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Detroit Pistons

De estrella de Hollywood, a madurar en Detroit: Blake Griffin al completo

Blake Griffin, un hombre nuevo en Detroit
Getty Images

"Sí, fue campeón del concurso de mates y guardamos algunos otros espectaculares en nuestra memoria. Pero creo que su desarrollo como jugador y persona es lo que la gente debe respetar y apreciar. Los fans del baloncesto tienen bastante conocimiento, lo entenderán y esto se convertirá en su narrativa. Se convertirá en parte de su historia".

Ex-jugador, leyenda y ahora analista en NBA TV. Grant Hill fue el salvador que necesitaban los Pistons y sus aficionados a mitades de los 90. Una figura que guarda mucho en común con nuestro protagonista de hoy. Mucho más de lo que se pueda pensar une a Hill con Blake Griffin. Y para comenzar, esa cita, una que resume a Blake. Solo una parte. Y hay muchas.

Blake, un hombre maduro en Detroit

Comenzamos esta historia por su final, por el presente. Blake Griffin vive su primera temporada completa como jugador de los Detroit Pistons, con todo lo que eso conlleva. Un jugador acostumbrado a la más grande expectación, desde el ciclo universitario hasta casi una década en Los Angeles.

El Griffin de 2018 es una versión muy diferente al primer Blake que vimos más reconocido, el Blake de 2007 en los Oklahoma Sooners de la NCAA. Once años después asistimos a su interpretación más gloriosa. Un camino largo. Lleno de luces provocadas por los focos del talento que guarda y más de una ceguera por los enormes focos de una estrella en Hollywood, y sobre todo un camino plagado de oscuridad. De lesiones y capítulos para madurar.

Con 29 años y cerca de la treintena, el propio Griffin se confesaba ante el periodista Dan Woike. "Estoy feliz de que el traspaso se diese". Pese a que el comentario puede inducir al pique, no penséis mal. Blake no buscaba la confrontación con los Clippers o con Jerry West por traspasarle. Para nada. "Echo de menos a cierta gente y a los fans, pero era un momento para un nuevo comienzo. Estoy feliz de estar en Detroit". Y posiblemente Blake jamás ha sido más sincero. Necesitaba respirar nuevos aires.

Regresando a Grant Hill, que nos acompañará en buena parte del texto, hacía referencia junto a James Edward III en The Athletic a la personalidad de Blake. "Cuando estuve con él en Los Angeles se le veía como una referencia del deporte mundial, un famoso de anuncios y portadas, pero cuando pasas tiempo con él realmente descubres que tiene esos valores del Medio Oeste norteamericano. Blake es de Oklahoma, sus padres eran 'blue-collar' (término de habla inglesa que hace referencia a quienes trabajan en la parte más baja de la jerarquía de las empresas) y creo que esa personalidad del Medio Oeste se refleja en él. Cuando llegó a Detroit la gente decía 'Blake Griffin jugaba en Los Angeles, es una gran personalidad, muy comercial' y para mí es justo al revés. El encaje es perfecto en Detroit. Creo que se parece más al ambiente en el que creció y al que decidió quedarse cerca cuando fue a la universidad".

Un joven atleta en Oklahoma

Viajamos precisamente a esa etapa, al Blake Griffin universitario. El mítico ginger-hair era más pelirrojo que nunca, los granos de adolescente pintaban su cara y, pese a lo fuerte que estaba para la edad, aún quedaba mucho por llegar del atleta que veríamos más adelante.

Ante la opción de marcharse a enormes programas universitarios, Blake Griffin optó por uno muy potente pero cerca de casa. Blake se quedaba en Oklahoma y ya mostraba la madurez que pedimos en muchos futuros NBA hoy en día. Tras un buen primer año, decidió quedarse, desarrollarse y triunfar. La NBA ya estaba lista para él después de su temporada freshman, podría haber salido drafteado muy arriba sin problemas. Pero pese a que la NBA estaba lista para Blake, Blake no estaba listo para la NBA. Y fue muy inteligente al quedarse.

