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NBA Finals 2020

LeBron James, un campeón con todas las letras

"Mi expectativa es tratar de mejorar cada día. No es que espero algo, porque uno trabaja para lo que quiere". Julio de 2018 no será un mes más para la rica historia de Los Angeles Lakers. En ese momento, el gran dominador de la última década, con ocho Finales consecutivas sobre sus hombros en dos equipos diferentes, tomaba la decisión de sumarse a una de las organizaciones más icónicas de la liga. A una franquicia que llevaba casi una década, esa que coincidió con su dominio, muy lejos de su lugar habitual: el de conseguir títulos. En ese momento, LeBron James, el hombre en cuestión, largaba esa frase en medio de su primera atención a la prensa vestido de oro. Una absoluta declaración de principios.

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Ese LeBron de 2018 no fue el mismo que, en su presentación en Miami, prometió "no uno, no dos, no tres, no cuatro..." en relación a anillos. Ese LeBron, por supuesto, fue otro. Y es que no sólo era (y es) otro jugador, evolucionado y mejorado hasta la máxima potencia, sino que también era (y es) otra persona. Lógica absoluta, ya que todo ser humano suele madurar con el correr de los años. Pero en esa declaración de principios en su llegada a California había un mensaje por demás claro y fundacional de James: él trabajó y trabaja para lo que quiere, porque el trabajo, algo que sólo él puede controlar, es su motor. Lo que quiere es la grandeza. Y en ese camino de grandeza acaba de dar otro paso que lo instala definitivamente en el Olimpo de los más grandes de todos los tiempos.

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Y que quede claro: no se trata de los Michael Jordan, los Magic Johnson, los Kobe Bryant o cualquier otra leyenda que salta sobre la mesa a la hora de debatir y ponderar a los mejores de la historia. Reducir la enorme excelencia que desfiló año a año en la NBA a sólo un nombre no sólamente es injusto con los que quedan excluidos, sino con la misma historia de la liga, regada con una calidad sin igual. Por eso es necesario que este anillo de LeBron James con Los Angeles Lakers, el cuarto de su carrera, sea visto como tal. Como otra página de una carrera legendaria que no busca superar a alguien, sino que busca la grandeza absoluta por sí misma.

LeBron James es campeón con los Lakers y el significado es inmenso. No sólo porque agiganta un historia que, desde lo numérico, lo tiene (o lo tendrá) al frente de casi todas las estadísticas y registros individuales posibles en Playoffs y en Finales. Tampoco por ser el tercero (junto a Danny Green) en ganar campeonatos con tres equipos diferentes, y el primero de la historia en ser MVP de Finales con tres camisetas distintas. Este anillo es la certificación definitiva (si es que lo necesitaba) de su leyenda. Porque LeBron James merece eso que dijo en la celebración: "Quiero mi maldito respeto". Vaya si debería tenerlo, porque es un campeón con absolutamente todas las letras...

"L" de legado

Cuando se habla de legado, la primera tentación para el análisis es mirar a los números. Que la cantidad de títulos, que las estadísticas... Sí, es cierto que cuatro anillos, como el caso de James, es menos que otras leyendas. ¿Pero es realmente menos en el verdadero sentido del significado? Las leyendas alcanzan una vara de grandeza que es fuera lo común pese a las diferencias en los casos. Y nada debería hacer que el currículum del Rey sea inferior en su medida real. Es más, en su caso, lo numérico (en donde domina casi todos los rubros) potencia su caso. Pero los números deberían correrse de foco para establecer un legado.

Acá hay sensaciones, hay impacto, hay hábitos como profesional para escribir su camino, hay mucho de lo que uno es capaz de generar en el otro, no sólo en los aficionados sino en sus pares. Y también hay una cuota de lo que alguien es capaz de hacer afuera de la cancha mientras busca el éxito dentro de ella. Cuando se combina todo, LeBron está en un punto altísimo. Porque su obsesión por la mejora deportiva es el combustible de lo que vemos noche a noche en los partidos. Porque su cuidado y mentalidad le permite, aún a los 35 años, mostrar una vigencia fuera de lo común. Porque ha sido modelo a seguir por varios de los jóvenes que están empezando a brillar con luz propia en la liga tomando su testigo (como Luka Doncic). Y porque su compromiso social es absolutamente incuestionable y prioritario, tanto como un anillo de campeón.

