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Milwaukee Bucks

Michael Redd, el último All-Star de Milwaukee Bucks antes de la era Giannis Antetokounmpo

Candidatos al título y mejor equipo de la Conferencia Este. Aunque las cuestiones sobre el futuro del griego aparecen desde hace tiempo, el momento actual de los Milwaukee Bucks es uno de los mejores de su historia con Giannis Antetokounmpo. Una franquicia que dispone de un solo título, pero qué título, el de 1971 con un jovencísimo y ya dominante Kareem Abdul-Jabbar y Oscar Robertson en el final de su carrera.

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Pese a que sus vitrinas solo muestren un trofeo de campeones, los Bucks siempre han sido una franquicia extremadamente competitiva. Tras los años de Kareem llegaron los de Marques Johnson y Sidney Moncrief, que alcanzaron hasta en tres ocasiones las Finales del Este durante los años 80 con Don Nelson como entrenador.

Tras los años de Jack Sikma la oscuridad invadió Wisconsin. La década de los 90 fue sinónimo de reconstrucción, hasta que George Karl formó uno de los ataques más sensacionales de la NBA con el joven Ray Allen, y los Glenn Robinson, Sam Cassell o Tim Thomas. Ese equipo que escogió a un alemán desconocido llamado Dirk Nowitzki con el pick 9 del Draft de 1998, para enviarle a Dallas por Robert Traylor. Quién sabe qué hubiesen logrado de seleccionar a Paul Pierce, alero de Kansas elegido por Boston una posición después.

Ese equipo vio su culmen en las Finales del Este del 2001 contra los 76ers de Allen Iverson. Y antes de darse cuenta, los Bucks se sumergieron en su etapa más difusa. Consiguieron algunas clasificaciones a Playoffs, sí, pero los 2000 fueron los años más extraños de Milwaukee. Ni reconstrucción larga, ni equipo poderoso. Cambiaban de entrenador y de complementos, no terminaban de arrancar. Mientras, una figura aguantaba y hacía entretenidas las frías noches del Bradley Center, Michael Redd.

El heredero de Ray Allen

La temporada 2001-2002 fue una decepción para los Bucks. El que hubiese sido mejor ataque de la liga el año anterior se mostró resentido por las lesiones y por problemas internos, en especial la creciente tensión entre Allen y Karl. Milwaukee quedó fuera de los Playoffs ese año y, para sorpresa de todos, realizaron un movimiento que el entonces dueño de la franquicia, Herb Kohl, definió años más tarde como "nuestro momento más desafortunado".

El 20 de febrero de 2003, Allen salía en dirección Seattle por esos enfrentamientos con George Karl. A cambio de uno de los mejores jugadores de su historia, los Bucks recibían a un Gary Payton de 34 años que disputaría el final de esa temporada para después unirse a los Lakers como agente libre, y al alero Desmond Mason, que jugó dos temporadas y media con promedios de más de 15 puntos y 4 rebotes hasta ser traspasado en octubre de 2005 a los Hornets por Jamaal Magloire. La gestión de la figura de Sugar Ray todavía escuece en la afición de Milwaukee.

Alcanzaron los Playoffs en 2003, donde cayeron en una peleada Primera Ronda ante los New Jersey Nets. El sentimiento generalizado era de desesperanza. Allen tenía 27 años y era uno de los mejores escoltas de la liga, mientras los jugadores de los Bucks que más minutos tuvieron contra los Nets eran en su mayoría veteranos: Payton (34), Sam Cassell (33), Toni Kukoc (34) y Anthony Mason (36), con las excepciones de Tim Thomas (25) y el propio Desmond (25).

Ese verano, el de 2003, el GM Larry Harris decidió despedir a Karl. Es decir, echaron al entrenador que se quedaron por las disputas con su estrella, al que prácticamente regalaron a Seattle. Como añadido, metieron su Primera Ronda del Draft de ese año, aunque por lo menos la salida de Glenn Robinson a Atlanta en agosto de 2002 (movimiento en el que llegó Kukoc) permitió tener el pick 8 de ese Draft.

Dentro del clima de pesimismo y la sensación de regresar a los años negros de los 90, nadie en Milwaukee confiaba en regresar a los Playoffs en la siguiente temporada. Menos aún que un escolta que había sido pick 43 de su Draft elevase su juego hasta ser elegido All-Star.