Aquel tremendo atleta dominaba con su simple presencia en pista. Le faltaba algo de inteligencia y muchísimo baloncesto. Era un destructor de aros y tableros. Ponía en aprietos a todos sus rivales, pero carecía de técnica. Pese a todo esto dominó la NCAA como sophomore, recibiendo entre otros el premio a Mejor Jugador del Año. Dejó grandes duelos con un futuro rival en la NBA, un tal Stephen Curry. Todo lo contrario en cuanto a baloncesto se refería en aquel curso 2008/2009.

El 18 de noviembre de 2008, Oklahoma y Davidson regalaron a los aficionados uno de los mejores partidos de la temporada. Blake y Steph se salieron. Cada uno en su estilo, cada uno dominaba a su forma y antojo. Ambos compartían un factor: eran una tortura para el rival.

"Todavía recuerdo todo su atletismo en términos de todo lo que era capaz de hacer saltando y atacando el aro. Blake ponía muchísima presión sobre nosotros durante toda la noche", recordaba Curry recientemente en The Athletic.

Aquel partido se lo llevaron los Sooners tras varios parciales, incluido uno de 23-4 para Oklahoma seguido de un festival anotador de Curry, triple en la cara de Griffin incluido. Un preludio de lo que años después veríamos entre Clippers y Warriors.

"Incluso en ese momento de su carrera ya veíamos como la ofensiva del equipo pasaba siempre por él. Estuvimos prácticamente todo el partido por delante y él solo lideró la remontada. Era una de esas noches en las que me pegaba mucho a él y sentía que estaba defendiendo muy bien. Y aun así te metía los tiros en la cara. Era muy duro", comentaba Griffin.

Oklahoma y Davidson quedaron fuera de la Final Four, pero tanto Griffin como Curry pasaron mucho tiempo juntos aquel fin de semana del 6 y 7 de abril de 2009. Tenían premios que recibir -en especial Griffin- y establecieron relación entre ellos y otros miembros de aquel Draft, como Tyler Hansbrough de North Carolina o la estrella de Arizona, un joven de 19 años de barba incipiente llamado James Harden. Recuerdan muchas risas y charlas en una furgoneta que les trasladaba en Míchigan de un sitio a otro.

"Ese fin de semana de la Final Four me permitió comprender su sentido del humor y cómo tenía los pies puestos en la tierra. Es muy fácil conectar con una persona así", cuenta Curry. "No voy a mentir y a decir que desde entonces hemos salido juntos un montón de veces, pero entendí cómo es Blake como persona. Fue muy divertido compartir esa experiencia del Draft 2009 y desde entonces existe un respecto especial".

No es casualidad que en el último enfrentamiento entre los Warriors y los Clippers antes del traspaso de Blake Griffin a Detroit, Curry fuese el primero en preocuparse por él. Recibió un golpe de JaVale McGee y cuando la jugada se detuvo, Steph fue el primero en acercarse.

En la NBA hemos disfrutado de muchos duelos calientes entre los Warriors de Curry y los Clippers de Griffin, en los cuales hemos visto la evolución de ambos equipos y jugadores.

Siete años siendo rivales de división dan para mucho, incluso para la última vez que vimos a los actuales campeones fuera de Las Finales. Fue en 2014, con Mark Jackson todavía en el banquillo de Oakland, cuando los Clippers vencieron en el Game 7 a los precoces Warriors de Curry, Klay y David Lee.

La nueva esperanza de los "pobres"

Nuevo viaje en el tiempo, esta vez al 23 de octubre de 2009. Una de las fechas más negras de la carrera de Blake Griffin. Después del Draft y como era de esperar, Blake salía elegido con la primera elección de ese año en dirección Los Ángeles, con la etiqueta de nueva promesa para el equipo pobre de LA.