"Creo que la historia será contada y escrita de la manera en que se supone que debe serlo. Pero no vivo mi vida pensando en el legado. Es más, lo que hago afuera de la cancha significa más que lo que hago adentro. El básquet pasará después de mí. Habrá un nuevo grupo de chicos, veteranos y rookies que seguirán en el deporte. Así que no puedo preocuparme por el legado. Cómo me muevo, cómo camino, lo que predico, lo que hablo y cómo inspiro a la próxima generación es lo que más importa", definió LeBron en la previa del Game 5 ante la consulta sobre cómo impactaba un nuevo título en su legado.

El saldo en esa búsqueda es infinitamente a favor, y creció aún más en esta lucha paralela dentro del reinicio, la de la búsqueda de la justicial social. "Estar acá, tener la oportunidad de hablar de estos problemas, seguir entendiendo que el mundo no sólo se trata del básquet, pese a que nosotros vivimos una pequeña pieza de este deporte... Hay muchas grandes cosas sucediendo, y si podés hacer un impacto, generar un cambio o tener una visión, ayuda muchísimo no sólo en tu comunidad, sino en todo el mundo. Sé que hago mi parte a la hora de seguir creando cambio, educando, iluminando a mi comunidad y a las comunidades del mundo que me escuchan y me han seguido a lo largo de mi camino", resaltó James.

Esa parte del legado no se mide por campeonatos. Y por más que LeBron no quiera hablar de legado, el suyo, mucho más allá de este título con los Lakers, será escrito en gran parte por lo que él es como un todo. Como la definición más cercana al deportista integral y completo que trasciende fronteras y rompe barreras.

"E" de especial

Todo título de campeón tiene su encanto. Pero ser campeón de la NBA en Los Angeles Lakers potencia la situación, la hace especial. La franquicia es sinónimo de NBA y va más allá de ser (junto a los Celtics) la más ganadora de la historia. Los Lakers son una marca registrada global, son un movimiento cultural que, como si fuera poco, brilla con las luces de Hollywood. Una gran parte de los nombres más importantes de los libros de la liga se vistieron de oro y púrpura. Hay una presión diferente y es un desafío por sí mismo. Y de los desafíos ha vivido LeBron James dentro de la cancha.

El Rey sabía que ganar en California era un toque diferente para su carrera. Y sin dudas que eso alimentó su decisión a la hora de firmar con la organización en 2018. En el medio hubo un paso en falso, incluso, que le dio otro toque diferente. Pero ahí está, levantando el trofeo Larry O'Brien vestido con la misma camiseta que varios grandes. Y ganándose la aprobación definitiva.

"Una de las cosas que aprendí siendo un Laker es que a los fieles de los Lakers no les importa para nada lo que hayas hecho previamente. Cuando te convertís en un Laker, tenés que hacerlo con ellos también. Aquí no les importa tu historial hasta que sos un Laker. Y tendrás su respeto una vez que lo hagas con los Lakers", reconoció sabiendo que ponerte un anillo en California entrega implícitamente una certificación y aprobación distinta al resto.

Y como si esto no alcanzara para hacerlo aún más especial, van tres argumentos más. El primero es el hecho de borrar gracias a su impacto una década nefasta desde lo deportivo para la organización, un tramo en donde pasaron proyectos sin éxito que establecieron registros negativamente históricos y generaron la sequía más grande de la historia. LeBron no sólo terminó con la falta de Playoffs, sino que devolvió a los Lakers a la tierra prometida.

El segundo pasa por concretar el objetivo en este contexto de la 2019-2020, con la suspensión por la pandemia en el medio y al posterior reinicio en este campus de Walt Disney World que, más allá de haber sido un éxito (sobre todo desde lo sanitario), fue un desafío muy grande para los protagonistas, algo que el Rey marcó varias veces a lo largo de estos meses en Orlando. Las condiciones de este título tiene un gran asterisco pero no negativo, sino todo lo contrario. La dificultad de este curso fue realmente elevada e inédita.