La salvación de Milwaukee

La apuesta era el joven Terry Porter como entrenador, dos veces All-Star en su carrera NBA, y un cambio radical en el equipo. Harris iba muy en serio en su intención de remodelar los Bucks, que afontaron la temporada con más dudas que certezas. Kukoc seguía, pero tenía 35 años, y también continuaban Thomas y Desmond, a los que se unían Keith Van Horn, Joe Smith, Brian Skinner o el joven elegido con la elección de los Hawks, el base TJ Ford.

Los Bucks sorprendieron con su estilo ofensivo y veloz: tenían reminiscencias del bloque de Finales del Este del 2001, aunque a años luz en cuanto a calidad. Y en ese ritmo sobresalía el escolta de 24 años que había ido de menos a más. De prácticamente no jugar en su año rookie, justo cuando Milwaukee cayó contra Iverson, a meter 11,4 puntos como jugador de banquillo en su año sophomore, y 15,1 en su tercero, ya establecido como titular.

Michael Redd fue una de las revelaciones de la temporada. Elevó su juego y Porter le dio el balón. Pasó de lanzar 11,8 tiros en 2003, a 17,5 en 2004. Sus promedios se fueron a 21,7 puntos, 5 rebotes y 2,3 asistencias, aunque los porcentajes eran mejorables, en la línea del equipo. Fue elegido All-Star y los Bucks volvieron ilusionados a Playoffs, aunque los Pistons a la postre campeones eran superiores. Redd llegó a dejar un encuentro de 40 puntos.

El rumbo de los Bucks

Y tras el año prometedor, comenzaron los problemas. De nuevo, la falta de claridad aparecía en el horizonte de Milwaukee. Ese ataque brillante y con posibilidades de mejora se derrumbó ante la salida de Thomas o el descenso de producción de Kukoc. La defensa era una de las peores de la liga, pero es que fue incluso peor en la 2003-2004. Apareció un joven Mo Williams, pero insuficiente ayuda para Redd.

El escolta mostró otro salto más. Mejoró sus cifras ante un mayor volumen, aunque sus porcentajes se resintieron. Los Bucks se quedaron sin Playoffs y Porter salió del equipo. Terry Stotts, ahora en los Blazers, tampoco tuvo mejor suerte pese a verse premiado con la victoria en la lotería del Draft 2005 y la elección de Andrew Bogut, un pívot cuyo cartel era el de cambiar el destino de la franquicia.

La ofensiva perdió la poca brillantez que restaba, aunque el impacto de Bogut en defensa y algunos movimientos de la gerencia permitieron mayor equilibrio. Redd firmó otra vez y por sexta temporada consecutiva los mejores números de su carrera: 25,4 puntos con un 39,5% en triples, e incluso batió su mejor noche con 43 tantos. Pero la competencia de estrellas y el récord negativo (40-42) le privaron de su segundo All-Star.

Tras perder contra los Pistons en Primera Ronda de 2006 (sí, otra vez Detroit), la historia se repetía por tercera vez. Inicio terrible con Stotts, récord de 23-41 y despido del entrenador. El asistente Larry Krystkowiak terminó el curso con la etiqueta interino, con el objetivo de los Playoffs como una quimera. Y, de nuevo, Redd rompía cifras. Aunque las lesiones comenzaron a hacer mella, el escolta se quedaba sin All-Star por tercer año consecutivo con sus 26,7 puntos por noche y un 38% en triples. Esta fue la mejor cifra de su carrera, incluida su noche de 57 puntos a Utah Jazz en noviembre de 2006.

El récord de 28-54 del año entre Stotts y Krystkowiak solo se vio empeorado por el 26-56 de la única temporada completa de Krystkowiak, despedido al término de la 2007-2008. Las noches más frías del Bradley Center fueron estas. Tras los fracasos y malos movimientos de años anteriores, y el pensar en lo que pudo ser y no fue, solo Michael Redd contentaba a la grada, que vivía con la sensación de estar malgastando a otro espectacular escolta anotador.

Michael Redd, de lo esperado a los infiernos

En agosto de 2005, Redd renovó por seis temporadas y 90 millones de dólares. Él quería seguir en Milwaukee y los Bucks se garantizaban contar con un talento All-Star de 26 años durante la mejor etapa de su carrera como jugador. Además, Redd Hot se aseguraba un salario a la altura de los mejores. En Wisconsin siempre han tenido que soltar más la billetera para mantener a los buenos. Desventajas de ser un mercado pequeño.

Al firmar esa extensión en 2005, los Bucks confiaban en que su pareja con Bogut diese resultados y permitiera regresar a la élite del Este. Pero las lesiones mermaron al australiano, al que le costó mejorar e impactar al nivel de otros jugadores de su camada como Chris Paul o Deron Williams. Milwaukee perdía partidos, cambiaba de entrenadores y parecía no tener rumbo.