Los Clippers se frotaban las manos con este atleta de mente madura por formar. Pero su negra leyenda se cruzaría en el camino de la promesa ese día 23. La pretemporada llegaba a su fin y Blake dejaba una acción contundente: defensa y mate al contragolpe.

Griffin se perdía los primeros meses de competición por ese crujido de su rodilla y la recuperación no progresaba. Hasta que en enero de 2010 los Clippers anunciaban que Blake pasaría por quirófano para solucionar sus problemas y se perdería todos los partidos de la temporada.

¿Qué hizo Blake durante esos meses? Trabajar en todo aquello que eran carencias para él. El bote y la mano izquierda mientras correr era imposible. El tiro de media distancia cuando pudo pisar de nuevo el parqué. Y así comenzar a paliar sus deficiencias técnicas.

"El juego sería mucho más fácil para él si aprendía a botar y lanzar. Creo que él mismo lo reconoció muy pronto", cuenta Grant Hill. "Teníamos un partido fuera de casa en el que él había jugado muchos minutos y con gran peso en el juego, aterrizábamos a las 2 de la madrugada y a la mañana siguiente el primero que estaba trabajando en el gimnasio era Blake. Esa ética de trabajo es la que da resultados con el paso del tiempo".

La preparación para su primera temporada real fue especial. Como cuenta Ramona Shelburne, Griffin pasaba muchísimas horas entrenando cada día. Ya con el permiso de los médicos y totalmente recuperado, quedaban un par de semanas para el training camp de los Clippers en 2010. Aun así, Blake era el primero en aparecer cada mañana por las instalaciones.

El sol apenas había salido y él ya estaba allí. Seis horas diarias de musculación, correr, movimientos al poste, tiro exterior, unos contra unos, tiros libres y un extra de técnica individual con el staff de los Clippers. Ese atleta que destacó en Oklahoma era cada vez más jugador de baloncesto.

El renacer de los Clippers a través de Blake

El objetivo era volver a los Playoffs. Solo en cuatro ocasiones lo habían conseguido desde su traslado en 1984 y el hombre para volver era Blake. Comenzó como Clipper con 20 puntos y 14 rebotes y rompiendo el récord de la franquicia de partidos consecutivos con doble-doble.

Registró varios triples-dobles. El primero de ellos, impresionante, con 33 puntos, 17 rebotes y 10 asistencias. Anotó 44 puntos ante los Knicks el 17 de enero de 2011 para poco después meter 47 ante Indiana.

Los récords y números de Blake Griffin en su primera temporada son para enmarcar. Realizó actuaciones ofensivas dominantes por medio de un juego simple y por pulir, con amplio margen de mejora. Aunque lo más recordado de esa temporada, en la que levantó el Rookie del Año, es este momento.

Un mate que en su momento impresionó enormemente. Un mate al que, si analizamos detenidamente, tiene más de comercial que de verdadero mate ganador de un concurso. Ni siquiera saltó por el punto más alto del coche, pero todo lo que había alrededor lo engrandecía. Y si Blake ya era popular, ganar el Slam Dunk Contest le convertía en una estrella mediática pese a ser este mate considerado uno de los más sobrevalorados de la historia del concurso.

El traspaso de Chris Paul en diciembre de 2011 trajo a los Clippers la estrella que faltaba al lado de Blake para alcanzar los Playoffs. Los éxitos colectivos parecían cuestión de tiempo según se desarrollase el juego de Griffin. Y esa era precisamente la siguiente y gran cuestión.

Viajamos de nuevo en el tiempo, a enero de 2013. Blake ya era dos veces All-Star antes de cumplir los 23 años. Dos participaciones en sus dos primeras temporadas y camino de la tercera en tres años. Algo al alcance de muy pocos elegidos en la historia de la liga.

