Juegos Olímpicos

Ricky Rubio, de ser el más joven en la historia de los Juegos Olímpicos al líder de España

ricky rubio, 2008
nba

Madurar significa cumplir años, vivir el máximo de experiencias y acumular vivencias. En el caso de Ricky Rubio él irrumpió en el baloncesto profesional como si de un veterano se tratase, con desparpajo, seguridad en sí mismo y, sobre todo, humildad. Valores que se dan por hecho cuando se habla de deportistas profesionales, pero que no siempre están presentes desde el comienzo de sus carreras, más cuando se trata de perfiles cuyo éxito fue temprano y a quienes nos hemos acostumbrado a ver a través del televisor año tras año. Historias de talentos precoces ha habido muchas, tantas como los medios han querido destacar, pero no muchos han logrado lo más complejo en este deporte como es mantenerse y hacerlo dentro de una selecta élite. El nativo del Masnou pronto se codeó con los mejores de cada competición en la que estuvo, porque ese era su sitio, independientemente de la edad que tuviese, no fue una cuestión de quemar etapas, sino que el guion marcado para él tenía unos puntos diferentes a los del resto.

Debut en ACB a los 14 años, plata olímpica a los 17, campeón de la Euroliga a los 19 y pick 5 del Draft en 2009. Cualquiera que viese únicamente este palmarés en 2011 podría aventurarse a decir que el base español estaba llamado a ocupar un puesto más que relevante en la nueva generación de jugadores de la década pasada. Pero en el baloncesto, más en la NBA, la historia no sigue una línea siempre ascendente, tiene sus altos y sus bajos, sus picos y valles, y no por ello queda desmerecida una carrera, pues cada trayectoria no es más que la historia de una vida trasladada a una cancha, en donde todo incide. Absolutamente todo.

Rubio saltó a una pista de baloncesto como jugador profesional un 15 de octubre de 2005, inscribiendo su nombre en la historia como el jugador más joven en la ACB con apenas 5473 días en la visita del Joventut de Badalona a la cancha del CB Granada. "Aito García Reneses y me comenta si puedo viajar. Es un momento en el que digo: Voy a preguntar a mis padres si me dejan", recordó entre risas el propio Ricky en conversación con este medio en 2018. "Viajé a Granada, yo pensé que era un premio también el viajar, pero no iba a jugar". Un primer hito que hizo nacer el tren del hype que siempre emerge cuando alguien de edad temprana se codea con los mayores y que fue rápidamente correspondido con un rendimiento sin igual que le llevó a ganarse el favor de Aíto García, alguien clave en su asentamiento en la élite.

MÁS | Las predicciones para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020: Oro, medallas, MVP, quinteto ideal...

El mítico entrenador fue junto a Sito Alonso la figura que hizo posible que el talento de Ricky encontrase cauce y un espacio donde canalizarse, permitiéndole crecer en libertad sin encorsetarle en exceso dentro del siempre difícil mundo profesional, en donde todo está siempre más estructurado y el trecho entre el libre albedrío y la dictadura de la pizarra puede resultar kilométrico entre aquellos más inexpertos. "Es mi padre en el baloncesto", dijo el base de los Timberwolves en 2008. "Es un gran entrenador y ha hecho un gran trabajo conmigo, marcándome siempre objetivos a corto plazo. Eso me ha venido muy bien".

Llegados al verano de 2008 había pocas dudas sobre cómo conformar el puesto de base rumbo a unos Juegos Olímpicos en donde España estaba llamada a luchar por los principales metales. Aíto convocó a cuatro (Víctor Sada, José Manuel Calderón, Raül López y Ricky Rubio) en el puesto de los que solo restarían tres finalmente, justificándose en la mezcla entre talento y experiencia que Calderón y López tenían así como el desparpajo del joven Ricky, que en la preparación ya dio detalles con alley-oops para Víctor Claver y grandes pases rumbo a Marc Gasol.

"Es un sueño. No me esperaba nunca estar en la selección española y menos con 17 años", decía en El País en agosto de ese año. "Pero, una vez en ella, resulta que estoy junto a jugadores a los que hace únicamente cuatro años veía por la tele y eran superestrellas y que ahora me están chocando la mano a mí en la pista... Es algo increíble. Lo importante no es mirar el DNI, sino lo que haces dentro de la pista. La edad es lo de menos".

