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Mujeres en la NBA: un largo proceso hacia la igualdad a través de los banquillos

Mujeres en la NBA
Mujeres en la NBA NBA.com Global, creación propia

En 2017, un estudio de la Organización de las Naciones Unidas estimaba que había un 50,5% de hombres y un 49,5% mujeres sobre el total de la población mundial. Sin embargo, en ese mismo año, de los aproximadamente 210 técnicos (entrenadores jefe y asistentes) que formaban parte de las 30 franquicias NBA, tan solo un 0,014% del total eran mujeres. Concretamente tres: Becky Hammon (San Antonio Spurs), Jenny Boucek (Sacramento Kings) y Nancy Lieberman (Sacramento Kings). Un desequilibrio que contrastaba con los movimientos sociales que se estaban produciendo en la sociedad civil en todo Occidente, en mayor o menor medida.

La NBA es una liga eminentemente de hombres, de eso no hay duda. Es una competición masculina. A pesar de esta obviedad, en los puestos técnicos destinados a la toma de decisiones directas (hablamos de entrenadores y asistentes), cargos en donde la pericia y la inteligencia es lo que prima, la presencia femenina era mínima, testimonial, circunstancial.

Poco a poco el muro se ha ido agrietando, el tabú ya no lo es tanto y esas tres mujeres encabezaron un proceso de cambio lento que, a día de hoy, es vanguardia en todo el deporte masculino. De las tres mujeres mencionadas el número se ha incrementado a 11 en apenas dos años, un aumento del 267% que supone un porcentaje estimado del 0.52% sobre un número de 210 entrenadores y asistentes.

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Este incremento se ha producido principalmente en los últimos meses, donde diferentes mujeres se han incorporado al staff técnico de varias franquicias NBA. Por un lado, Lindsay Gottlieb (Cleveland Cavaliers), la primera mujer procedente de la NCAA que pasa directamente a la NBA; después Niele Ivey (Memphis Grizzlies), ex-asistente en UConn en el equipo femenino; Kara Lawson (Boston Celtics) que ha dado el salto desde la televisión tras trabajar en ESPN siguiendo el camino de Sarah Kustok (Brooklyn Nets); por otro lado encontramos a Natalie Nakase (Los Angeles Clippers), Kristi Tolliver (Wizards), Karen Smack-Umlauf (Bulls), Brittni Donaldson (Toronto Raptors), y más recientemente Teresa Weatherspoon que se unió a los New Orleans Pelicans para desempeñar funciones de desarrollo de los jugadores

La NBA es vanguardia dentro del deporte masculino global. Ha aceptado que no puede progresar si no es integrando al otro 50% de la población y, al contrario que otras ligas, impulsa la integración de los diferentes estratos de la sociedad, como el movimiento LGTB+.

Toda historia tiene un comienzo y una pionera, una persona que lideró el proceso y ejemplificó que un cambio era posible en un mundo de hombres. Que había espacio para expresarse y aportar un conocimiento propio a un apartado de nuestro deporte que no debería saber discernir entre géneros.

Lisa Boyer: la pionera

La primera piedra de esta estructura la puso Lisa Boyer, quien se convirtió de manera circunstancial en la primera mujer en formar parte de un staff técnico de un equipo NBA. Casi casual y espontáneo, en los albores de la WNBA, los Cleveland Rockers estaban en pleno auge en aquel 2001 tras haber caído en Finales de Conferencia ante las New York Liberty, con Dan Hughes a los mandos. Una joven franquicia que guardaba una especial relación con sus vecinos, los Cleveland Cavaliers, cuyo dueño, Gordon Gund, lo era también del equipo de WNBA.

De esta sinergia surgió la oportunidad y para aquella temporada 2001-2002, Lisa Boyer entraba a formar parte del staff técnico de los Cavs, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar un puesto similar. Sin embargo, no estaría en igualdad que sus colegas de banquillo ya que Boyer no obtendría salario alguno por su trabajo, ni viajaría con los Cavaliers. La razón residía en que su salario era reportado por los Rockers de WNBA y no por el equipo de NBA.