Era sábado por la noche y los Clippers regresaban de un partido desde Texas en el avión del equipo. Una partida de cartas bastante silenciosa tenía entretenidos a varios jugadores. Blake se encontraba entre ellos, aunque prestaba más atención a su iPad. Griffin revisaba posesiones defensivas del último partido, una victoria sobre los Rockets en Houston por 107-94. El objetivo era mejorar en su gran laguna, el rendimiento atrás. Si técnicamente había aún mucho por mejorar y la evolución desde 2009 era notable, defensivamente quedaba más trabajo todavía por hacer.

Cada dos minutos paraba el vídeo, buscaba un compañero y comentaba la acción, en especial a su compañero de pintura, un veinteañero DeAndre Jordan. Esto era algo muy habitual en Griffin, estudiar todos los partidos y revisar cada acción. ¿Estaba situado donde debía estar? ¿Era el lugar que le había pedido su entrenador? Si la respuesta era negativa, ¿era culpa suya?, ¿qué podía mejorar? Así cada viaje, cada vuelo. Tenía 22 años y dos All-Star a sus espaldas tras una grave lesión de rodilla.

Una figura clave en su desarrollo fue Doc Rivers. El entrenador llegó a los Clippers tras su éxito en Boston y trató de hacer de Griffin su nuevo Kevin Garnett. Quería que en ataque fuese más que una fuerza bruta atacando el aro. "Estaba un día en las instalaciones y me dijo, 'quiero que sigas tirando y cuando estés en el poste, trabaja ahí, pero hazlo de frente, no creo que haya muchos en la NBA que puedan pararte si atacas de cara", cuenta Griffin sobre Rivers.

Doc le exigía más que nadie. Que trabajase en su bote y en su tiro, pero sobre todo que trabajase de cara, que limitase sus posesiones de espaldas al aro. Quería que siempre empezase dando la cara al rival y así llegó el primer Griffin dominante en ataque. Nadie le exigía tanto como Rivers en este aspecto ofensivo. Nadie salvo el propio Blake.

Ya en 2013 los especialistas hablaban de la evolución del 32 de los Clippers. Todavía por aquel entonces era un finalizador sin tiro ni poder de generación, que restaba en defensa y cuya versión se ajustaba más al Stoudemire más salvaje que a cualquier otro jugador. Todavía quedaban dos pasos más en su evolución. Este era solo el amanecer de la primera.

Solo un año antes, en 2012 y tras una temporada de 20,7 puntos y 10,9 rebotes por partido en su segundo año, se hablaba de un jugador atlético que producía mismatches sin parar. Eso sí, limitado como jugador de baloncesto. Se ponían de moda los cuatros abiertos y los interiores, poco a poco y en especial los considerados ala-pívots (posición "natural" de Griffin), se alejaban cada vez más de la canasta en busca de la versatilidad. Mientras tanto, Griffin lanzaba cerca de la mitad de sus tiros a menos de un metro del aro.

Era una estrella comercial y un talento en bruto. La duda era si el atleta terminaría siendo un destacado jugador de baloncesto que emplease esas armas físicas que tanto trabajo tenían detrás.

No tenía el tamaño para ser el nuevo Shaq y sus skills parecían muy limitados. ¿Alguien esperaba una evolución tan drástica viendo al Blake actual? Del 4-0 encajado ante los Spurs en los Playoffs 2012 a la victoria de los Clippers en el Game 7 en 2015 hay muchos factores, uno de ellos es la evolución en el juego de Griffin que tantas pesadillas provoca en los rivales.

Blake, volumen 2: generador y tirador

Griffin mostró mejoras en el bote y en sus movimientos en el poste. La transición mostró la mejora controlando la pelota y cada vez comenzaba más ataques de cara. La evolución del primer Blake, una mejor química con Chris Paul y, precisamente, la baja del base durante más de 20 partidos, favorecieron la que es su mejor temporada como jugador de los Clippers.

Durante la temporada 2013/2014 registró 24,1 puntos, 9,5 rebotes y 3,9 asistencias con un 53% en tiros de campo. Entre el 4 de enero y el 7 de febrero Paul estuvo fuera y ahí Griffin se marchó hasta los casi 28 puntos por noche con más de un 55% en el tiro. Una brutalidad a la que sumar sus primeros toques como generador, con 4,4 asistencias. Tuvo más balón y lo aprovechó para anotar más y mejor y, además, comenzar a dar juego a sus compañeros.