Con 17 años, 9 meses y 17 días Ricky Rubio se convertía en el jugador más joven de toda la historia en debutar en una cita olímpica de baloncesto. Lo hizo en un España-Grecia de la Fase de grupos de Pekín, una cómoda victoria de la Selección en donde el base catalán pudo disputar sus primeros 13 minutos en donde aportó 7 puntos, 1 asistencia y 1 rebote frente a leyendas europeas como Dimitris Diamantidis o Vassilis Spanoulis. Una total declaración de intenciones resultó su entrada a pista ante los helenos pues tan pronto como recibió el balón decidió ir contra el aro, dejando una bandeja con la mano derecha que acabó en canasta.

Rápidamente, Ricky se convirtió en el base suplente de la selección, a la sombra del fiable y sobrio Calderón, imprimiendo un ritmo diferente desde la segunda unidad y dejando mejores sensaciones que números en sus primeros encuentros.

El 24 de agosto de 2008 le llegó al joven de 17 la oportunidad de su vida. La lesión en el adductor de la pierna derecha de José Calderón sufrida ante Croacia dejó al extremeño fuera de juego para la final olímpica. Un duro golpe que la Selección resolvió tirando de galones. El base titular sería Ricky, quien se enfrentó a uno de los mejores conjuntos que haya visto unos Juegos Olímpicos nunca antes, los minutos en los que el catalán descansase serían ocupados por López, pero ese plan pronto quedaría descartado. El ex de los Jazz se cargó de faltas, forzando a que Juan Carlos Navarro ocupase el puesto de manejador en ausencia del de Vic. Rubio cumplió con creces las expectativas en un encuentro donde demostró carácter y madurez, recibiendo incluso una técnica por quejas a los árbitros en la recta final del duelo que España acabó perdiendo por 118 a 107. En los 29 minutos que estuvo en cancha, el del Masnou se fue a 6 puntos, 6 rebotes y 3 asistencias en un inmaculado 4 de 4 desde el libre.

Encuentro en el que tuvo que superar la compleja marca de un Jason Kidd que no le dejó respirar un solo instante y donde su primera acción destacada fue un pase sin mirar a Pau Gasol en transición. En esa final fue donde el mundo conoció su nombre finalmente y en el que todos los scouts NBA tomaron nota de su nombre rumbo a un Draft de 2009 donde sería uno de los principales prospects. "Está en un gran momento. Va a ser drafteado muy, muy alto, tan alto como se declare elegible. Si estuviese en los Estados Unidos sería alguien por el que la gente babearía", aseguró Steve Wojciechowski, scout del Team USA y asistente de Duke en el New York Times.

En aquella final disputada en el Wukesong Indoor Stadium de Pekín, aquel chico de pelo desmelenado y cara de niño se colgó la primera de sus 7 medallas con la Selección española, siendo además el medallista olímpico de baloncesto más joven hasta la fecha, registro que sigue en su poder y que difícilmente alguien podrá superar en un futuro próximo.

MÁS | La Selección Española de baloncesto en los Juegos Olímpicos: récords, estadísticas, datos y curiosidades de su historia

A partir de este momento comenzó un proceso acelerado de maduración para el base, en donde fue adaptándose poco a poco al mundo profesional a una velocidad vertiginosa, siendo el líder de un Barça histórico en todos los sentidos. Aquel Ricky era más eléctrico e impulsivo que encontraba en el juego de transición su fuente de creación, decidiendo sobre la marcha y anticipando el baloncesto que vendría en los años siguientes. Solo así se explica que en su debut en la NBA el 26 de diciembre de 2012 ya mostrase detalles de lo aventuraba ser una era de éxitos para los Minnesota Timberwolves.

Su estilo parecía encajar al dedillo en la liga norteamericana, haciendo las delicias de sus pívot con globos para finalizar en mate y contraataques donde la asistencia era segura. Pero todo se vino abajo en el momento que, en una jugada fortuita, chocó de frente con Kobe Bryant, quedando lesionado de su rodilla izquierda y perdiéndose no solo lo que restaba de temporada sino también los Juegos de Londres. Un encuentro que, hasta la lesión, estuvo protagonizado por el pique entre el español y el escolta de los Lakers donde ambos se midieron en varios uno contra uno.

Aquella lesión en la rodilla izquierda partió la carrera de Ricky en dos, reduciendo considerablemente su velocidad y plasticidad y frenando una progresión justo cuando apuntaba a poder luchar de tú a tú con John Wall por el rookie del año.