"Pasé de ver a esos chicos en la televisión y en las gradas, a estar con ellos en la cancha. Esta gente es grande, son enormes, fuertes, poderosos, grandes", sintetizaba Lisa Boyer para la web de WNBA en 2014 sobre la primera impresión que le causó un equipo masculino desde dentro. "Cuando estás con 12 de ellos y se están moviendo en la cancha te das cuenta de que estos tipos son profesionales", resumía.

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Un acontecimiento que no habría sido posible sin el apoyo de John Lucas, que entre 2001 y 2003 fue el técnico jefe de los Cavaliers, abriéndole las puertas de la NBA a una profesional que en este 2019 acumula 37 años en los banquillos de una cancha de baloncesto.

Boyer no dispuso del tiempo ni de la oportunidad a tiempo completo que otras de sus colegas que sí han podido aprovechar, ya que al término de la temporada 2001-2002 fue llamada por la Universidad de Temple y el programa femenino dirigido por la leyenda de la WNBA Dawn Staley, para formar parte del staff técnico. Allí permaneció hasta 2008 acompañando al equipo en uno de los periodos más exitosos del programa, siendo fijas en el torneo por el campeonato.

Más tarde pondría rumbo a South Carolina, donde ejerció como entrenadora principal durante un tiempo, siendo más célebre su trabajo como asistente desde 2010, acompañando a Staley y consiguiendo el campeonato nacional en 2017, con jugadoras como A'ja Wilson, Allisha Gray o Alaina Coates.

Boyer abrió la veda y marcó un precedente, un precedente lejos de disfrutar de una igualdad de condiciones respecto a sus colegas en un deporte que se convirtió desde hace décadas en su profesión. Un juego que para Lisa no ha de distinguir entre géneros ya que "todo el mundo hace básicamente lo mismo, solo depende de cómo y dónde colocas a tus jugadores en los emparejamientos".

Becky Hammon: la esperanza

El paso más importante en toda esta evolución lo darían, cómo no, los San Antonio Spurs. Siempre abanderando el cambio y sin miedo a las consecuencias que pueda tener defender una idea. Rompieron el tabú de los jugadores extranjeros a comienzos de siglo, siguiendo por los entrenadores asistentes europeos y lo finalizaron con la contratación de la primera asistente a tiempo completo en la historia de la NBA: Becky Hammon.

Leyenda de la WNBA y del baloncesto femenino a nivel internacional, Hammon comenzaba su etapa como técnica asistente en el verano de 2014, con el difícil reto de repetir el éxito conseguido en junio de ese mismo año, cuando los Spurs se coronaron como campeones.

El caso de Hammon es quizás el más conocido por el gran público y por eso es tan importante. Es una necesidad imperante que existan figuras reconocibles dentro del deporte que impulse la normalización, expansión y atracción por las entrenadoras dentro del baloncesto masculino. Un proceso que no ha de ser unilateral, solo dando importancia a la predisposición de las gerencias y cuerpos técnicos de incorporar entrenadores sin importar el género, raza o la orientación sexual, sino que ha de cautivar también a todas esas profesionales que se encuentran en activo, a motivarlas e impulsarlas a que den el salto a la NBA. Todo espacio público es político en términos prácticos, en tanto que es transformador. Y no hay nada más revolucionario en la sociedad actual que una posición ejecutiva visible.

Becky Hammon se ganó a pulso la oportunidad de formar parte de un staff técnico al igual que sus colegas de profesión, cambiando las botas y la camiseta de tirantes por la pizarra y el traje.

La nativa de Dakota del Sur ha logrado representar al resto de técnicas con maestría, y sabiendo ganarse el apoyo de sus colegas y jugadores. De hecho, en julio de 2015 se convirtió en la primera mujer en dirigir un partido en la NBA al conducir a los Spurs en la Summer League hacia el triunfo del torneo. "Creo que es importante para la sociedad que las mujeres sean reconocidas por sus mentes, al igual que cualquier hombre", resaltó Hammon tras conseguir vencer en Las Vegas.