Una versión más madura de Griffin. Más centrado en defensa y ejerciendo de verdadero líder y referencia de un equipo de Playoffs. La temporada para el de Oklahoma fue gigante. Tanto que Blake terminó tercero en las votaciones para el MVP por detrás de los dos monstruos del baloncesto de esta década, LeBron James y Kevin Durant.

A sus 24 años la evolución era formidable. Nadie esperaba una progresión así, ni siquiera los Clippers que confiaron en él la primera elección de uno de los Drafts más cargados de talento de la historia. Cuatro All-Stars en cuatro temporadas y tercero en la carrera por el MVP. Nada parecía poder frenar la embestida de Blake en el camino a convertirse en una de las fuerzas de la naturaleza más poderosas jamás vistas en el baloncesto.

Nada, salvo las lesiones.

Un capítulo que parecía cerrar tras la mala fortuna de su (no) año 'rookie'. El mayor mal endémico del deporte regresaba en su contra. Y lo hacía para quedarse. Entre 2010 y 2014, Blake se perdió tan solo 22 partidos por lesión. Cifra muy baja, más teniendo en cuenta que la mayoría se dieron en 2012 por una lesión de mayor duración.
Entre la temporada 2014/2015, elegido para su quinto All-Star y en el que no puede participar por lesión, y la 2017/2018, temporada en la que es traspasado, Griffin se pierde 107 partidos de temporada regular de 328 posibles. Prácticamente un tercio de cuatro temporadas, fuera por diferentes y graves lesiones.

La suerte tampoco le sonrió en Playoffs. En las ediciones de 2016 y 2017 los Clippers caían en Primera Ronda, en buena parte por las lesiones de Blake. En 2016 se lesionó contra los Blazers en el cuarto partido de la serie, mientras que en 2017 cayó a los 18 minutos de partido contra Utah. No regresó en ningún momento de ambas eliminatorias.

El más oscuro capítulo de Griffin

Existe un tramo de la vida de Blake Griffin del que se sabe poco y que, de hecho, continúa en parte abierto. Relacionado con su carrera deportiva, las lesiones, el ambiente vivido en el vestuario de los Clippers y su relación con Brynn Cameron.

La mujer más reconocida que ha compartido una relación con Blake es la famosa modelo y personalidad Kendall Jenner, del clan Kardashian, favorito para los jugadores NBA y odiado por la mayoría de seguidores. De hecho, ahora Jenner sale con Ben Simmons y un aficionado de los Sixers quiere que se prohíba la entrada de Kendall al Wells Fargo Center. Su petición en Change supera las 10.000 firmas.

Regresamos a Blake Griffin y Kendall Jenner. Antes de comenzar con la modelo más cotizada del planeta Blake mantuvo una relación muy seria y formal. Tanto que llegó a comprometerse y planear una boda para julio de 2017.

El 29 de enero de este mismo año Griffin recibió la noticia del traspaso a Detroit como el resto de nosotros, por medio de Twitter. Mientras el revuelo provocado por su salida de Los Ángeles se centraba en lo que suponía para el Blake jugador y persona el movimiento, incluida su relación con Kendall, se pasó por alto lo ocurrido pocos días después.

Apenas dos semanas más tarde y coincidiendo con el conocido como día de los enamorados, los abogados de Brynn Cameron presentaron una demanda contra el patrimonio de Blake Griffin en la Corte Superior del Estado de California.

Esta demanda exponía que Cameron, mujer con la que Blake compartió durante años una relación sentimental, se encontraba "desahuciada y sin dinero" por culpa de Griffin y a cargo de los dos hijos que tuvieron, Ford Wilson y Finley Elaney, de 5 y 2 años de edad.