Se abrió así un periodo de evolución sostenida, de valle más bien, en el que el base creció pero no llegó a cumplir con las injustas expectativas puestas en él al comienzo de su trayectoria. No hubo premios individuales, no hubo elecciones para el All-Star, no hubo participaciones en los Playoffs. Desde fuera y sin pasar de la superficie, la proyección del base nunca cumpliría con aquello que se le marcó al comienzo de su carrera por su fulgurante despegue. Nada más lejos de la realidad. Su progresión, lejos de ser un talento individual al estilo de su posición fue madurando hacia un perfil que fuese útil para un equipo que nunca tuvo opciones de luchar por algo más que no ser último del Oeste. No sería hasta su traspaso a Utah Jazz cuando realmente se valoró a Ricky en su justa medida.

La carrera de Ricky Rubio ha sido de todo menos sencilla. Teniendo que madurar antes que el resto y superando trabas que, afortunadamente, pocos han tenido que afrontar. En 2016 perdió a su madre, figura fundamental en su trayectoria deportiva y apoyo en lo humano como nadie en su entorno. Un severo golpe del que necesitó un tiempo prudencial para recuperarse y que acabó convirtiéndose en el motor que le ayudaría a alcanzar la etapa más brillante en cuanto a rendimiento de toda su carrera. Aquel cambio comenzó a producirse en los Juegos Olímpicos de Río en 2016. "He pasado momentos duros, y tengo momentos de altibajos. La vida sigue. Pero estar aquí, con todos ellos animándome, se hace un poco más fácil", dijo en una entrevista en la cita olímpica en El Mundo.

Tras quedar eliminados los Jazz de los Playoffs y acabar firmando por unos ilusionantes Phoenix Suns en la Agencia Libre de 2019, Ricky se puso a trabajar. Y lo hizo de la mano de un amigo que fue testigo directo de su ascenso, Raül López. En su cancha privada en Barcelona, el ex jugador le ayudó a Rubio a ganar confianza en sí mismo, poniéndole a lanzar desde una zona de la pista donde se leía la frase Next MVP. "Es un entrenador con el que he estado entrenando los dos últimos veranos, es un jugador que admiro muchísimo, que ha tenido mucho talento y que tiene muchas cosas que enseñar", dijo el de Masnou a este medio sobre López. "Creo que puede ayudar en eso, en la perspectiva de un jugador con mucho talento que puede ayudar en detalles técnicos y tácticos".

MÁS | La magia de un jugador de culto: Raül López y una carrera atípicamente brillante

Al ex de los Jazz en la década del 2000 Rubio le debe buena parte de su paso adelante experimentado desde 2019, momento en el que mejoró sus porcentajes en suspensión, añadiendo más recursos técnicos y, sobre todo, ganando confianza. "Tenía cosas dentro que no sabía sacar", dijo en 2020 a Europa Press. "Cuando uno de tus ídolos te dice que eres bueno te lo crees un poco más. Los detalles que tiene en los movimientos, he aprendido mucho. Tengo muy buena relación. El verano pasado entrenamos mucho y como consecuencia fue jugar con la confianza que jugué en el Mundial".

La historia del Mundial de China es de sobra conocida. Nadie esperaba que España ganase y menos que lo hiciera con Ricky Rubio como líder y máximo anotador. Aquel torneo fue la confirmación de que la carrera de un jugador profesional atraviesa etapas muy diferentes, que no siempre ha de seguir una línea ascendente y que aspectos más etéreos como la confianza, la estabilidad y la determinación son tanto o más importantes que los puntos que uno anota.

13 años después de haber asumido la responsabilidad de ser el base suplente de la Selección campeona del mundo, Rubio aparece como el líder y principal referencia de España en los Juegos Olímpicos de Tokio. Un rol que todo el mundo habría esperado que se diese en aquel torneo de Pekín, pero que se ha producido siguiendo una historia muy diferente a la marcada. El camino del base del Masnou ha estado lleno de piedras y obstáculos que han forjado su personalidad y le han dado forma a un jugador que está ahora mismo en el mejor momento de toda su vida en cuanto a juego. Sin nada que demostrar, finalmente ha podido ser él mismo.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

Más en NBA.com

marc gasol
Los mejores momentos de la carrera de Marc Gasol
Sergio Rabinal
Jordan Magic
¿Qué jugadores están asegurados en el Top 75?
Juan Estevez
rookies españoles
El año rookie de los españoles en la NBA
Sergio Rabinal
Pelicans Grizzlies Spurs
5 equipos a seguir pensando en el futuro
Agustín Aboy
carmelo anthony
Melo y su objetivo del anillo en Lakers
Sergio Rabinal
Lisa Byington
Lisa Byington, nueva narradora de Bucks
Sergio Rabinal
Más noticias