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Mundial de baloncesto 2019: La sonrisa de Ricky Rubio

ricky rubio

De niño prodigio, a hombre maduro. De ser un imberbe crío que se enfrentaba a los impresionantes cuerpos de los atletas del Team USA de 2008, a los tatuajes, el león en el hombro y una potencia capilar digna de mención.

Ricky Rubio crece, por mucho que parezca mentira. Por mucho que debajo de esa impresionante barba se siga escondiendo una risa traviesa, Ricky se hace mayor. Ya lo es. Y China presencia la evolución.

MÁS: España gana un partido épico y jugará la final del Mundial

Mucho se ha escrito y escribirá sobre el proceso de Rubio. Hoy toca escribir sobre otra cosa, sobre su sonrisa. Esa que tiene él, de jugón. Porque a Ricky lo que las me gusta es disfrutar de la vida. Algo que aprendió con el fallecimiento de su madre Tona en mayo de 2016 tras cuatro años combatiendo un cáncer de pulmón. Una historia de cambio que recogen de manera extraordinaria en Bleacher Report.

Ricky siempre ha sido de disfrutar. Y en este Mundial lo está haciendo. No porque se lo hayamos preguntado, si no porque luce más que nunca esa sonrisa de jugón. Y cuando Ricky sonríe con la elástica de la selección puesta, sonríe España entera.

España tendrá como mínimo un miembro en el quinteto ideal del Mundial y, salvo nueva actuación colosal de Marc Gasol en la final, si solo hay un representante debe ser él. Los números impresionan, sin duda. Máximo anotador del equipo (15,9), máximo asistente (6,4), mayor eficiencia en pista (+17,3) y el tercer mejor porcentaje de acierto desde el triple (38%).

Desde la preparación Ricky se muestra diferente. Más suelto, con más confianza, más feliz. Eso se ve sobre la pista. A un Rubio más liberado que nunca. Tira con un descaro exagerado y no le tiembla el pulso a disparar de nuevo, aunque el anterior se quedase corto. Deja unos aros pasados y unos detalles técnicos para enseñar en categorías inferiores. Se divierte. Un Ricky diferente, sí, pero también un Ricky más puro.

El cansancio de Marc Gasol iniciaba una búsqueda en España. Es cierto que la fuerza de esta Selección reside en el conjunto, pero necesitas líderes y talento para ganar. Hubiese sido imposible vencer a los Boomers sin la sublime segunda parte de Marc por mucho corazón que se le hubiese puesto. Y esa búsqueda de liderazgo terminó rápido, según empezó. Ya en la preparación Ricky quería serlo.

Rubio asumió los galones en ataque, el peso de España. Se notaría ligero, porque tomó más. Y más con el paso de los partidos. Un jugador cuyo mayor problema siempre ha sido la consistencia anotadora era la primera opción de Sergio Scariolo para mirar al aro. Porque, si Ricky te sonríe y transmite confianza por televisor, imagínate en persona.

Que con 28 años sea el máximo asistente de la historia de los Mundiales es una barbaridad. Por mucho que el registro comenzase en 1994, Ricky disputó su primer Mundial en 2010. No estuvo en aquel oro de 2006. Son tres torneos, dos de ellos que terminaron de manera prematura (2010, 2014) y la diferencia con el resto es enorme.

El récord era de Pablo Prigioni. El genio argentino registró 106 asistencias en 24 encuentros. Ricky batió la marca ante Serbia con 115 en 22. La muestra mejora con los partidos de Polonia y Australia: 21 asistencias en dos partidos para un total de 136 asistencias en 24 partidos. 30 más que Prigioni en el mismo número de encuentros. Es histórico.

Los Boomers sufrieron al Ricky de todo el Mundial. Es cierto, estuvo menos acertado que en otros encuentros (6/19), pero porque esta España es así. Juega con carácter, desde la experiencia y a través de la fuerza. Imponen la defensa y, marche como marche el partido, lo pelean hasta el final.

Australia dominó el rebote y el juego. Los de Lemanis impusieron el ritmo que querían y aun así Ricky fue un martillo pilón todo el partido. Porque ahora no puedes flotarle, no puedes permitir que sonría. Porque si lo hace has caído.

Decir que el partido del domingo no importa porque la Selección tiene el billete a los Juegos y medalla asegurada sería mentir. Es una final Mundial y España se merece estar ahí. La generación que vivió las finales Olímpicas pero no probó el oro Mundial merece estar ahí. Y Ricky es su líder, su referencia.

Sí que importa lo que transmiten los jugadores. Aquellos que traspasan el deporte y lo hacen más grande, porque se implican más y de otras maneras. Y Ricky Rubio, ocurra lo que ocurra el domingo y en el resto de su carrera, siempre será ese niño del baloncesto español, por mucho que creza. Ricky siempre será la sonrisa de España.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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