Los abogados contaban en la demanda que Cameron dejó su trabajo en una agencia de marketing "ante la insistencia de Griffin" para dedicarse al cuidado de los hijos y en apoyar la carrera deportiva de Blake. Acordaron vivir juntos, combinar sus ahorros y compartir propiedades. Formaron su familia y se prometieron para julio de 2017.

Los problemas llegaron un mes antes de la boda. Siempre según la demanda, Blake Griffin le presentó un nuevo acuerdo prenupcial a Cameron en el que estipulaba la separación de bienes, algo diferente a lo que habían acordado meses atrás. Brynn rechazó firmarlo y Blake retrasó la boda. Poco después fue visto por primera vez con Kendall Jenner.

La demanda expone que Griffin le dijo a su todavía entonces pareja que se marchaba un finde a su casa de Oklahoma para aclarar sus ideas. En realidad se marchó con Jenner durante varios días a Nueva York, con imágenes que les sitúan a ambos juntos. Poco después, Blake comunicó a Cameron que no tenía intención de seguir viviendo con ella y sus hijos. Brynn depende desde entonces de su hermano para sacar adelante a su familia.

El asunto no termina aquí. La demanda también describe cómo Griffin confiaba en Cameron como su apoyo en el día a día de la NBA. Después de los partidos discutían sus actuaciones y hablaban de la dinámica del equipo, incluida su creciente tensión con Chris Paul. Los Clippers eran el equipo de Blake desde que le draftearon, pero cada vez sentía más desplazado. Sentía que era menos "su equipo".

Griffin, según Cameron, tenía problemas para ser visto como el líder de los Clippers, mientras que Chris Paul era una presencia vocal muy destacada en el vestuario y ante los medios. Cameron consolaba a su pareja y le recomendaba que liderase a su propia manera. Cameron también le ayudó frecuentemente a ser mejor comunicador con sus compañeros y entrenadores cuando aparecían problemas.

La demanda cuenta que la relación entre el All-Star y otros compañeros llegó a ser tan tóxica que Doc Rivers tuvo que mediar disputas en reuniones en privado con varios de ellos. Griffin no sabía cómo manejar las situaciones que no iban como él quería y para cambiar esto Cameron hizo de coach de para mejorar sus problemas de comunicación.

Pese a que el propio Blake Griffin negó todas las acusaciones, el equipo de abogados de Cameron presentó diferentes pruebas que demostraban que entre 2014 y 2017 actuaron como un matrimonio e incluso se presentaban como "marido y mujer" en eventos sociales.

Una de las pruebas era una carta romántica de Griffin a Brynn que el mismo diseñó en una carta temática de las Tortugas Ninja para el Día de la Madre.

Existen decenas de correos de cuando Blake estaba fuera de la ciudad, mensajes y otras evidencias que se recogen en la demanda, que podéis consultar en Scribd. Y pese a negarlo y a salir pocas informaciones más sobre el tema, el pasado agosto Griffin fue ordenado a pagar una pensión de más de 3 millones de dólares anuales a Cameron para la manutención de sus dos hijos.

Durante sus primeras interacciones con Kendall Jenner, Blake firmó su renovación con los Clippers por cinco años y más de 170 millones de dólares. Parecía que su estancia en Hollywood iba para largo y así podría consolidar su relación con Jenner. Llamadlo karma o negocio NBA, pero el principal motivo de su ruptura con la modelo fue, precisamente, el alejamiento que produjo su traspaso a Detroit.

La parte de la demanda que hace referencia a los problemas con Chris Paul y el vestuario de los Clippers es mucho más verosímil ahora. En Houston, tras el incidente entre Paul y Rajon Rondo al comienzo de esta temporada, saltaron las alarmas ante la posible actitud tóxica de CP3 como líder. Visto ahora y con los problemas que se intuían en el vestuario, todo cuadra.

Lo más interesante a nivel deportivo de la demanda es que Cameron señala como Blake creía que todos esos problemas de vestuario y de química eran los que evitaban que los Clippers pasasen de equipo de Playoffs a verdadero candidato al anillo.

