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Mucho más que una historia trágica: la brillantez de Maurice Stokes merece ser recordada

Existen pocos casos como el de Maurice Stokes, en el cual el Lado B de una historia le ha sacado protagonismo al que debería ser su legado principal. Un paréntesis que se ha apoderado de un capítulo entero. Una nota al pie que hoy se utiliza para resumir su carrera.

Sí, Maurice Stokes fue aquel jugador que debió dejar la actividad en apenas su tercera temporada en la liga, debido a una enfermedad degenerativa producto de un golpe en la cabeza. Sí, Maurice Stokes fue aquel que una vez alejado de las canchas, fue tomado bajo el ala de su excompañero Jack Twyman, quien se convirtió en su protector y representante legal. Sí, Maurice Stokes fue esa estrella que perdió trágicamente la vida a los 36 años, luego de más de una década de batallar con su enfermedad.

Y sin embargo, suena injusto que la memoria de un jugador de su calibre solo se vincule a ese desenlace trágico o simplemente a relatar esa maravillosa amistad con Twyman, que incluyó llegó a ser retratada en un largometraje de 1973 llamado "Maurie".

¿Saben por qué es injusto? Porque Maurice Stokes también fue un jugador de baloncesto maravilloso, que en esos tres años como profesional se mostró como uno de los internos más completos de todos los tiempos y un justo miembro del Salón de la Fama (clase 2004). Y hoy, hablaremos de ese crack.

Formado en la Universidad de Saint Francis, Stokes jugó dos años en la NCAA, durante los cuales tuvo promedios extraordinarios: como novato ya promediaba 23,1 puntos y 26,5 rebotes, números que subió a 27,1 tantos y 26,2 rebotes en su segunda campaña, en la que llegó a ser nombrado como MVP del National Invitational Tournament (segundo torneo más importante del baloncesto universitario).

Con esos antecedentes, no sorprende que haya sido tomado en la segunda posición del Draft de 1955, por los Rochester Royals (hoy Sacramento Kings). Adelante suyo fue elegido un tal Dick Ricketts que tendría un paso intrascendente por la liga, mientras que seis puestos más atrás, Rochester se llevó a otro futuro Salón de la Fama: Jack Twyman. Un 1-2 como pocas veces se han visto en un Draft.

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Stokes se transformó en una estrella al momento mismo en el que pisó un campo NBA. Como rookie promedió 16,8 puntos y lideró toda la competición bajando 16,3 rebotes. Además, repartió 4,9 asistencias por partido, llevándose todo tipo de distinciones individuales: se quedó con el Rookie del Año, fue elegido al All-Star Game, integró el segundo Quinteto All-NBA y aunque los Royals no ingresaron a Playoffs, terminó séptimo en la votación por el MVP, por detrás de Bob Pettit, Paul Arizin, Bob Cousy, Mel Hutchins, Dolph Schayes y Bill Sharman.

Lo que destacaba a Stokes era su versatilidad: medía 2,01 metros y era extremadamente fuerte, pero a la vez era rápido y tenía un muy buen manejo de balón. Y ni hablar de su visión de campo: entre los 32 jugadores de más de 2 metros que jugaron esa temporada 1955-1956, Stokes terminó primero en asistencias (4,9), sacándole una de ventaja al segundo (Jack Coleman con 3,9) y casi dos al tercero (Neil Johnston con 3,2). Todo mientras era el mejor reboteador que el certamen tenía para ofrecer.

Su segunda temporada lo vio repetir esas estadísticas, aunque lamentablemente, los Royals no ayudaban y tenían poco talento fuera de Stokes y Twyman (volvieron a quedarse sin postemporada). ¿Sus promedios? 15,6 puntos, 17,4 rebotes y 4,6 asistencias. Nuevamente al All-Star Game, donde brilló con 19 puntos, 12 rebotes y 7 asistencias (probablemente hubiera sido elegido MVP si el Oeste ganaba el partido). Además, volvió a ser miembro del Segundo Quinteto All-NBA y finalizó sexto en la votación por el Más Valioso. Y un dato más: tanto en esta campaña como en la anterior, lideró la NBA en defensive win shares, con 5,9 y 6,8 respectivamente.

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Para la 1957-1958, los Royals se mudarían a Cincinnati y ayudados por el refuerzo de un pívot llamado Clyde Lovellette, proveniente de los Lakers, por fin consiguieron ingresar a los Playoffs. Para Stokes, la Fase Regular dejó los mejores números de su carrera: 16,9 puntos, 18,1 rebotes y 6,4 asistencias, para repetir All-Star Game, Segundo Quinteto All-NBA y acabar quinto en la carrera por el MVP.

Para poner en contexto lo que fue su actuación ese año, vale remarcar que entre el 8 y el 17 de noviembre registró cuatro partidos consecutivos con un triple-doble, con una media de 19,5 puntos, 21,3 rebotes y 10,8 asistencias en ellos. Una bestia.

Luego de registrar 12 puntos y 15 rebotes en su primer y único partido de Playoffs, Stokes comenzó a sentirse mal en el vuelo de regreso desde Detroit y tuvo que ser hospitalizado. Fue allí donde se le detectó una encefalopatía, generada por un golpe sufrido en el último partido de la Fase Regular contra los Lakers. De más está decir que su equipo no había tomado las precauciones necesarias y no solo lo había utilizado contra los Pistons, sino que incluso también había regresado al campo en esa noche fatídica contra Minneapolis (acabó con 24 puntos y 19 rebotes).

Su enfermedad cerebral no solo terminaría con su carrera deportiva, sino que lo dejaría paralizado por el resto de sus días. Pero de nuevo, de ese Lado B ya se ha hablado largo y tendido.

Lo cierto es que entre 1955 y 1958, en sus tres temporadas como NBA, Stokes bajó 3.492 rebotes, siendo esta la mejor marca de toda la liga. A su vez, en ese tramo registró 1.062 asistencias, siendo apenas superado por las 1.583 de Bob Cousy.

"Te recordaba mucho a Magic Johnson. Maurice podía subir la bola. Fue uno de los pocos tipos que podía jugar en las cinco posiciones. Era un jugador completo... realmente lo era", declaró alguna vez Red Auerbach, histórico entrenador de los Boston Celtics.

"Era un individuo muy atlético, muy bueno alrededor del aro, rápido para su tamaño y realmente superaba a los rivales con su capacidad de salto y rapidez", describió Oscar Robertson, quien llegó a Cincinnati dos años después del retiro de Stokes, tomando la posta de su versatilidad y llevándola a extremos impensados.

Maurice Stokes fue una leyenda, sin importar cuánto tiempo haya llegado a jugar en la liga. Un diferente. Un jugador adelantado a su época. Y toda esa singularidad que lo destacó adentro de las canchas, no merece ser olvidada.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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