Cleveland Cavaliers

Ricky Rubio y su impacto en el crecimiento de los Phoenix Suns durante 2020

Una racha de victorias siempre es un síntoma de una dinámica positiva. Pero no tanto sobre lo que sucede en la cancha, los sistemas, el planteamiento defensivo o el talento de los jugadores. Más bien es algo más difícil de medir, un estado que alcanza un equipo en un determinado punto de la temporada y que es reflejo de que todas las piezas del puzzle encajan dentro del vestuario, como una perfecta interlocución y compenetración entre todos los estratos que afectan al grupo en el transcurso del curso. Ahora mismo, los Phoenix Suns son el equipo más en forma de toda la NBA como bien evidencian sus 13 victorias consecutivas y su balance de 14-3, el segundo mejor de la liga solo por detrás de Golden State Warriors.

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Lo fácil en estos casos suele ser quedarse con los nombres principales de la plantilla, las estrellas, o bien poner en valor el trabajo del entrenador como líder en todos los sentidos. Sin embargo, detrás de todo gran momento hay un proceso de construcción, unos pilares sobre los que se asienta el proyecto y las bases sobre las que este emergió. Los Suns alcanzaron la cima con la llegada de Chris Paul, uno de esos pocos jugadores capaces de cambiar radicalmente el destino de una franquicia, pero un año atrás hubo dos incorporaciones que hicieron posible el surgimiento de lo que se conoce como una cultura propia, el asentamiento de una serie de hábitos para dar pie a una identidad colectiva que represente al grupo y permita ser un equipo como tal: Monty Williams y Ricky Rubio.

El primero sirvió como el líder perfecto para un grupo joven, dotándoles de seguridad fuera de la pista y ayudándoles en su desarrollo como jugadores de élite, además de ir desarrollando un sistema de ataque que conjugase el bloqueo directo con el movimiento sin balón, tratando así de equilibrar entre creación y distribución.

Mientras, el segundo, supuso una bocanada de aire fresco a un equipo que durante los 7 años anteriores no había conseguido encontrar un director de juego a la altura. La marcha de Steve Nash dejó un vacío insustituible en los Suns, pasando por la franquicia sin éxito nombres como Isaiah Thomas, Goran Dragic o Eric Bledsoe, entre muchos otros.

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Una plantilla sin un base puede tener éxito si se organiza bien el sistema, pero quizás no tanto cuando la principal referencia del grupo es un talento anotador de la talla de Devin Booker, una figura capaz de encontrar su hueco sin balón como muy pocos en la NBA y que a sus 23 años estaba a punto de despegar como estrella. La gerencia de Arizona sabía de la importancia de añadir un director de juego de perfil bajo y equilibrado en todos los ámbitos, y James Jones vio en Ricky el objetivo ideal para iniciar una nueva reconstrucción con la esperanza de que esta fuese la definitiva.

Es de sobra conocida la historia de los Phoenix Suns durante la temporada 2019-2020. Antes incluso de la cancelación de la Fase Regular, los de Monty Williams ya eran una de las revelaciones, estando a tan solo 6 victorias de la zona de Playoffs y a 2 del noveno lugar. A mediados de curso ese 40% de triunfos ya era el mejor en un lustro, siendo además Devin Booker nombrado All-Star por primera vez gracias a un despegue total del escolta. Meses después de que todo se detuviese por la situación sanitaria, los de Arizona se convirtieron en la noticia de la burbuja. 9 partidos disputaron y 9 victorias sumaron, cumpliendo con todo lo necesario para clasificarse para el primer Play-In, el problema fue que por resultados cruzados quedaron fuera. Aquella experiencia de perfección absoluta fue el mejor ejemplo de cómo dos simples cambios sirvieron para dar un giro de 180 grados a una organización que a lo largo de la última década solo había sido conocida por sus errores en el Draft y por ocupar las últimas posiciones de la clasificación.