Blake al completo

El panorama para Griffin era desmotivador hace poco más de un año. Veía como su presencia en el vestuario menguaba, venía de años plagados de lesiones y rompía su relación con la madre de sus dos hijos.

Todo cambiaba en cuestión de semanas. Traspaso de Chris Paul a Houston, renovación millonaria y nueva pareja. Era lo que parecía el inicio de una nueva etapa. Del Grifin versión point-forward, de una versión de la que ya vimos toques anteriormente pero que las lesiones lastraron.

Sin Chris Paul la plantilla se confeccionaba para potenciar la faceta más técnica de Blake. Esa que hace unos años era tan limitada y algunos se pensaban si llegaría a desarrollar. Griffin comenzaba la temporada como el generador principal del equipo. Como el primer y más real base de los Clippers.

La evolución es evidente. Entre 2011 y 2014 el porcentaje de jugadas que Blake terminaba en asistencias se quedaban en el 18,7% y registraba un porcentaje de pérdidas del 12%. Entre 2015 y 2017, las asistencias se disparan a un promedio de 25,8% reduciendo las pérdidas hasta un 10,6%. Todo ello, con un uso de balón muy similar en los dos periodos (27,1% y 28,6%).

Su progreso en el tiro se vivió año a año. Si bien ya en la universidad lanzaba desde media distancia de forma poco habitual y con menos acierto, en la NBA se atrevía poco a poco.

De nuevo hacemos referencia a los periodos entre 2011 y 2014 y 2015 y 2017. En el primero más de un 40% de sus tiros llegaban a menos de un metro del aro. El triple representaba una parte ínfima de su juego, con apenas un 2% de los lanzamientos desde la línea de tres puntos, y la larga distancia suponía un 21% con un pobre 36% de acierto.

Entre 2015 y 2017 las cifras cambian según evoluciona su juego. Pasa a lanzar un 6% desde el triple, cifra todavía muy baja pero que sube cada temporada. A menos de un metro del aro define menos del 33% de sus acciones y la larga distancia aumenta con creces hasta un 37%, con una mejora en el porcentaje superior al 40%.

La temporada 2017/2018 supone la primera para Griffin en la que busca el triple de forma habitual. Pasa de lanzar 1,9 veces en la 2016/2017 a promediar casi 6 intentos con un razonable 35% de acierto.

El último vídeo corresponde al Clippers contra Pelicans del 28 de enero, encuentro en el que Blake Griffin anota 4 de 6 en triples. Encuentro que también suponía el último de Blake con la camiseta de los Clippers.

El 'shock' inicial por llegar a Detroit, o mejor dicho, por salir de Los Ángeles y dejar atrás la vida de estrella de Hollywood, es lo mejor que le ha ocurrido a Griffin. Su movimiento a Míchigan le distanció de Kyle Jenner y le ha centrado más que nunca en el baloncesto.

Los primeros meses eran de adaptación y con una plantilla descompuesta por el traspaso poco se esperaba. La prueba real llegaba en la temporada actual, a pesar de varias carencias importantes en el juego exterior del equipo y el despido de Stan Van Gundy, entrenador y GM que apostó por la llegada de Griffin a Detroit.

"Nuestra posición era sencilla. Lo más complicado de conseguir en esta liga es una verdadera estrella. Es muy complicado, ya sea en Agencia Libre o en traspasos. Vas a tener pocas oportunidades de hacerte con un cinco veces All-Star, un top 15 en esta liga. Tiene 28 años y, sí, conocemos su historial de lesiones, pero merece la pena el riesgo por el talento que estamos consiguiendo", decía Van Gundy en el primer entrenamiento tras el traspaso.

