NBA

Rating ofensivo: evolución, futuro y análisis de una métrica clave de las estadísticas avanzadas

El final de la interminable temporada 2019-2020 en el idílico paraje de Walt Disney World sirvió para confirmar algo que se venía fraguando antes de la suspensión en el mes de marzo. Los Dallas Mavericks estaban siendo una de las grandes historias del curso, primero por una cuestión derivada de la irrupción de Luka Doncic, segundo por el altísimo rendimiento que el equipo venía teniendo en cuanto a eficiencia ofensiva. El desembarco de Kristaps Porzingis y el adiós de Dirk Nowitzki propiciaron que Rick Carlisle apostase definitivamente por un cambio en el estilo de juego que tuvo como consecuencia un crecimiento descomunal en su rating ofensivo hasta alcanzar una cima nunca antes vista en la NBA.

Con un registro de 116,7 en offensive rating, los Dallas Mavericks se convirtieron en el primer equipo en romper la barrera de los 115, algo que solo alguno de los conjuntos más destacados de todos los tiempos pudieron conseguir.

Mejores ratios ofensivos hasta 2019

Temporada Equipo Ratio ofensivo Ratio defensivo Posesiones
2018-19 Golden State Warriors 115,9 109,5 100,9
2018-19 Houston Rockets 115,5 110,7 97,9
2016-17 Golden State Warriors 115,6 104,0 99,8
2009-10 Phoenix Suns 115,3 110,2 95,3
1995-96 Chicago Bulls 115,2 101,8 91,1
1994-95 Orlando Magic 115,1 107,8 95,1
1991-92 Chicago Bulls 115,5 104,5 94,4
1987-88 Boston Celtics 115,4 109,4 97,9
1986-87 Los Angeles Lakers 115,6 106,5 101,6
*Datos vía Basketball Reference

Sin embargo, entrados en esta atípica campaña 2020-2021 donde los partidos se suceden día sí día también, en el que los estadios apenas tienen aficionados y el calendario se ha comprimido al máximo, el ratio ofensivo de buena parte de los equipos se ha disparado. Lo que se había costado 70 años en ser superarado, en este curso tenemos actualmente a cinco franquicias por encima de 115 de ratio ofensivo. A saber, Denver Nuggets (116,6), Utah Jazz (116,7), LA Clippers (116,9), Milwaukee Bucks (116,9) y Brooklyn Nets (117,9).

Esto, que puede parecer una curiosa casualidad, es fruto de un proceso iniciado hace 20 años con el comité Colangelo, cuyo objetivo no fue otro que descongestionar la pintura, haciendo más vistoso el juego y salvándole de la era de oscuridad que se había visto sumido en la década de 1990. Así, progresivamente, con los diferentes cambios introducidos a lo largo del tiempo (eliminación de la defensa ilegal, norma de los 3 segundos defensivos o los 14 segundos de posesión tras rebote ofensivo) se fue construyendo un horizonte en el que el ataque iba a recuperar su esencia creativa y preponderante en el juego.

Dicha evolución ha alcanzado un estadio desconocido y de crecimiento absoluto, abrazando el triple como seña de identidad y ampliando las zonas de juego hasta alcanzar extremos espaciales donde las posiciones clásicas han perdido su razón de ser. Todo ello secundado por una serie de razones objetivas, representadas por las estadísticas avanzadas, aquellas métricas que vienen a desglosar todo lo que sucede en el campo y que un simple boxscore no alcanza a reflejar. El uso, asentamiento y desarrollo de estos cálculos así como la tecnología que permite avanzar en otras áreas como el tracking, ha resuelto innumerables cuestiones que anteriormente se relacionaban bien con el azar o no se tenían siquiera en cuenta.

De las doce temporadas a lo largo de la historia en la que la media de ratio ofensivo de la liga ha sido superior a 108, cinco de ellas han sido las últimas 5 fases regulares (2017-2021) y todas ellas en ascenso, pasando de 108,6 a 112,0. El crecimiento cada dos años de promedio viene siendo alrededor del 9%, lo que de mantenerse en esta tendencia, para la 2022-2023 la media de la NBA en rating ofensivo podría llegar a ser de 114.

Este tramo en concreto representa el periodo de mayor eficiencia y excelencia en términos estadísticos de todos los tiempos. Pero, ¿a qué se debe este repunte concreto de 2021? ¿Qué conclusiones podemos sacar de ello? Y, ¿hace falta modificar algo de las actuales fórmulas para medir la eficiencia ofensiva?