Un apoyo que se ha ido construyendo día a día, entrenamiento a entrenamiento y que se ha ganado el respeto de una de las vacas sagradas de la NBA y voces más autorizadas como Pau Gasol. El jugador catalán se deshizo en elogios y rompió una lanza a favor de su entrenadora en mayo de 2018, cuando Hammon estaba en las quinielas para acabar consiguiendo el puesto de entrenadora jefe en los Milwaukee Bucks.

"He jugado en la NBA durante 17 años. He ganado dos campeonatos, he jugado con algunos de los mejores jugadores de esta generación, he jugado para dos de las mentes más privilegiadas de la historia de este deporte, como son Phil Jackson y Gregg Popocich. Y os digo: Becky Hammon sabe entrenar", aseguró Pau Gasol en una carta para The Players Tribune. "No estoy diciendo que pueda hacerlo muy bien. No estoy diciendo que pueda hacerlo de manera suficiente para salir adelante. No estoy diciendo que pueda entrenar casi al mismo nivel que otros entrenadores masculinos en NBA. Lo que estoy diciendo es que Becky Hammon sabe entrenar baloncesto NBA. Punto", sentenció.

El hecho de que los Spurs apostasen por Hammon y resultase un éxito invitó a otras gerencias a seguir los pasos de San Antonio, aumentando de cero a siete el número de mujeres dentro de los cuerpos técnicos de equipos NBA.

Desde aquel verano de 2014, Hammon ha ido ganando más y más relevancia y poder en el staff de Gregg Popovich, consolidándose como una de las voces más importantes en el vestuario de los texanos. A pesar del éxito en su carrera profesional, sabe que muchas de sus colegas no han corrido la misma suerte que ella y a comienzos del verano reconocía que "las mujeres siguen siendo un recurso sin explotar en la liga".

"Creo que mientras más personas cualificadas lleguemos a la puerta [de la NBA], mejor", dijo Hammon a KSAT. "Estoy emocionada de que ver que se reconozca la calidad, esto está empezando a traducirse en trabajos reales y oportunidades reales para las mujeres", comentó.

La realidad es que Becky Hammon representa el futuro y marca el camino a seguir para todas aquellas minorías dentro del baloncesto profesional masculino. Un ejemplo de ética de trabajo y metodología que tanto se aprecia en una NBA que no quiere quedarse a la zaga del avance social.

Una puerta abierta de par en par: más allá del banquillo

Los ejemplos de Boyer y de Hammon especialmente marcan la senda del cambio en la liga más allá de los jugadores. Ese incremento del 72% de presencia femenina en los banquillos de la NBA con las incorporaciones de Lindsay Gottlieb (Cleveland Cavaliers), Niele Ivey (Memphis Grizzlies), Kara Lawson (Boston Celtics), Natalie Nakase (Los Angeles Clippers), Kristi Tolliver (Wizards), Karen Smack-Umlauf (Bulls), Brittni Donaldson (Toronto Raptors), y más recientemente Teresa Weatherspoon ) ha hecho que la repercusión de las mujeres en la liga haya ganado todavía más importancia. Un hecho que en comparación con el resto de ligas mayores norteamericanas pone a la NBA a la cabeza de la integración y en el camino hacia la igualdad.

Pero en una liga tan gigante como la NBA no solo importan y tiene relevancia el área técnica propiamente dicha, aquella destinada a marcar el camino deportivo de un equipo a lo largo de 82 partidos, sino que hay decenas de departamentos, responsabilidades y cargos que necesitan guía y dirección.

Uno de ellos es el sindicato de jugadores, cuya directora ejecutiva es Michele Roberts desde julio de 2014. Roberts era una reconocida abogada en la ciudad de Washington que ha sido la encargada de representar y velar por la integridad y derechos de los jugadores NBA en las negociaciones con la propia liga y las franquicias. Un hecho que la convirtió no solo la primera mujer en el cargo dentro del sindicato, sino la primera dentro de todas las organizaciones sindicales deportivas principales en Norte América.

La figura de Roberts ha ido ganándose el respeto de los jugadores por su altura de miras y talante en las negociaciones. De su gestión junto a Chris Paul surgió el último CBA (Acuerdo de negociación colectiva) en 2016, y que se puso en marcha en la temporada 2017-2018 con el aumento salarial, cambios en la normativa de traspasos y defensa de los jugadores con contratos menores.

