En clave española

Ricky Rubio, sus números y nueva versión en Cleveland Cavaliers

Nunca se empieza de 0 y Ricky Rubio sabe bien lo que esto significa. En su cuarta temporada consecutiva en un destino diferente, el base catalán está demostrando que la experiencia en la NBA otorga un grado y una perspectiva diferente, permitiéndole avanzar de manera más rápida en su proceso de adaptación e impactando de un modo positivo en la plantilla. Este arranque del curso 2021-2022 está sirviendo para poner en valor una vez más que pese a no ser el más rápido ni el más vistoso entre los bases, Rubio es uno de los directores de juego más sólidos de toda la NBA, pues lo que le hace especial es su destreza para que el equipo funcione del modo correcto y el sistema siga su curso.

Cleveland tiene un año importantísimo por delante pues no solo tiene el deber de desarrollar a sus jugadores jóvenes del modo correcto, sino que también ha de dar un paso adelante en cuanto a competición se refiere. Pelear, sumar victorias y construir una serie de hábitos que pongan remedio a la situación que atraviesa la franquicia son aspectos claves, más si pretenden dar el siguiente paso. Muchos son los equipos que se atascan en esta fase, incapaces de superar la complicada barrera entre una plantilla prometedora y unos resultados positivos. Pero si algo ha demostrado Rubio a lo largo de su última etapa en la NBA es que es el jugador ideal para este tipo de organizaciones, añadiendo la veteranía y los consejos necesarios así como la determinación para tomar las riendas cuando es necesario.

Después de completar un partido sumamente errático, desacertado y poco habitual en Ricky ante los Charlotte Hornets, el base quiso ponerle remedio. Un total de 6 pérdidas, varias consecutivas, dejando malas sensaciones en la dirección, era algo que el catalán no quería repetir. 24 horas después de esa negativa actuación, Ricky experimentó un cambio de imagen más que notable, siendo el alma de los Cavs desde el puesto de base titular hasta liderar al grupo con 23 puntos, 6 rebotes, 8 asistencias en 35 minutos para vencer a los Hawks y estrenarse en la temporada. No solo eso, sino que con un lanzamiento de media distancia a 2 minutos del final, el nativo del Masnou superó la barrera de los 7.000 puntos en la NBA y sentenció el triunfo.

"Así es cómo se ilustra el liderazgo. Un tipo que se hizo cargo de sus errores durante la noche anterior y regresó hoy estando seguro de que eso no volvería a pasar", dijo J.B Bickerstaff, su técnico, al término de aquel choque frente a Atlanta. "Que el grupo vea algo así, mientras los jóvenes están presentes, eso es un buen ejemplo de liderazgo y esa es la impresión que genera en nuestros jugadores. Como entrenadores nos gusta hablar mucho de procesos, pero el fin último y la recompensa que buscamos es ganar, y eso es en lo que hay que empezar a creer. Cuando tú crees en lo que haces las cosas funcionan".

Lo más positivo de Ricky como jugador en los últimos años ha sido habilidad para adaptarse a las circunstancias, abrazando sus limitaciones y reforzando aquello que se le da fantásticamente bien. De ahí que en la última fase de su carrera haya hecho una seña de identidad de su juego las bandejas con pérdida de paso, los lanzamientos a una pierna o las asistencias en situaciones complejas. Inteligencia y capacidad de lectura en función de sus oponentes, el base lleva todo eso a la cancha y hace que sus equipos jueguen en el sentido más estricto de la palabra.

"Todo dependía de mí. Fueron pases malos. No hay nada que culpar al resto Todo fue cosa mía y asumo esa culpa. Es algo que, como veterano, tengo el deber de liderar el camino y saber que si hay una o dos pérdidas de balón, en la próxima jugada, realmente no puedes correr riesgos", comentó Rubio sobre su mal partido en Charlotte. Más tarde, tras el triunfo sobre Atlanta diría: "Mi forma de pensar era más aceptar lo que el juego me estaba dando, sabiendo por mi experiencia que esa es la mejor opción. Mi confianza ha aumentado. Tengo que seguir jugando mi juego".

Y eso es precisamente lo que está consiguiendo hacer nuevamente en los Cavs, donde la ausencia (temporal) de Darius Garland ha abierto a Ricky la posibilidad de ser definitivamente el eje central del juego ofensivo y líder de facto. Sus conexiones con Jarrett Allen, Evan Mobley o Lauri Markkanen están dejando muy buenas sensaciones. Obviamente necesitarán tiempo, más teniendo en cuenta la juventud e inexperiencia de todos ellos, pero hasta el momento el español ha sabido sacar lo mejor de sus acompañantes.

Esta versión de Ricky, siempre buscando el pase definitivo y la mejor opción ofensiva, ya la conocemos. De hecho, ya sabemos sus resultados, Utah y Phoenix pueden dar buena cuenta de que cuando Rubio está cómodo, cree en la plantilla que le rodea y tiene poder de decisión con el balón el ataque va a ser eficiente. Echemos un vistazo a varios ejemplos:

Los Cavs tienen que arriesgar, jugar rápido y aprovechar sus oportunidades. Así lo expresaba el base español:

"No vamos a dejar de jugar a nuestra manera, pero al mismo tiempo, vamos a jugar inteligentemente. Hay muchas oportunidades para correr", aseguró Rubio. "Tenemos muchachos que pueden correr por la cancha. Lauri (Markkanen) jugando como tres, genera muchos desajustes y tenemos que aprovechar eso. No podemos tener miedo por las pérdidas de balón para detener nuestro juego, pero al mismo tiempo, tenemos que ser inteligentes".

La importancia del español en el equipo ahora mismo es vital y, por todo esto, no es extraño que Ricky sea el 11º jugador que más retiene el balón con 6,2 segundos de media por posesión, más que LaMelo Ball, Stephen Curry o Jimmy Butler, tocando el balón unas 74,8 veces por noche. Un eje del juego que mientras se firman estas líneas es el jugador que más puntos ha creado a través de sus asistencias de toda la NBA con un total de 92 tantos, es decir, 23,0 por noche.

Cleveland y Ricky se necesitan mutuamente. Unos porque precisan de buenos resultados y de un crecimiento sostenido que les lleve a que el proyecto madure cuanto antes sea posible. Y el otro porque se encuentra en un punto de carrera complicado, entrando en su último año de contrato y para quien prima tener un buen año tras lo sucedido en Minnesota.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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