Las razones para este florecimiento del ratio ofensivo son muchas y muy variadas. "Por un lado, la mayor entrega colectiva a modelos ofensivos de máxima productividad, gobernados por los estilos más eficientes de atacar y todo lo que estos sostienen", dice Andrés Monje, analista NBA y periodista especializado en cuestiones de estadística avanzada. "Se vive una evolución del desequilibrio ofensivo construido a partir de, en primer lugar, su propio crecimiento y -en segundo- la falta de respuesta defensiva ante lo que se propone. A medida que más y mejor se estira la pista a través de la amenaza del tiro de tres tras bote y la irrupción de formatos muy versátiles en ataque, que dominan cada vez mejor la triple amenaza (pase, bote, tiro) y no se ven penalizados en defensa, el poder ofensivo cobra mayor protagonismo", comenta.

"Es la era con más cantidad de recursos 'generalizados' de la historia. Si unimos ese factor al conocimiento y aplicación sobre productividad que tienen las franquicias, el resultado es el actual", explica sobre el estado actual del juego.

Uno de los puntos clave para comprender el actual contexto de explosión ofensiva que atraviesa la NBA pasa por la distribución de los tiros de campo, los cuales cada vez están más polarizados, es decir, se focaliza en los aledaños del aro así como alrededor de la línea de tres. Desde el comienzo del siglo XXI la media de tiros de campo por encuentro en la NBA ha ido en ascenso, estableciéndose entre los 79 y los 81 intentos, algo que ha ido in crescendo desde 2013, momento en el que el triple empieza a ganar más presencia en el reparto de lanzamientos. Si en el año 2000 el porcentaje de triples respecto a los tiros de campo era del 16,6%, 13 años después ya era del 24% y en este 2021 la cifra asciende al 39,4%. Casi 4 de cada 10 ataques finalizan en un triple, lo que no solo incrementa los marcadores, sino que da un impulso al ritmo, favoreciendo por ende un mayor volumen de rebote disponible.

"En general, los equipos está mejorando su eficiencia, principalmente a partir de un mayor acierto en el triple (34 de las 250 temporadas más eficientes individualmente están sucediendo en la 20/21)", cuenta Ander Isuskiza, especialista en estadística avanzada y profesor universitario en Big Data. "Se habla de que la ausencia de aficionados puede reducir la presión sobre los lanzadores. También parece que hay una tendencia a la baja en pérdidas de balón".

El aprendizaje y la familiarización con las nuevas tecnologías y métricas avanzadas ha hecho que las diferentes franquicias construyan sus plantillas sobre jugadores que cumplan funciones relacionadas con estadísticas muy concretas. Esto favorece que puedan gozar de cierta ventaja respecto a sus competidores en una sinergía en la que el ataque no para de retroalimentarse en la NBA. En ese sentido, la evolución del ataque no tiene que ver únicamente con el hecho de lanzar más triples, sino que es fundamental tener en cuenta otros factores como el rebote, tanto ofensivo como defensivo.

"En la ecuación de la eficiencia ofensiva, se miran los puntos por posesión, y para calcular las posesiones, se miran los tiros de campo más las pérdidas, y se le restan los rebotes ofensivos", analiza Adrià Arbués, doctorando en Computer Vision and Machine Learning Techniques aplicadas al baloncesto y el fútbol. "Una jugada donde un equipo falla dos veces, captura dos rebotes ofensivos, y termina anotando, se puede resumir en tan solo una posesión aunque haya habido 3 tiros; así que, si no tienes un ataque con alto porcentaje de tiro efectivo, tu prioridad debería ser atacar el rebote ofensivo (y/o reducir al máximo las pérdidas). La imposibilidad de lanzar varias veces en un solo ataque, disminuye la eficiencia grupal".

En resumen, el juego en la NBA ha evolucionado más y ha cruzado más barreras en los últimos cinco años que en las últimas dos décadas.

Es importante mencionar que en todo este proceso se ha llegado a un punto en el que las métricas avanzadas han ayudado a que haya una mayor presencia de alineaciones pequeñas que permitan a los equipos jugar abiertos. Ya no es tanto una cuestión de Small-Ball sino de Spread-Ball o Sprawl-Ball, como acuñó Kirk Goldsberry, y que se basa más bien en que los cinco integrantes del equipo jueguen abiertos a que su tamaño sea reducido.