"Odio hacer comparaciones, y no estoy diciendo que sea justo ese jugador, pero su situación me recuerda a la de Kobe y Shaq. Kobe jugaba con uno de los mejores de siempre y compartía escenario y balón con él, algo que suprimía parte del genio de Kobe. Kobe tuvo la oportunidad de demostrar su 'show' por su cuenta", dice Hill. "Blake, hasta el momento, ha sido como la segunda pieza y no ha tenido la oportunidad de demostrar toda su grandeza. Ahora no creo que exista duda alguna sobre que Blake es el líder y la referencia en este ambiente y equipo. Pertenecen a Blake".

Si en Los Angeles existían dudas sobre quién era el líder o al menos Griffin se sentía desplazado, en Detroit no hay lugar. Varios son los compañeros que alaban el rol de Blake como líder, incluso su nuevo entrenador Dwane Casey.

"Es un All-Star. Un All-Pro. Cuando los equipos le hacen el dos contra uno siempre toma la decisión correcta. No sabía que su IQ alcanzaba niveles tan elevados. Ve situaciones antes de que ocurran. Su fortaleza mental es como pocas que he visto. Payton, Garnett, Nowitzki… Esa es la fortaleza mental de Griffin y estoy muy contento de poder entrenarle".

Blake es el líder y el jefe de los Pistons. Y Hill tenía razón. Encaja mucho mejor en la cultura de Detroit, donde se instala como referencia para toda la comunidad. Es uno de los mayores talentos que jamás han tenido pese a llevar menos de un año en Míchigan.

"No es una falta de respeto hacia el resto de leyendas de los Pistons, pero hablamos de un gran All-Star. Un jugador de nivel élite. Ahora la pregunta es obvia, ¿qué puede hacer como Piston? Justo estaba con Isiah Thomas el día que anotó 50 puntos y después de entrevistarle lo hablamos. Es una de las más grandes exhibiciones en la historia de los Pistons", cuenta Hill.

Aquella noche vimos a un Blake de fantasía. Destrozando a su antojo una defensa de auténtica élite con Joel Embiid delante, firme candidato a MVP y Defensor del Año. El día que se reivindicó como Piston.

"Esa actuación es la que cimienta su legado como Piston. Fue aceptado y fue su momento de conexión con la 'fan base' de Detroit. Abrazó la cultura", añade Grant.

Lo cierto es que ahora mismo vemos al mejor Blake Griffin jamás soñado. Quizás las piernas salten menos que antaño. Quizás los salvajes mates sobre Perkins, Mozgov o Gasol queden en el pasado. Y es muy posible. Pero hemos ganado un talento soberbio para jugar al baloncesto. Un motivo para quedarse en vela durante la madrugada.

Al igual que Hill en su día, el talento más icónico para Detroit en los 90, Griffin es ahora el salvador de la Motor City. 20 años después y en un rol muy parecido, Blake quiere volver a ser All-Star, distinción que no consigue desde 2015, y quiere volver a ser candidato por el MVP, que tras su tercer puesto en 2014 y el octavo de 2015 se queda fuera de los más votados.

Griffin es el salvador de los Pistons, como lo fue Hill en su día. El reflejo asesino de su cara en todos los partidos lo demuestra. Solo las lesiones lastran una carrera que todavía puede ser legendaria.

"Hemos sufrido lesiones y creo que tenemos eso en común, nos costó explotar. Pero cómo ha expandido su juego, el tiro de tres… Es una locura", cuenta Curry. "Es imposible volver de tantas lesiones a ese nivel sin una mentalidad y una ética de trabajo muy duras".

A cierre de líneas los Pistons marchan 13-8, cuartos en el Este y con Blake en modo MVP gracias a sus 24,6 puntos, 9,2 rebotes y 5 asistencias por partido. Lanza más de 6 triples de promedio con un 36% de acierto.

Griffin jamás se ha sentido más cómodo y, fuera de Oklahoma, Detroit es lo más parecido que ha encontrado a un hogar. Toca disfrutar de la mejor versión, de un atleta que ha aprendido a jugar maravillosamente al baloncesto. Toca disfrutar de Blake al completo.

*Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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