¿Y el otro? Kobe Bryant. Su trágica muerte a comienzos de 2019 vive en el recuerdo de la organización. Y para LeBron se transformó en algo aún más especial. Sabía que tenía que hacerlo por él, por esa inspiración que había sido para su carrera. Y el legado del escolta estuvo en cada paso dado por el equipo después del accidente, lejos de estarlo de una manera forzada. Aquí hubo un sentimiento genuino, profundo y claro. LeBron y los Lakers también querían ganar por Kobe. Y está claro que en el cielo, esta noche, se volvió a dibujar esa sonrisa que iluminaba un aura mágica y especial como la de Kobe.

"B" de brillante

Acá podríamos quedarnos un largo rato, porque la mayoría de las cosas que rodean a James son brillantes. Vamos a apuntar, en esta oportunidad, al brillo de su vigencia. 17° curso en la liga, 35 años, casi 60.000 minutos acumulados en su cuerpo, y James sigue y sigue... Como aquel joven que irrumpió en la liga, pero sumando la sabiduría que sólo dan los años.

James fue segundo en la votación para MVP de la Fase Regular, después de promediar 25,3 puntos (49,3% campo), 7,8 rebotes, 10,2 asistencias y 1,2 robos en 34,6 minutos, perdiéndose apenas cuatro de los 71 partidos de su equipo (y la mayoría por una decisión de cuidado y precaución más que lesión).

Solamente hubo ocho temporadas en la historia de la NBA con jugadores promediando al menos 25 puntos, 7 rebotes y 10 asistencias. Cuatro pertenecen a Oscar Robertson en los '60. Una a James Harden (2016-2017) y dos a Russell Westrook (2016-2017 y 2017-2018). LeBron sumó su nombre a esta corta lista, pero lo hizo a los 35 años cuando todos los antecedentes anteriores fueron por debajo de los 30. Una vigencia realmente escandalosa.

Ah, como si fuera poco, volvió a subir su producción en los Playoffs y en las Finales:

  • James en Playoffs 2020: 27,6 puntos, 56,0% campo, 46,9% triples, 10,8 rebotes, 8,8 asistencias, 1,2 robos en 36,2 minutos.
  • James en Finales 2020: 29,8 puntos, 59,1% campo, 41,6% triples, 11,8 rebotes, 8,5 asistencias, 1,2 robos en 39,3 minutos.

En la historia de los Playoffs, sólo cuatro veces se habían visto jugadores acumulando al menos 500 puntos, 200 rebotes y 150 asistencias en una misma postemporada. Larry Bird fue el primero en 1987, y LeBron James es el otro: lo había hecho en 2015, 2016 y 2018, y ahora repite a los 35 años. Bird tenía 30 en su momento. De nuevo: vigencia escandalosa y brillante, por supuesto.

"R" de resiliente

"Somos un equipo nuevo, habrá golpes y moretones en el camino, pero si mantenemos un proceso, nos sacrificamos y ponemos nuestro compromiso y tiempo, todo llegará a su lugar en su debido tiempo". La frase también pertenece a la presentación de James en 2018. Vaya si tenía razón el Rey en ese momento.

Bien podría ser una "R" de revancha, pero James no tiene que demostrarle nada a nadie, pese a que hay un enorme mensaje en esta consagración. La 2018-2019 parecía ser la primera en donde esa máquina irrompible entraba en su proceso de caída. La lesión que más tiempo lo sacó de las canchas (un mes) marcó una temporada que no fue lo mismo desde ese problema físico en la Navidad del 2018. Jugó la menor cantidad de partidos de su historia (55) y su ausencia, sumada a las irregularidades de un equipo que no hizo pie con el núcleo de jóvenes, decantó en algo impensado: la ausencia de los Playoffs.

El proyecto Laker con LeBron ni siquiera lograba en su primer año el regreso a la postemporada. James daba muestras de fragilidad en su cuerpo, castigado como pocos por estilo y carga de minutos en los últimos años, y la competencia por fuera crecía de gran manera. El combo podía jugar de manera pesimista. Pero nunca hay que apostar en su contra.

Es cierto que la llegada de Anthony Davis fue un impulso enorme. Tan cierto como que James, más allá de AD, volvió a ser la bestia dominante y diferencial que supo ser en casi toda su carrera, esa que parecía que no íbamos a ver más. Por caso, lideró a la liga en asistencias por primera vez en su vida en su 17° año. Terminó segundo en la votación para el Jugador Más Valioso de la Fase Regular. Y después del parate más particular de la historia, regresó con la misma mentalidad y enfoque para, en condiciones atípicas, elevar su nivel en la instancia más importante y conducir a su equipo al objetivo que siempre soñó y pensó al llegar a California.