Entonces, Scott Skiles trajo una idea sólida. El proyecto cambió de la noche a la mañana con el nuevo entrenador. Skiles propuso un enfoque defensivo apoyado en un Bogut que por fin impactaba de manera real y le quitó balón a Redd para sacar una versión más eficiente y positiva para el equipo. Richard Jefferson, Luke Ridnour, Ramon Sessions, Charlie Villanueva o Luc Mbah a Moute formaban la plantilla. Y entonces comenzó la pesadilla.

El 24 de enero de 2009, unas noches después de endosarle 44 puntos a los Kings en Sacramento, Redd caía al suelo en un nuevo duelo con los Kings, esta vez en casa. Los exámenes posteriores revelaron rotura de los ligamentos cruzado y anterior de la rodilla izquierda. Adiós a la temporada.

Los Bucks se despidieron también de los Playoffs sin su mejor jugador ofensivo y en el verano de 2009 buscaron refuerzos para esa faceta, en especial con la elección en el Draft de Brandon Jennings. Cuando los planes de la franquicia pasaban por el trío Jennings-Redd-Bogut, la pesadilla cobró más vida todavía.

Redd debutó con calma en la 2009-2010. Tenía ya 30 años y las indicaciones eran preparar bien su cuerpo. La lesión había sido grave, no había prisa y los jóvenes mostraban progreso real. El escolta comenzó a ver minutos y partidos con regularidad a mediados de diciembre, cuando se repitió la tragedia. El 10 de enero de 2010 caía de nuevo al parqué. Menos de 12 minutos de juego en el Staples Center contra los Lakers y la rodilla izquierda de Redd cedía nuevamente. Los ligamentos cruzado y medio se rompían de nuevo y, con ellos, lo hacía la carrera del jugador.

Durante esas dos temporadas en las que prácticamente no pudo jugar cobraba casi 16 y más de 17 millones, mientras que en la 2010-2011, en la que apenas jugó en 10 partidos, se iba a 18,3 kilos. La prensa se cebaba con un Redd como no lo habían hecho nunca. Referencias a su alto salario, a que como jugador cortaba la progresión de los jóvenes, que nunca había sido eficiente...

Por si fuese poco, el otro jugador aquejado siempre de lesiones era Bogut. El australiano firmaba su mejor temporada en la 2009-2010, cuando Redd se rompió por segunda y definitiva vez. Bogut esa temporada registraba 15,9 puntos, 10,3 rebotes, 2,6 tapones y 1,9 asistencias. Florecía con Skiles. Hasta el terrible episodio de su lesión en el brazo derecho. Si Redd caía el 10 de enero, Bogut lo hacía el 3 de abril en una lesión que trastocó su carrera para siempre. Un antes y un después.

Redd se despidió del baloncesto jugando con los Phoenix Suns la temporada 2011-2012. Apenas pudo acumular 51 partidos con los de Arizona y 15,1 minutos por noche, confiando en que la conocida sabiduría de su cuerpo médico funcionase en su destruido cuerpo. Pero la magia no fue suficiente. Redd puso fin a su carrera con 32 años el 24 de abril de 2012, anotando 14 puntos en 21 minutos a los Spurs. Al menos pudo colgarse la medalla de oro en los Juegos de Londres 2008 con el Redeem Team, meses antes de comenzar su calvario.

Cuando el seguidor veterano de los Bucks echa la vista atrás, recuerda el tormentoso episodio de Ray Allen. Incluso si tira de hemeroteca, duele todavía la salida en traspaso de Jabbar a los Lakers. Pero recordar la década de los 2000 alcanza incluso unos niveles babélicos más elevados. Esos años en los que Redd sostenía un equipo sin rumbo, una franquicia descabezada. Y que, justo cuando comenzaba un plan a tomar forma, las lesiones le jugaron la peor de las suertes.

Michael Redd fue el último All-Star de Milwaukee antes de Giannis, aunque seguro que confiaban en que lo fuese en más ocasiones a esa solitaria visita en 2004, cuando fue incluso All-NBA. Pese a sobrevivir en Wisconsin de manera tortuosa y salir de allí de manera ingrata, Redd es historia de los Bucks. Porque no todos los capítulos pueden ser brillantes, y él representa uno de ellos. El cuarto máximo anotador de la historia de una franquicia a la que ahora Antetokounmpo trata de dar su segundo Larry O´Brien.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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