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Dallas Mavericks

Las raíces europeas de los Mavericks: la leyenda Dirk Nowitzki da paso al fenómeno Luka Doncic

Cuando el primero nació en Würzburg (castellanizado Wurzburgo) el 19 de junio de 1978, Alemania estaba aún dividida en dos. Al sureste de la RFA natal de Dirk Nowitzki, en los Balcanes, se encontraba Yugoslavia. Territorio que se quebró en la década de los 90 poco después de la caída del muro de Berlín y de la reunificación alemana. Cuando Luka Doncic vino al mundo en el último día de febrero de 1999 lo hizo en Liubliana, capital de la ya independizada Eslovenia.

Unos días antes del alumbramiento de Luka, Dirk daba ya sus primeros pasos en una NBA cuya temporada posterior a la segunda retirada de Michael Jordan (la 1998-99) se postergó hasta el 5 de febrero del 99 por el cierre patronal (lockout). Meses antes, en el Draft de 1998, Nowitzki recalaba en los Mavericks tras ser escogido en el número 9 por los Bucks de Milwaukee en una ceremonia que se celebró en junio en Vancouver.

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20 años después, en Nueva York, Doncic efectuaba su desembarco en la Liga. También recaló en Dallas. Como en el caso del ala-pívot alemán, fue drafteado por un tercero. Los Atlanta Hawks apostaron por él como número 3 del Draft.

Dos décadas después, los Mavs se volvían a poner en manos de un europeo. La trayectoria previa a la NBA de ambos coincide en el hecho de que ninguno pasó previamente por la universidad. Los dos se formaron y desarrollaron en Europa. Aunque dentro del Viejo Continente, las diferencias son notables. Dirk era una mera promesa cuyo bagaje se reducía a una andadura en el club de su ciudad natal en la segunda alemana (Bundesliga). Cuando Luka desembarcó el pasado verano en Estados Unidos lo hizo ya convertido en una estrella con el MVP de la Euroliga y la Liga Endesa bajo el brazo.

Nowitzki o el Renacimiento del ala-pívot

Los inicios de las carreras de Nowitzki y Doncic son polos opuestos. Tampoco tiene nada que ver la cultura de juego que marcaba el estilo a finales de los 90 con la actual. He aquí la importancia del alemán. Una figura que, junto a Tim Duncan y Kevin Garnett, cambió para siempre la posición de ala-pívot. Un trío que simboliza el interior ágil, capaz de ensanchar el campo con su muñeca. El primer eslabón hacia el small ball que marca la filosofía hoy en día preponderante.

Ahora apenas encontramos ejemplos de jugadores que sean capaces de sobrevivir sin tiro exterior. Pero antes de la llegada de Dirk, el único siete pies (213 centímetros) que había logrado al menos 25 triples en una misma temporada era Arvydas Sabonis. Salvo en su curso rookie, marca que el alemán ha superado con creces en sus siguientes 20 campañas en la Liga. Desde entonces, otros 30 gigantes (Dirk incluido) han alcanzado al menos esta marca en una ocasión. Es más, hasta 17 jugadores que alcanzan los siete pies han cantado bingo en 25 ocasiones en el presente ejercicio.

Nowitzki abrió el camino. Como cuatro abierto que castiga a la defensa rival desde más allá del arco (está a 40 triples de los 2.000 en temporada regular), pero también sumando desde la media distancia. Hay otro dato muy llamativo que extraemos de un artículo firmado por Tim MacMahon en la ESPN con datos aportados por ESPN Stats&Info. 5.568 tantos ha convertido desde el midrange. Nadie ha sumado tantos desde la llegada del alemán a la NBA.

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Y es en esta zona del campo en la que su característico fadeaway a una pierna quedará para siempre grabado en nuestras retinas. Lanzamiento marca registrada cuyo principal valor, más allá de su enorme efectividad, es su sencillez. El arte de hacer parecer fácil lo difícil. Como los más grandes, Robin Hood pasará a la historia, entre otros muchos motivos, con un movimiento patentado.

Deshojar la margarita: retirada o seguir

En principio nos encontramos ante su última aventura en una NBA en la que, no olvidemos, aterrizó en el siglo pasado. Las 40 primaveras pesan ya en las piernas. Él se ha encargado de repetir por activa y por pasiva que será el estado de su cuerpo el que dicte si cuelga las botas esta primavera o, por el contrario, continúa un año más. De hacerlo, que nadie se engañe, no lo hará para ser protagonista sobre el parqué o para robar minutos a los jóvenes. Tampoco para firmar un último contrato profesional. Podría ganar más dinero como comentarista, analista o ayudante de cualquier cuerpo técnico. De seguir, lo hará con la misión de ayudar a una ciudad y a un equipo que se lo han dado todo. Y viceversa.

¿Cómo? Como mentor. Su experiencia y conocimiento son de un valor incalculable. Más aún si la bandera de los Mavericks la van a asumir dos jóvenes talentos europeos formados, como él, lejos de Estados Unidos.

No hay un nexo como el del alemán entre Doncic y Kristaps Porzingis con la cultura y mentalidad de los Mavericks que conquistaron en 2011 el anillo y que durante doce temporadas consecutivas (15 en 16 años) disputaron los playoffs. Lo advirtió el propio Mark Cuban el día en el que presentaron al gigante letón. "Con ellos no cometeré el mismo error que cometí con Nowitzki y Steve Nash", proclamaba el propietario de los Mavs a Marc Stein (The New York times) en los primeros días de febrero de 2019. Pocos se acuerdan, pero el base canadiense aterrizó en Dallas en la misma operación que permitió a los Mavs hacerse con el alemán.

Luka Doncic, un primer año para la esperanza

A Porzingis no le hemos visto aún compartir pista con el alemán. Pero sí junto a Luka. 250 minutos por el momento que dentro de no muchos nos sabrán a poco. Un Doncic que está a 71 puntos de convertirse en el novato europeo con más puntos de siempre. Honor que por ahora presenta Pau Gasol. Batir ese récord supondría un buen comienzo de cara a superar algún día a su mentor alemán en la lista de máximos anotadores de siempre. "Tengo mucho camino por delante. Es sólo mi primera temporada, pero no hay nada imposible. Espero que las lesiones me respeten. No hay nada imposible", repetía, sonriendo ,el esloveno.

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Pero Luka sabe que esa es una mera distracción. Su hambre y ambición concuerdan con la de los Mavericks. El deseo de franquicia y jugador es conquistar la NBA. En Dallas saben que es un reto ambicioso, pero no imposible. Dirk Nowitzki ya demostró el camino. Un anhelo que ahora han depositado en un chico tímido de Liubliana que creció viendo jugar a un teutón rubio de Würzburg. De la sobriedad y fiabilidad alemanas al genio y talento de los Balcanes. Las raíces europeas de Robin Hood han dejado un poso imborrable en Dallas.

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