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"Cuando acepté el trabajo, obviamente era consciente de que ser mujer era algo a tener en cuenta", dijo Roberts a The Undefeated. "Pero no se me ocurrió que conseguir el trabajo se recibiría de la forma en que se recibió. Es maravilloso recibir cartas y correos electrónicos de mujeres jóvenes de color o que hablan sobre lo impresionadas y motivadas que están de que yo tenga el trabajo", hablaba la directora ejecutiva en una entrevista en 2016. Una figura que con cuyas acciones en defensa de los jugadores NBA no se ha ganado el apoyo de las jugadoras de la WNBA, que se encuentran en plena negociación de su convenio colectivo.

La propia organización y estructura de la NBA como empresa ha dedicado sus esfuerzos en tratar de encontrar la paridad dentro de su plantilla. No solo por una cuestión cuantitativa, sino reconociendo el talento de diferentes personalidades en sus respectivos ámbitos. Prueba de ello fue el nombramiento de Kate Jhaveri como jefa de marketing de la NBA, quien abandonó su puesto en la plataforma de streaming Twitch, que en cuestión de unos años se ha convertido en una de las webs referencia en retransmisiones de e-sports.

Otros casos destacables son el de la ex jugadora de la WNBA, Swin Cash, que en junio de 2019 era nombrada vicepresidenta de operaciones de los New Orleans Pelicans, o Kelly Krauskopf, quien se incorporaba en diciembre de 2018 a los Indiana Pacers como asistente del GM, un hecho que le convirtió en la primera mujer en ocupar un puesto semejante en la front office.

Aunque, sin duda, la barrera más difícil de romper fue la del silbato: los árbitros. No hay profesión más desmerecida y menos apreciada dentro del deporte en general que la figura del juez. Un aspecto en el que las mujeres son doblemente oprimidas y juzgadas, primero por árbitros y segundo por su condición de mujer. La primera en tumbar este muro fue Violet Palmer, cuya figura abordamos en este artículo sobre el movimiento LGTB+ en la NBA, y que sentó un precedente importantísimo junto a Dee Kantner a partir de la temporada 1997. Al respecto de la figura femenina dentro del colectivo arbitral, el comisionado Adam Silver ha reconocido que la intención de la liga es que haya una paridad total de cara al futuro, una intención clara por servir de ejemplo dentro del deporte masculino a favor de la igualdad e integración.

"Es un área, francamente, donde he reconocido que no estoy seguro de cómo ha estado tan dominada por los hombres durante tanto tiempo", dijo Silver en mayo de este año. "Es un área del juego donde físicamente, ciertamente, no hay ningún beneficio en ser un hombre, a diferencia de una mujer, cuando se trata de arbitraje. El objetivo es, en un futuro, tener aproximadamente 50-50 entre hombres y mujeres de los nuevos árbitros que ingresen a la liga", comentó. "Lo mismo para los entrenadores, por cierto. También tenemos un programa. No hay ninguna razón por la cual las mujeres no deberían entrenar al baloncesto masculino", finalizó el comisionado. A día de hoy, en la NBA hay 3 árbitros mujeres, una lista conformada por: Ashley Moyer-Gleich, Natalie Sago y la veterana Lauren Holtkamp.

El hecho de que haya una mayor diversidad racial, sexual y de género en toda la NBA no garantiza una mayor diversificación de por sí, pero mejora significativamente cualquier tiempo pasado, reconoce que hay espacio para otros colectivos más allá de la normatividad y sienta precedente.

La NBA de Adam Silver camina con paso firme hacia un nuevo futuro, abanderando los cambios que han estado fraguándose en los diferentes estratos de la sociedad, aceptando que una competición que aspira a ser global en su expansión no puede permitirse el lujo de ser restrictiva a la interna en su acceso. Los casos de Hammon, Krauskopf o Roberts ayudan a algo tan fundamental como la visibilización y la normalización de la igualdad entre hombres y mujeres, un objetivo que atraviesa de manera transversal nuestra vida y que no discrimina tampoco al deporte.

Las opiniones aquí expresadas no representan necesariamente a la NBA o sus organizaciones.

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