Si muchos pensaban que se venía la caída del Rey tras la 2018-2019, quizás subestimaron el nivel de trabajo, compromiso y esfuerzo de un jugador resiliente como pocos.

"O" de obsesivo

La escena se repitió a lo largo de los Playoffs. LeBron, después de cada victoria y de las pocas derrotas, remarcaba su deseo de mirar el video del partido de turno, analizar y seguir encontrando maneras de mejorar. James es un perfeccionista, un obsesivo en el buen sentido de cómo buscar siempre una manera de estar a la vanguardia, de pulir su ya increíble arsenal de recursos para tener una ventaja sobre el rival que lo lleve al éxito. Y este tipo de comportamientos son los que definen y hacen a las leyendas.

LeBron disfruta los procesos. Los abraza, los hace propios. No hay gloria sin trabajo, algo que ya vimos en el "uno trabaja para lo que quiere" del inicio. En ese proceso, hace un cuidado de su cuerpo y físico con un nivel de detalle y excelencia quirúrgico. Sólo así se explica que, a los 35 años y después 59.361 minutos jugados a lo largo de sus 1.525 partidos (números potenciados por cómo tuvo que moverse en ellos), pueda seguir marcando diferencias claras con sus rivales.

"Nunca dejas de esforzarte por ser perfecto o grandioso. Sabes que no existe el juego perfecto, pero eso no significa que no te vas a esforzar por ser lo más grande posible cada noche", pregona LeBron. ¿Y lo mejor de todo? De nuevo. Él disfruta todo, en el más puro de los sentidos y sin perder un gramo de profesionalismo. Disfrutar competir, sin importar el resultado.

"Ahora mismo estoy entusiasmado por nuestra reunión de mañana para ver el video y analizar las cosas que podemos hacer mejor, para ver lo que hicimos bien, para pensar en los ajustes que el rival podría hacer. Es la mejor parte de todo, porque es como una partida de ajedrez", decía después del Game 4, antes de ampliar con otro toque que muestra su nivel de detalle y obsesión por el juego: "En este punto de tu carrera, tener tu mente en el más alto nivel es mucho más importante que tu físico. Tener la capacidad para pensar durante los partidos, de entender y ver los ajustes, de poder hacer jugadas antes de que esas jugadas parezcan posibles, es la mejor parte para mí".

En cada mensaje de LeBron sobre este tema no hay demagogia. Su obsesión por llegar a lo más alto y por redefinir los límites impuestos, es lo que marca a fuego su forma de ser, sentir y ejecutar su carrera.

"N" de números

La parte que él se encargó de decir varias veces que mirará cuando termine su carrera. Pero es imposible dejarla de lado cuando es realmente superlativa, maravilla e histórica. Ya se sabe que este es su cuarto anillo en 10 Finales (sobre 14 apariciones en Playoffs a lo largo de sus 17 temporadas en la liga). Pero cómo no mencionar que, entre tantas otras cosas, James es...

En Playoffs...

  • 1° en partidos jugados (260)
  • 1° en minutos jugados (10.810)
  • 1° en partidos ganados (172)
  • 1° en puntos anotados (7.491)
  • 1° en tiros de campo anotados (2.671)
  • 1° en tiros libres anotados (1.735)
  • 2° en triples anotados (414)
  • 6° en rebotes totales (2.348)
  • 2° en asistencias (1.871)
  • 1° en robos (445)
  • 11° en tapones (250)
  • 2° en triple-dobles (28)

En Finales...

  • 3° con más Finales (10)
  • 5° en partidos jugados (55)
  • 3° en minutos jugados (2.337)
  • 2° en puntos anotados (1.562)
  • 2° en tiros de campo anotados (588)
  • 2° en triples anotados (101)
  • 3° en tiros libres anotados (285)
  • 4° en rebotes totales (561)
  • 2° en asistencias (430)
  • 2° en robos (93)
  • 6° en tapones (46)
  • 1° en triple-dobles (11)

Y así podríamos seguir por un buen rato. Porque lo numérico también juega a favor de Rey. Una leyenda y campeón histórico y con todas las letras.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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