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Las dos temporadas que aseguraron el lugar de Rudy Tomjanovich como un entrenador del Salón de la Fama

El gran Rudy Tomjanovich será uno de los privilegiados que ingresarán oficialmente al Salón de la Fama este sábado como parte de una gloriosa Clase 2020 que entre otros, incluye a leyendas del calibre de Kobe Byrant, Tim Duncan y Kevin Garnett. Claro que en el caso de Tomjanovich no será por lo que hizo como jugador con los Rockets (lo cual no estuvo nada mal, por otro lado) sino por su paso por el banco de dicha franquicia. Específicamente por lo ocurrido entre 1993 y 1995, temporadas en las que nos enfocaremos a continuación.

Pero antes, una pequeña puesta al día de la situación: Tomjanovich se retiró como jugador a los 32 años en la campaña 1980-1981 después de que sus Rockets (única franquicia en la que jugó en sus 11 años NBA) cayeran en las Finales ante los Boston Celtics de Larry Bird y compañía por 4-2. A partir de ahí trabajó un tiempo como scout y fue rápidamente incorporado como asistente técnico de Houston: primero durante cinco temporadas bajo la conducción de Bill Fitch y luego durante otras cuatro junto a Don Chaney.

Durante esos años, que coincidieron con la llegada de Ralph Sampson (1983) y Hakeem Olajuwon (1984) al equipo desde el Draft, los Rockets encontraron un alto nivel competitivo, pero siempre les faltó un extra para llegar al título: lo más cerca que estuvieron fue en las Finales de 1986, cayendo otra vez ante los Celtics por 1986, luego de eliminar en una serie memorable a los Lakers de Magic y Kareem. Fuera de eso, se clasificaron a Playoffs en siete de las nueve campañas, pero jamás avanzaron más lejos que una 2° Ronda. Y de hecho, para 1992 acumulaban cuatro despedidas consecutivas en 1° Ronda.

Olajuwon era considerado uno de los mejores interiores de la liga, pero su presencia no parecía ser suficiente para sacar a Houston de un nivel de mediocridad absoluto, con constantes decepciones a la hora de la verdad. Y luego de un comienzo igualmente irregular en la 1991-1992, con marca de 26-26, Don Chaney renunció a su cargo. Su sustituto, como podrán intuir, no fue otro que Rudy Tomjanovich.

Luego de terminar esa 1991-1992 con marca de 42-40 y quedarse fuera de los Playoffs por primera vez desde la 1983-1984, los cambios empezaron a verse a partir de la siguiente campaña: un novato Robert Horry reemplazó a un alero de poco aporte como Buck Johnson en la alineación titular y junto a Kenny Smith, Vernon Maxwell, Otis Thorpe y Hakeem Olajuwon terminaron de redondear uno de los mejores quintetos iniciales de la liga. Tanto en ataque (6° mejor rating) como sobre todo en defensa (3°). ¿El saldo? Marca de 55-27 y segundo mejor registro del Oeste.

Ya en la postemporada, por fin lograron superar la 1° Ronda venciendo con lo justo a los Clippers por 3-2, para luego caer en las semis del Oeste en otra apretada definición ante los Sonics por 4-3.

Llegamos ahora sí a la 1993-1994. Una campaña especial por donde se la mire, ya que era la primera después de la retirada original de Michael Jordan, dejando vacante el trono de mejor jugador de la liga, como también sacando al tricampeón Chicago como el principal favorito al título. La NBA estaba abierta, tanto desde el plano individual como desde el colectivo.

Houston logró repetir su consolidado quinteto titular, pero sabía que tenía que mejorar el banco, gran punto flaco en la campaña pasada: no habían tenido a ningún suplente por encima de los 7 puntos. ¿Los refuerzos para la segunda unidad? El veterano tirador Mario Elie y un base surgido de la Universidad de Florida State llamado Sam Cassell. Ambos jugarían un papel clave no solamente en la Fase Regular, sino sobre todo en las próximas postemporadas.

Con esa rotación de siete hombres establecida Houston se mantuvo en lo más alto del Oeste: mejoró todavía más su récord (58-24) y volvió a repetir como el segundo mejor del Oeste. Ahora había que demostrarlo en la postemporada.

La 1° Ronda trajo una sólida victoria ante Portland, controlando a Clyde Drexler (pronto más noticias sobre él) y encontrando a un Olajuwon absolutamente demoledor: 34 puntos, 11 rebotes, 4,8 asistencias, 3,8 tapones y 2,3 robos de promedio. Una bestia.

Sin embargo, la exigencia subiría en las Semis, enfrentando a unos Suns de Charles Barkley que venían de ser finalistas en la temporada anterior. Phoenix ganó los primeros dos partidos en Houston y parecía que nos encaminábamos a otra frustración enorme para los Rockets. Pero llegó la respuesta: 118-102 en el tercero, 107-96 en el cuarto y 109-86 en el quinto para dar vuelta la historia y quedar match-point (3-2).