Sin Ricky Rubio no hubiese sido posible lo realizado por Phoenix al curso siguiente, volviendo a los Playoffs y a las Finales por todo lo alto. Como un líder atípico para lo que suele ser habitual en la NBA, el base catalán encajó a la perfección en la franquicia, asumiendo una posición de guía, mentor y maestro a partes iguales en una plantilla en la que Aron Baynes era el más mayor en edad (33) y el catalán el que más años llevaba en la competición (7). "Puede que no seamos el equipo más talentoso de la liga. Pero tenemos que tener algo diferente a los demás, y eso es el corazón, es jugar de la manera correcta y confiar en la cultura. Cuando todo va bien, es fácil seguir adelante. Cuando las cosas no van bien, es fácil seguir tu propio camino", expresó el catalán en enero de 2020 cuando los Suns encadenaron varias derrotas seguidas.

Convertirse en alguien a quien todos sigan sin preguntarse el porqué o sin cuestionar esa posición es una de las cosas más complejas dentro de un equipo y durante el breve tiempo que el español estuvo en la organización de Arizona él fue la referencia. Es difícil medir en términos cuantitativos cómo Ricky impactó en los Suns, aunque de entre todos los que jugaron más de 1500 minutos en la temporada, el base fue el que mejor net rating tuvo cuando estuvo en cancha (+4,0), bajando notablemente cuando salía de ella (-2,8). A nivel individual, el nativo del Masnou estuvo cerca de liderar la NBA en asistencias con 8,8 de media, además de igualar su mejor registro de puntos por encuentro (13,0) con un incipiente crecimiento del triple como arma ofensiva.

Más allá de todo esto, y dejando de lado la parte más humana del liderazgo, Ricky sirvió como el mejor maestro posible para los jóvenes, especialmente en aquellos llamados a ocupar un puesto protagonista en el futuro a corto plazo de Phoenix como Devin Booker, Deandre Ayton y Mikal Bridges en menor medida.

"Finalmente estamos en el punto en el que nos miramos a los ojos y damos críticas constructivas. Es algo así como: Confío en ti. ¿Qué hice mal? Te cubro. Déjame arreglarlo", relató Deandre Ayton durante la 2019-2020. "Admiro mucho a Ricky y Baynes. Escucho a todo el mundo, pero ellos son esos dos de los que hablan en el equipo sobre dónde está la clave. Es solo positivismo".

Con Ayton, Rubio tuvo que tener mucha paciencia, pues más allá de la edad con la que desembarcó (19 años), el pívot estaba verde y necesitaba tener un rol concreto sobre el que crecer. El español supo involucrarle en las caídas en los bloqueos directos, asociándose con él y ayudándole a entender la importancia de los ángulos y velocidades a las que debe ejecutarse el 2 contra 2.

El principal beneficiado de la llegada del catalán no fue otro que Booker, quien reveló a este medio en 2020 que "gracias a Ricky soy All-Star". Unas palabras que no deben tomarse a la ligera pues antes de su llegada, el plan de Phoenix era hacer del escolta un base y un director de juego, asumiendo funciones contradictorias con su perfil e incrementando el riesgo de fallo o de perder por el camino a un talento único. Rubio permitió recolocar a Booker en su posición natural, despertando su increíble instinto anotador saliendo de bloqueos indirectos y moviéndose sin balón. "Tener un base que siempre piensa primero en el pase y que tiene experiencia en los Playoffs como Ricky Rubio me ha ayudado mucho", aseguró Booker en mayo de 2020.

La presencia del base catalán en el equipo de Arizona sentó las bases para que en la burbuja todo estallase, sumando un impoluto 9-0 y haciendo creer al grupo que si trabajaban de la mano todo era posible. En cuestión de semanas la gerencia cambió de rumbo e intercambió a Ricky por Chris Paul, aprovechando sus opciones para luchar por el título y convertirse en contenders de la noche a la mañana. "Es un líder natural, la gente le sigue", diría Monty Williams sobre Rubio.

Un 20 de noviembre de 2020 la etapa de Ricky Rubio en los Phoenix Suns se cerró, pasando fugazmente por Oklahoma City Thunder y Minnesota Timberwolves hasta recalar en Cleveland Cavaliers donde está jugando el mejor baloncesto de su carrera y replicando aquello que tan bien le funcionó en Arizona. En la noche del 24 al 25 de noviembre los Cavs recibirán a Phoenix en el segundo y último encuentro de la campaña entre estos dos equipos y en el reencuentro del base con sus ex-compañeros. (1:00h, NBA League Pass).

Las opiniones aquí expresadas no representan necesariamente a la NBA o a sus organizaciones.

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