Volviendo al caso concreto de los Mavs, no se puede dejar de lado el hecho de que la 2019-2020 no fue una temporada al uso. Suspensión de la Fase Regular en marzo, un largo periodo de pausa de la competición, una reanudación con solo 22 equipos y el hecho de que no se jugaron los 82 partidos programados hacen que la comparativa con años previos no sea del todo objetiva.

"Los Mavs terminaron con el ataque más eficiente de la historia, pero les faltaron 7 partidos de Fase Regular y en Playoffs solo disputaron una serie de 6 partidos ante Clippers", recuerda Arbués. "Por si fuera poco, los seeding games en la burbuja también se caracterizaron por tener una eficiencia ofensiva más alta que la media (113 en Orlando, 110 durante la parte previa de Fase Regular). Los Mavs eran un equipo que jugaba sin presión y, como todos, sin público. Así que, aunque el frío dato nos diga que fueron el equipo más eficiente en ataque de la historia, quizás lo debemos archivar con un asterisco".

Un razonamiento que podría extenderse al actual momento, en el que los aficionados en los estadios van con cuentagotas, donde, con suerte, los equipos disputarán 72 partidos y en el que el calendario ha sido modificado respecto a temporadas anteriores, teniendo las franquicias más encuentros ante rivales de su División y Conferencia por cuestiones sanitarias.

Con este contexto es legítimo hacerse una pregunta, ¿es preciso revisar la fórmula del offensive rating dado el momento de explosión ofensiva?

"No necesariamente, por un motivo. El Rating Ofensivo computa productividad por posesión y, en el fondo, será ese el elemento a valorar para determinar cómo de bueno es un ataque: cuánta anotación directa produces por posesión", expone Andrés Monje. "A partir de ahí puedes buscar ventajas indirectas (por ejemplo: no he anotado pero he sacado una falta personal al rival, lo que me acerca al bonus) u otras relacionadas con el éxito de la productividad (computar la calidad del tiro que obtienes, aunque este luego pueda fallarse, para tratar de incidir en él o dar una idea sobre la construcción del ataque y no solo la ejecución). Pero de forma directa creo que la anotación por posesión seguirá teniendo valor".

"Lo que sucede es que el abuso y dominio del triple, en tendencia al alza, genera situaciones de una gran producción. Y por tanto ese índice se dispara. Pero refleja simplemente la realidad de la que época que se vive: una en la que se ven los ataques que más producen por posesión en la historia", finaliza el co-director de El Reverso.

Mientras, Adrià Arbués le da la vuelta a la pregunta.

"Si el objetivo es hacer un ranking de equipos de una misma liga y ver cuál de ellos es el más eficiente, se pueden realizar las comparaciones deseadas sin necesidad de utilizar nuevas fórmulas, ya que todas las métricas se habrán sacado en igualdad de condiciones", plantea. "Si el objetivo es, como en este caso, ver la evolución ofensiva en términos de eficiencia de los Dallas Mavericks, e incluimos estadísticas de varias temporadas, quizás se pueden normalizar los datos. Para esta situación determinada, como no soy para nada partidario de cambiar las fórmulas de la literatura, se podría utilizar una métrica simple de obtener como el Adjusted Offensive Efficiency Ratio, donde se divide el OER de los equipos por la media de OER de la liga, introduciendo así un poco más de contexto. También se podría entrenar un modelo simple, por ejemplo de regresión logística, pero para casos genéricos y de fácil acceso, quizás una simple operación aritmética nos puede servir".

Del mismo modo, Ander Isuskiza rechaza que haya ningún problema con la fórmula. "No creo que haya que cambiar nada. Al final, el rating mira la eficiencia posesión por posesión", señala. "Es una realidad que el juego ofensivo está mejor optimizado hoy en día y así aparece reflejado. Y si cambias la fórmula y favorece a los ataques de hace años, estaríamos faltando a la verdad de forma artificial".

La apertura al gran público a este tipo de datos gracias a plataformas como NBA Stats o Basketball Reference ha abierto un universo de posibilidades a buena parte de analistas para ampliar su perspectiva y abordaje de cuestiones relativas al juego. Sin embargo, métricas como el offensive rating son solo la punta del iceberg de una rama del conocimiento del baloncesto a nivel estadístico ya que las franquicias, ingenieros de datos y compañías especializadas trabajan con parámetros muy distintos a los que el resto de mortales pueden llegar a conocer.

El hecho de segmentar al máximo cualquier parcela para conocer todo sobre esta sirve no solo como un ejercicio de introspección u observación del rival, sino también como algo que aumente la muestra de datos disponible a la que acceder, ya sea en el presente o de cara al futuro.

