Juegos Olímpicos

El último y amargo baile de Pau Gasol

Verle en el banquillo resultaba doloroso. El correr de los minutos anunciaban el presagio ya conocido. Caeríamos de nuevo ante Estados Unidos, el verdugo en rondas de eliminación de cada uno de los Juegos Olímpicos desde el año 2004. No siempre pueden celebrarse victorias, aunque el simple hecho de estar presente ya era un triunfo personal y un regalo para el resto. La despedida de Pau Gasol en estos Juegos Olímpicos Tokio 2020 es amarga, dolorosa incluso, y así nos permite comprender y valorar en su medida todo lo acontecido desde hace dos décadas.

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Pau tiene 41 años. Estar en unos Juegos Olímpicos es algo inusual para esa edad. Es más, él y Luis Scola, otra leyenda que se despide en la misma jornada, son los únicos jugadores de la historia del baloncesto en disputar una cita olímpica con esa edad. Veteranos, leyendas y lejos de sus mejores tiempos, pero su simple presencia arroja más calor que la convocatoria de medio país.

A diferencia de Scola, la evolución del baloncesto hizo daño al final de la carrera de Gasol. Mientras el argentino, en un gran estado físico, pudo adaptarse a la perfección al baloncesto moderno y versátil, el de la línea de tres y la reducción de las posesiones al poste, el bajón físico de Pau coincidió con un nuevo estilo que chocaba de forma directa con sus virtudes y resaltaba las carencias. Un jugador kilométrico, lento, sin la fuerza de antaño en el poste y que, más por obligación que por placer, se abría al triple.

En su día Pau ya criticó esta evolución del juego. Referencia como pocas en el juego al poste bajo, de duras batallas contra pívots en interminables bosques de brazos. Ese baloncesto queda atrás, ya es de otra época. Incluso en el basket FIBA, ese que todavía permite utilizar a dos pívots juntos en función del rival, el uso del espacio y el ritmo son capitales. Y en ese desarrollo del baloncesto, contrario a lo mejor de Pau, llegaron los peores problemas de lesiones de toda su carrera.

Comenzó la temporada 2018-2019 con 38 años. El final estaba cerca, era evidente, pero no conocíamos la hoja de ruta. Disputó 27 minutos en San Antonio con los promedios más bajos de toda su carrera (12,2) en una rotación en la que no tenía cabida. El pie izquierdo hacía daño, aunque lo peor vino en Milwaukee. Cuando apuntaba a refuerzo jerárquico e influencia positiva para el inexperto vestuario de los Bucks, Pau cayó tras apenas tres partidos.

Pau se operó a comienzos de mayo por una fractura por estrés en el hueso navicular de su píe izquierdo, según informaron los Bucks. Era baja para el resto de temporada y para el Mundial de China 2019, todo con una lesión difícil de diagnosticar, de tratar y de recuperar.

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Ese julió saltó la sorpresa: Pau firmaba por los Portland Trail Blazers. Costaba ver al español aportando de nuevo en una pista NBA por el frenético ritmo y su maltratado cuerpo. Y además, los Blazers tampoco parecían el destino ideal. Sin embargo, el destino no nos permitió comprobar las teorías. Gasol ni siquiera llegó a debutar y fue cortado en noviembre por problemas en la recuperación.

Antes de que llegase la pandemia el debate estaba servido. ¿Llegaría Pau a los Juegos? Y de hacerlo, ¿en qué condiciones lo haría tras prácticamente dos temporadas en blanco? Su nombre caía en cierta sensación de olvido ante el auge del Marc Gasol campeón, del Ricky Rubio MVP y de la nueva hornada española. Solo hablábamos de Pau para comentar su lesión, una de la que apenas teníamos detalles o imágenes. Llegamos incluso a pensar que ya habíamos visto sus últimos minutos sobre una cancha de baloncesto.

Pero Pau nos demostró una vez más que el verdadero carácter se muestra en los momentos más complicados. Las batallas más crueles están reservadas para los guerreros más capaces, y en España ninguno le supera. Trabajó en la vuelta mientras lidiaba con la pérdida de su hermano por elección, Kobe Bryant, y mostraba un compromiso familiar con Vanessa que a todos nos hacía emocionarnos. Ejercía de tío para una familia rota por la desgracia mientras luchaba con sus demonios internos, esos que le decían que no volvería a jugar al baloncesto.

Y de nuevo, Pau nos demostró que estábamos equivocados. Buscó por todas las vías regresar a la NBA. Dio una entrevista a Zach Lowe en la que pedía abiertamente la oportunidad. Lowe, uno de los mejores analistas del juego, está lejos de ser el perfil de periodista que tiende a entrevistar personajes y contar historias personales, pero en este caso lo hizo. Gasol quería volver a la NBA y especulamos con los Lakers, con el reencuentro con Marc en Hollywood y con la fantasía de buscar el back-to-back con LeBron James.