Los Suns reaccionaron en casa en el sexto con un claro 103-89, forzando así un séptimo partido que sería una total bisagra para todos los involucrados. Incluyendo por supuesto a Rudy Tomjanovic. Detrás de otra actuación memorable de Olajuwon (37 puntos y 17 rebotes) y de un aporte absolutamente decisivo del rookie Sam Cassell (22 puntos y 7 asistencias), Houston se llevó ese partido por 104-94 y pudo por fin acceder a las Finales del Oeste.

Superado ese obstáculo por primera vez desde las Finales perdidas en 1986, llegó otra victoria más cómoda de lo esperada: 4-1 sobre los Utah Jazz de Karl Malone y John Stockton, con una verdadera exhibición defensiva de los Rockets (dejaron a Utah en 88,6 puntos de promedio).

Llegaban entonces las Finales de 1994 y el rival eran los New York Knicks, quienes venían de eliminar a los Bulls post-MJ (además de Nets y Pacers) en el Este. Con todos los ojos puestos en la batalla en el juego interior entre Olajuwon y Patrick Ewing, el cruce mostró su paridad desde el comienzo: Houston ganó el primero por 85-78, pero New York respondió como visitante por 91-83. Ya en el Madison Square Garden, los Rockets se llevaron el tercero por 93-89, los Knicks el cuarto por 91-82 y también el quinto por 91-84.

Los de Tomjanovich volvían a casa abajo por 3-2 y obligados a ganar los dos partidos frente a su público para conseguir el primer campeonato en la historia de la franquicia. El cierre fue dramático, con Houston llegando con una leve ventaja a los últimos minutos, pero viendo como una ráfaga de John Starks (16 en el último cuarto) le ponían suspenso a la definición. Con sus Knicks abajo por 86-84 en los segundos finales, fue el propio Starks quien tuvo el título en sus manos con un triple sobre la bocina, pero no tocó el aro y la serie se fue a un séptimo.

Como se podía esperar, el séptimo fue una verdadera batalla defensiva, en la que las figuras de Houston tuvieron una mejor noche: 25 para Olajuwon y 21 para Maxwell, mientras que Ewing anotó solo 17 y Starks lanzó un flojísimo 2-18 de cancha, incluyendo un 0-11 en triples. Todo eso fue suficiente para que Houston terminase celebrando frente a su gente, imponiéndose por 90-84 en un final menos dramático de lo que muestra el marcador y consiguiendo por fin su primer campeonato NBA.

Era así como en apenas su segunda temporada completa como técnico NBA, Rudy Tomjanovich conseguía el deseado anillo.

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El doblete

Como podía esperarse, Houston no tocó demasiado para abrir la 1994-1995, manteniendo a sus mismos siete jugadores principales de la rotación y el inicio de esa Fase Regular fue arrasador para el campeón: nueve victorias consecutivas para abrir el calendario, seis de ellas llegando fuera de casa. Pero cuando todo parecía ir encaminado de la mejor manera, empezaron los problemas: de repente aparecieron tres caídas consecutivas ante Portland, Orlando y Seattle, que marcarían un antes y un después para el equipo.

De aquel inicio dominante poco quedó en los siguientes meses, con un Houston que tuvo marca de 20-17 en los siguientes 37 partidos a ese comienzo de 9-0. Y hablamos de 37 partidos porque allí aparecería un día clave: Clyde Drexler le pidió el traspaso a los Trail Blazers a un equipo con opciones de pelear por el anillo y el 14 de febrero de 1995 Portland le cumplió el deseo, enviando al perimetral a los Rockets a cambio de Otis Thorpe, un pick de 1° Ronda futuro y los derechos del argentino Marcelo Nicola, que nunca llegaría a dar el salto a la NBA.

El campeón sumaba a una de las máximas figuras de la liga y nuevamente todo parecía encaminarse para una Fase Regular altamente positiva para los texanos. Pero lejos estuvo de suceder: el nivel de Drexler fue muy alto desde un comienzo, pero la irregularidad del equipo era notable. Claro que no ayudó el hecho de que perdieran a Olajuwon, Maxwell y Horry durante diferentes tramos de esa segunda mitad de torneo, pero aún con esos problemas físicos salteados en el calendario, el récord de 17-18 que registraron con Drexler en cancha estaba muy lejos de lo esperado.

A tal punto fue decepcionante la Fase Regular de Houston, que llegaron a los Playoffs como el sexto clasificado del Oeste, con marca de 47-35 y con San Antonio, Utah, Phoenix, Seattle y los Lakers por delante. ¿El primer rival en la postemporada? Utah Jazz.

