora de liberarle.

Porque la unión de Rubio y Booker les potencia de manera mutua. La sinergia más positiva que podían esperar en Arizona toma forma y muestra resultados inmediatos.

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"Hay algunas jugadas que sé que tengo que mandar cuando está caliente", dice Rubio sobre Booker. "Y ahí solo tengo que buscarle".

Para empezar, porque estas versiones del base y el escolta en las primeras semanas son las mejores que se han visto en toda su carrera. Los números lo respaldan, el ojo más todavía.

Ricky está en el mejor promedio anotador (13,6) y reboteador (6,3) de su aventura NBA, y en la mejor marca de asistencias desde que salió de Minnesota (8,7, 4º en la liga). Su acierto, el 2º más elevado (46,1 eFG%) y de momento, tope de carrera desde el triple (37,5%).

Todo ello, con más tiros por partido que en sus 8 temporadas anteriores. Anotar es secundario, sí, pero se unen dos factores. El primero, la relevancia del base para los Suns y el encaje con el sistema. El segundo, ese grado de experiencia adquirida, confianza extra tras el torneo de China y situación como líder veterano del equipo a sus recién cumplidos 29 años. Plena madurez.

Booker, por su parte, un anotador indómito que requería de más control muestra su versión más eficiente. Tras marcar máximos de su todavía joven carrera la pasada temporada, Devin está en 25,5 puntos y 5,9 asistencias con el mejor acierto que se le haya visto: 54% en tiros de campo, 50% en triples y 94% en tiros libres. Sus mejores números.

"He estado rodeado de muchos y muy, muy buenos jugadores: miembros del Salón de la Fama En cuanto a un anotador puro, creo que Booker es probablemente el mejor con el que he jugado. No pude ver a Wade en su mejor momento (durante mi tiempo en Miami). Pero sí, Booker realmente puede ser el mejor", cuenta Tyler Johnson.

La diferencia para Booker radica en el cómo. En la 2018-2019 fue el 8º jugador con mayor porcentaje de tiros anotados sin asistir con un mínimo de 34 minutos de promedio. Es decir, entre los jugadores que más jugaban y más tenían la vía de la anotación propia como recurso.

Lo que separa al escolta de los LeBron James, James Harden o Damian Lillard que se sitúan por delante suyo en la lista, es que el perfil de Booker está pensado para ser alimentado. Para que sea él el finalizador tras pase y no el generador primario o incluso el anotador tras bote. Phoenix necesitaba explotar al Booker anotador sin balón.

La presencia de Ricky es balsámica para la joven figura de los Suns, que pasa de un 64% de tiros anotados sin asistir, a un 46% en la temporada actual. Booker jamás había anotado tanto tras asistencia de sus compañeros: más de la mitad de sus tiros convertidos llegan así (55,4%), despertando un aspecto hasta ahora desconocido, pero sí intuido, en su carrera NBA.

"En uno de nuestros primeros partidos vino Ricky y nos dijo que todos los últimos cuartos son tiempo de ganar y tenemos que estar centrados, vayamos 20 arriba o 20 abajo. Cada posesión cuenta. Hay que cuidar más la pelota, hoy debería haberlo hecho, aunque en general lo hemos conseguido", dice Devin sobre el base.

Forman la tercera pareja de Phoenix que más minutos comparte en pista: 250 hasta el momento en los que son, de los cinco dúos con más tiempo, el segundo mejor en ratio ofensivo y el mejor en porcentaje de canastas asistidas (69,9%).

Los quintetos que contienen a ambos sacan una diferencia al rival de 12,5 puntos por cada 100 posesiones y la muestra es ya de 525. En ataque disparan al equipo hasta la excelente cifra de 117,3 puntos de ratio ofensivo, teniendo el quinteto titular (más Oubre, Saric y Baynes) la barbaridad de un 121,1 en la ofensiva.

"Todos estamos emocionados. Todos estamos. Solo tenemos que seguir trabajando", comentaba el escolta tras una victoria.