"El rating ofensivo seguirá teniendo validez pero sí creo que los matices dentro del mismo son muy necesarios", dice Andrés Monje. "Por ejemplo, creo que -ya hoy- es conveniente conocer y dar voz a registros de rating ofensivo a media pista, para situaciones de ataque cinco contra cinco. Ese ejemplo puede aislar, en su caso, la transición de la fórmula, lo que reduce el impacto y permite estudiar el éxito en ataques en determinadas circunstancias. Lo mismo puede suceder, en otro grado, acotando tiempos de posesión. Es decir, se trata de hacer uso de parámetros que te permitan saber el rendimiento de cada conjunto en cada situación posible".

La NBA vive inmersa en un momento de descubrimiento ofensivo, en el que todavía conviven vicios del pasado y son muchos aquellos equipos que por la inercia de la tendencia se han dejado llevar por la fiebre del triple. No son pocos los que apuntan que las estadísticas avanzadas actuales responden a preguntas del momento, por lo que puede llegarse a un horizonte en el que las actuales métricas queden desfasadas por el propio avance del juego. El offensive rating sirve para señalar una tendencia que va al alza y esta no parece conocer fin, siendo un buen ejemplo de ello el hecho de tener a cinco equipos por encima del promedio de los Mavs el pasado curso. Algo que podría llevar a muchos a pensar que esta métrica pueda comenzar a perder sentido, a ser banalizado.

"En mi humilde opinión, el rating ofensivo no está perdiendo el sentido, ni lo perderá", dice Arbués. "Simplemente, lo que tenemos que hacer es no sacar conclusiones tan solo con un tipo de estadística, como sería el OER en este caso; al contrario, lo que tenemos que hacer es complementar y entender el por qué del dato".

"La eficiencia ofensiva (y defensiva) se tiene que desgranar muchísimo: por ejemplo, para tener una eficiencia alta, tienes que tener buenos porcentajes de tiro, un ratio alto de rebotes y buen control del balón. Para analizar la eficiencia de tiro, no tan solo se tiene que mirar el porcentaje, sino que las cartas de tiro, y sobre todo el playtype, juegan un rol crucial; dependiendo de los jugadorxs de un roster, lxs entrenadorxs adaptan los sistemas para que el tiro final sea el mejor para el equipo en el máximo de situaciones posible", añade el barcelonés.

Todavía estamos en los albores tanto de la revolución ofensiva como estadística. Cuanto mayor sea el uso y expansión de estas herramientas más se podrá avanzar en ese sentido, formulándose las preguntas adecuadas que deriven en respuestas que todavía no conocemos o simplemente ignoramos.

"Quizás hemos llegado a un momento en el cual la eficiencia ofensiva se nos queda corta para analizar escenarios específicos, pero ahora mismo hay muchísimas fuentes de datos que deberíamos analizar y explotar antes de empezar a pensar nuevas métricas. Es muy difícil crear un dato único universal que realmente te cuente todo lo que esperas", finaliza Adrià Arbués. Mientras que Andrés Monje dice que "usar el Rating Ofensivo en lugar de simplemente los puntos anotados por partido me parece un primer paso. Pero desde ahí se puede entender cómo de eficiente es un ataque en distintas secuencias de juego (aclarado, bloqueos directos, jugadas de pases a la mano, tras rebote ofensivo, etc) y eso ofrecer una panorámica más completa sobre las formas de ese fondo que tratamos".

"Lo que puede ser interesante es ir a niveles más profundos de análisis y mirar el porcentaje de posesiones convertidas, si el juego es más o menos rápido (que no con ritmo mayor o menor), porcentaje de pérdidas, porcentaje de robos/tapones, etc", expone Isuskiza. "A fin de cuentas, el ataque juega contra una defensa, y quizá es esta la que he variado más y no tanto el ataque. Ahí habría que mirar también si es conveniente hacer algún cambio en el reglamento porque parece que las últimas modificaciones han beneficiado más al aspecto ofensivo".

Vivimos en la era del dato y la información, donde todo pasa por disponer de la mayor muestra posible de cifras para tomar la mejor decisión según una serie de parámetros. En ese sentido, la NBA es una de las competiciones deportivas más avanzadas de todo el globo, haciendo acopio de las herramientas que mejor se apliquen a su disciplina y siendo una referencia a nivel mundial en su aplicación, cuya consecuencia es el actual momento de florecimiento ofensivo que se aprecia tanto en la pista como en los fríos números.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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