Como vimos, los Rockets habían vencido cómodamente al Jazz por 4-1 en la Final de Conferencia pasada, pero esta vez la historia sería mucho más peleada. Utah tomó ventaja de 2-1 y viajó a Houston con la ocasión de rematar al campeón (la serie era al mejor de cinco). Sin embargo, en ese cuarto duelo apareció una de las mejores actuaciones de todos los tiempos en términos de duplas: Drexler sumó 41 puntos y Olajuwon 40, para imponerse por 123-106 y forzar el decisivo quinto encuentro en Salt Lake City.

Utah parecía que por fin iba a concretar la eliminación de los Rockets frente a su público, entrando al último cuarto con ventaja de 71-64. Pero apareció la enorme defensa de Houston (permitieron 20 puntos en el cuarto parcial) y nuevamente la potencia anotadora de Olajuwon (33) y Drexler (31) para apenas lograr mantenerse con vida con un sufrido 95-91.

En las Semis del Oeste esperaban los Suns y el drama continuaría. Tal como había sucedido en el año anterior, Phoenix tomó rápida ventaja de 2-0 en la serie y después de que Houston reaccionara con un 118-85 en el tercero, los Suns se pusieron 3-1 con un 114-110 en la serie. Un resultado que hasta ese entonces solamente había sido revertido en cuatro ocasiones en la historia de los Playoffs NBA.

La serie estuvo a punto de terminar en el quinto, donde Houston logró imponerse por 103-97 en la prórroga, para luego volver a casa y forzar el séptimo con un cómodo 116-103. Lo que vendría entonces sería uno de los partidos y momentos más icónicos de la historia de los Playoffs: el famoso beso de la muerte de Mario Elie, quien había ganado protagonismo en la rotación de Tomjanovich ante la lesión de Maxwell.

El triple desde la esquina de Elie adelantó a Houston por tres a falta de ocho segundos y terminó asegurando el pase de los Rockets a las Finales de Conferencia, luego de remontar una diferencia que era de 10 en el entretiempo. El partido fue una demostración clara de lo que marcamos con relación a la segunda unidad del equipo: no solo Elie se transformó en el héroe, sino que además Sam Cassell tuvo un aporte clave con 18 puntos y 7 asistencias en 22 minutos, incluyendo una ráfaga espectacular para emparejar la historia en el tercer parcial.

Habiendo sobrevivido a la eliminación en ya cinco partidos en las series previas, los inmortales Rockets llegaron al cruce contra David Robinson y sus San Antonio Spurs con la confianza por los cielos, ganando los primeros dos partidos como visitantes. San Antonio reaccionó en los Game 3 y 4, pero Houston volvió a adelantarse en el quinto (111-90) con 42 de Olajuwon y terminó de decretar su pase a las Finales con un 100-95 en el sexto, guiados por los 39+17 del propio Hakeem.

Esa serie será recordada por el domino de Olajuwon sobre Robinson, elegido como MVP en la Fase Regular, no solo en ataque (35,3 puntos y 56% de campo) sino también en defensa, donde dejó al Almirante en 23,8 tantos de media y un irregular 44,9% de cancha.

Cualquier problema que haya enfrentado Houston en la temporada ya estaba en el pasado y los Rockets llegaron a las Finales como el equipo que siempre habían prometido ser. Enfrente tenían a un joven Orlando Magic de Shaquille O'Neal, que había dado el gran golpe en el Este al eliminar a los Bulls de un recién regresado Michael Jordan. Sin embargo, Houston sería demasiado para el inexperimentado conjunto de la Florida.

Luego de ganar un apretado Game 1 por 120-118, otra vez en suplementario, los Rockets terminaron barriendo el resto de la serie: 117-106 en el segundo, 106-103 en el tercero y 113-101 en el cuarto, con todo tipo de figuras para destacar. Porque no solo aparecieron los 32,8 puntos de Olajuwon y los 21,5 de Drexler, sino también contribuciones importantes de Horry (17,8), Elie (16,3) y Cassell (14,3), redondeando una de las Finales más desbalanceadas de todos los tiempos.

La temporada los había enfrentado con todo tipo de cambios, complicaciones y momentos de presión. Tanto en la Fase Regular como sobre todo en las primeras rondas de Playoffs. Pero cada vez que la situación pareció desbarrancar, apareció la reacción justa. Aunque tuvieron motivos para hacerlo, jamás entraron en pánico. Algo para lo que Tomjanovich jugó sin dudas un papel fundamental, conocido no solo por su intensidad en las líneas laterales, sino también por sus dotes humanos y de liderazgo.

Y es por eso, que ya con el trofeo en sus manos, Rudy T nos regaló una de las frases más recordadas en la historia del deporte.

Nunca subestimen el corazón de un campeón.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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