Por separado, Ricky juega sin Booker menos tiempo que Devin sin el base. De hecho, casi siempre que el español pisa parqué lo hace acompañado del jugador formado en Kentucky. Son 158 posesiones de Rubio sin el escolta, por 279 de solo Booker.

¿A qué se debe esto? A la necesidad táctica de Monty Williams y la individual de Booker de dotar al anotador de un conductor a su lado. En la 2017-2018, Devin figuraba el 5% de sus posesiones como base de los Suns. En la 2018-2019 la cifra asciende a un insalubre 15%, más todo el tiempo que ejercía como base aunque no estuviese situado de forma oficial como point guard en la alineación.

En lo que llevamos de 2019-2020, Booker acumula un 91% de su tiempo como escolta, la cifra más alta de su carrera, y el 9% restante, en situaciones muy determinadas, como alero. Aquí reside una de las claves del éxito colectivo y de esta pareja: Ricky descarga a Devin de un trabajo que jamás debió hacer y le sitúa en su rol natural.

Dentro de la velocidad de pase y la importancia del ritmo en el ataque de Monty Williams, Rubio es el único jugador con licencia para mantener la pelota entre sus manos. Tiene sentido: es el base pasador y potencia el juego de los demás. De hecho, esta temporada es el 7º jugador que más minutos promedia por partido con balón. En la 2018-2019 no figuraba ni en el top 30.

Más allá del posible debate de si Donovan Mitchell es mejor que Devin Booker, o viceversa, el de los Suns encaja mejor con Ricky porque es preferible quitarle el balón, mientras que Donovan cada vez asume más. Es por esto por lo que Rubio tiene más pelota que el año pasado y Booker menos, y ambos juegan mejor.

El vistoso y entretenido sistema ofensivo de Phoenix requiere de movimientos sin balón y cortes de lado débil. Ahí acompañantes como Kelly Oubre realizan un trabajo fantástico, con una química ya especial con Ricky y Booker, los principales asistentes del equipo.

Porque además de la anotación, el escolta sabe pasar, es lo positivo que se mantiene de sus años de falso base: cuando Ricky y Booker están en pista, facilitan el 66% de las asistencias del equipo. Esta cifra, dentro del contexto de ser el equipo que mejor asiste como conjunto en la NBA, es una sana y notable al mismo tiempo.

"No es solo su anotación", dice Monty sobre Devin. "Es un jugador dispuesto a pasar. Cuando recibe y juega, encuentra compañeros liberados. A veces los entrenadores tenemos que salir de nuestro camino. No es una estructura. Simplemente se trata de un muy buen jugador de baloncesto que juega a lo que sabe".

Las cifras del éxito de Rubio y Booker son las del éxito colectivo de Phoenix en este inicio. Algunos proclaman al equipo como posible sorpresa y candidato a Playoffs, pero todavía queda mucho de temporada y el Oeste es muy salvaje.

Lo que parece claro es que estas cifras arrojan que lo de Phoenix es profundo. No se trata de flor de un día, no es casualidad. Ganarán más o ganarán menos en lo que resta de curso, pero las modificaciones del verano enseñan ahora una tendencia que cuesta asimilar como realidad. Han sido muchos años de ver a los Suns deambular en el desierto sin rumbo.

Cuesta creerlo. Y es normal. Todavía quedan preguntas por resolver. Qué pasará con el regreso de Ayton, ahora que los Suns funcionan mejor al usar quintetos con cinco tiradores (Baynes o Kaminsky de pívots). ¿Mejorarán el rendimiento piezas que todavía pueden mejorar? Como el propio Kaminsky o Mikal Bridges. ¿Cuál es el techo con estos jugadores?

Eso sí, si algo es evidente y se puede sacar en claro de este primer mes de los mejores Suns del último lustro, es que Ricky Rubio y Devin Booker encajan de manera extraordinaria. No serán élite en sus posiciones, pero sí consiguen complementarse y explotarse para poder mostrar sus mejores versiones. Y eso, en un deporte de equipo como el baloncesto, es el objetivo principal de cualquier entrenador. Encontrar la simbiosis perfecta.

Las opiniones aquí expresadas no representan necesariamente a la NBA o sus asociaciones.

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