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Pero ahí entra la lógica, esa que tantas veces el propio Pau ha desafiado. Podemos luchar, pero el tiempo es un factor inmutable. Pasa por todos, aunque casos como el de Gasol ejemplifica que su efecto es distinto según la persona. Sin embargo, con 40 años no estaba para aportar y tener minutos en la NBA. ¿Quién le daría la oportunidad? Un equipo del fondo, en reconstrucción, preferiría darle tiempo de pista a un joven. Y un conjunto de Playoffs no arriesgaría una plaza de la rotación en Pau. Era imposible.

Y de nuevo, Pau calló muchas bocas. La vuelta a Barcelona ilusionaba. Era como tener de vuelta una fantástica atracción que en su día se marchó de gira antes de alcanzar su esplendor. De vuelta, dos décadas después, las piezas estaban desgastadas y la carrocería había quedado algo anticuada, pero seguía despertando las emociones de niños y mayores. Lo que muchos no esperábamos era que acompañase la gira emocional con un rendimiento notable.

Porque esa fue la realidad. Pau regresó cerca de los 41 años y con más frescura de piernas que jugadores de menos edad. Incluso podemos decir que estaba mejor físicamente que Marc, que a los 36 años lleva dos temporadas complicadas y de altibajos en la liga. El anillo y el Mundial de 2019 todavía pesan.

El mayor de los Gasol nos regaló así su último baile. Decisivo en Euroliga y comprometido en ACB al máximo, lanzándose al suelo a por balones en la última jornada de temporada regular, cuando el Barcelona no se jugaba nada. Pau emocionaba con esas acciones. Era delicioso verle así tras dos años de parón.

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Entonces veíamos eso, la vuelta a las pistas de nuestra leyenda, pero no vimos el trabajo oscuro. Para llegar a ese punto Pau pasó por lugares oscuros. Momentos complicados a nivel personal. Baches que dudó si llegaría a superar, porque dudar es humano, y por mucho que sea nuestro superhéroe favorito Pau es de carne y hueso. Sangra como todos los mortales pese a que nos haya conducido al olimpo del deporte.

Pau se marcha de los Juegos 2020 con 14, 17, 15 y 6 minutos respectivamente. Se quedó sin anotar ante Estados Unidos y tampoco pudimos verle jugando en la segunda mitad. Era doloroso el paso de los minutos y comprender que se acercaba el final, con un Gasol impotente en la banda. La rabia de ver a una leyenda del deporte despedirse así hace daño, más cuando las esperanzas estaban depositadas en despedirse con un metal al cuello.

Sobre la gestión de los Juegos o el rendimiento del equipo podemos hablar otro día. Perder ante Estados Unidos es normal. Algo evidente cuando juegan tan bien como hicieron en el duelo de cuartos de final. La derrota ante la Eslovenia de Luka Doncic es la que escuece, la que provocó el adelantado duelo frente al Team USA, el único muro que Pau jamás pudo tumbar.

Sin embargo, por mucho que la pena inunde nuestros corazones, por mucho que pensemos que jamás tendremos otro jugador así, este viaje de dos años de Pau deben servirnos para valorar lo que hemos disfrutado durante dos décadas. No se trata solo de la mejor generación de baloncesto de nuestro país, sino de una de las mejores generaciones deportivas de la historia. Por éxitos obtenidos, sentimientos provocados y una forma propia de hacer las cosas. Y Pau está en el centro de todo ello, por mucho que La Familia les englobe a todos.

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La despedida de Pau, este último baile, deja un sabor amargo por los 6 minutos ante Estados Unidos, la falta de canastas y la no ovación final que sí tuvo Luis Scola en el duelo entre Argentina y Australia. Y es precisamente este molesto trago el que debe servirnos. Gasol hizo un viaje largo y de tramos oscuros para llegar a este momento. Durante toda la gira de preparación ha hecho énfasis en el disfrutar del día a día, de los compañeros y de los entrenamientos. Bajar a los infiernos le hizo apreciar más si cabe cada pequeño detalle, y es que quizás la clave de la vida esté en eso, en alegrarse de lo cotidiano.

Como dice Andy Bernard en el final de "The Office", ojalá hubiese una manera de saber que estás viviendo los mejores momentos de tu vida antes de que estos queden en el pasado. Gracias por tanto, Pau. Por las risas, las lágrimas, la emoción desmedida y la pena. Gracias por todo.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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