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Sabrina Ionescu, la máquina de triple-dobles que llega a la WNBA y quiere revolucionar el baloncesto femenino

Hace dos años que el nombre de Sabrina Ionescu es uno de los más populares en el mundo del baloncesto femenino, pero recién ahora llegará la hora del profesionalismo para la jugadora estadounidense de 22 años.

El viernes 17 de abril se realizará el Draft 2020 de la WNBA y se espera que la base estadounidense, hija de inmigrantes rumanos, sea seleccionada con la primera elección por New York Liberty, la franquicia de la ciudad de la Gran Manzana. Y no puede haber mejor escenario que New York para alguien que promete revolucionar la escena del baloncesto femenino a nivel global.

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Desde la Universidad de Oregon, una de poca tradición en el baloncesto y mucho menos en la rama femenina (nunca fue campeón nacional), Ionescu fue agigantando su propia leyenda haciendo de todo en la cancha. Pudiendo escoger ir a prácticamente cualquier programa deportivo que quisiera, la jugadora oriunda de California se decidió por Oregon para ser la All-American de Oregon, no una All-American más en otro lado. Desde la adolescencia que a Ionescu le importa mucho su propia narrativa, y en la cancha se ocupa de alimentar esa historia.

En cuatro años en el baloncesto colegial, Ionescu cambió la historia de las Oregon Ducks: las devolvió al torneo nacional de la NCAA por primera vez en 12 años en 2017 y las llevó hasta los cuartos de final por primera vez en la historia, siendo Sabrina condecorada como la mejor jugadora de primer año. En 2018 repitió eso y la escogieron como la mejor base de todo el sistema universitario de Estados Unidos. En 2019 logró alcanzar el Final Four y recibió sus primeros premios a la mejor jugadora de todo el baloncesto universitario, y en 2020 también lo hizo , con la posibilidad de lograr el primer título en la historia de Oregon siendo interrumpida por la pandemia del coronavirus.

Mientras ganaba partidos, Ionescu generaba un torbellino. El promedio de público en los partidos de las Oregon Ducks creció de 1.501 fanáticos en 2016 a 10.754 en 2019. Y los récords individuales se acumulaban.

Ionescu se retiró del baloncesto colegial siendo la única jugadora en la historia de la NCAA en alcanzar 2.000 puntos, 1.000 rebotes y 1.000 asistencias a lo largo de toda su carrera universitaria. Algo que no había hecho nadie antes, tampoco entre los hombres. La número 20 de Oregon registró 26 triple-dobles en 131 partidos, quedando ubicada como la número uno histórica (entre hombres y mujeres). Su escolta, Kyle Collinsworth, tiene menos de la mitad: 12. Y es el único que había podido pasar los diez. Oregon ganó esos 26 partidos. Números para nada vacíos.

Todo eso fue ante rivales de un orden menor del que Ionescu enfrentará en la WNBA, competición en la que se medirá con la elite del baloncesto femenino mundial. Pero Sabs, como la llaman sus más cercanos, ya probó que puede dominar contra cualquiera. En noviembre de 2019, Oregon venció a la selección de Estados Unidos en un partido amistoso por 93-86, con Ionescu finalizando con 30 puntos, 7 asistencias y apenas una pérdida a pesar de que jugadoras legendarias como Diana Taurasi y Sue Bird le aplicaron mucha presión y doble-marcas.

¿Cómo juega Sabrina Ionescu?

El juego de Ionescu es totalmente completo, tanto en sus habilidades técnicas como en las mentales. Sabrina promedió 17,5 puntos, 8,6 rebotes, 9,1 asistencias y 1,4 robos en su último año. ¿La efectividad de tiro de su carrera? 45,5% de campo, 42,2% en triples y 85,1% en tiros libres. Tara VanDerveer, la entrenadora de Stanford, hace una analogía del juego de Ionescu con el de un golfista estelar: "Ella lo tiene todo. El drive largo (los triples), los golpes de aproximación (tiros de media distancia) y los putts (finalización cerca del aro). Es muy física y muy habilidosa".

Para Sabrina, lo mejor de su juego es la habilidad para pasar la pelota: "Soy una base que primero piensa en pasar. A veces es difícil, porque no tomo tiros que debería lanzar para tratar de involucrar más a mis compañeras. Todavía estoy trabajando en eso", le declaró hace un tiempo a ESPN. La dos veces MVP de las Finales de la WNBA, Diana Taurasi, cree que a Ionescu le costará más conseguir triple-dobles en la WNBA:" 10 rebotes en el nivel universitario equivalen a cuatro o cinco en la WNBA, estamos hablando de las jugadoras más imponentes físicamente, así que esa dinámica cambiará un poco, pero aún así, Ionescu tiene un talento especial para el baloncesto", afirmó la jugadora de Phoenix Mercury.

A la hora de atacar, el pick and roll es su arma principal. El 40% de sus posesiones ofensivas durante la última temporada, en la que en Oregon compartió equipo con otras jugadoras que se espera que sean de las primeras seleccionadas de este Draft como Ruthy Hebard o Satou Sabally, fueron acciones de pick and roll. Sabrina anotó 238 de sus 578 puntos mediante esas jugadas y con su habilidad para anotar desde corta, media y larga distancia tanto como para asistir de maneras increíbles a la jugadora que le pone la cortina, es una amenaza imparable.

En defensa, Ionescu no podrá ser tan dominante: no es baja para el puesto (1,80 metro), pero todavía tiene un cuerpo liviano y no es extremadamente ágil. No gana mediante su físico, gana con su inteligencia. Por eso, tampoco es que se espera que sea dominada allí: sabe hacer las lecturas correctas. "Si pusieras en línea a varias jugadoras y tuvieses que adivinar cuál de ellas es la máquina de triple-dobles, no elegirías a Sabrina", le manifestó a The Athletic el legendario entrenador Geno Auriemma, "sin embargo, su forma de jugar es muy de la vieja escuela. Tiene raíces en jugar duro y en conocer los pequeños detalles. Y no tiene miedo de liderar. No tiene miedo de nada."

Y su mentalidad competitiva es clave según lo que le indicaron a ESPN Taurasi y Sue Bird. "Ella (Ionescu) es implacable. Aún cuando crees que la frenaste, sigue atacándote. Eso no se enseña. Puede mejorar como tiradora, puede hacer esto o aquello, pero con esa mentalidad superará todo."

Taurasi tiene una historia de vida similar a la de Ionescu: ambas son hijas de inmigrantes llegados a Estados Unidos desde otros países, Argentina en el caso de Diana y Rumania en el de Sabrina. "Compartimos esa mentalidad inmigrante. Quizá tus padres no hablan inglés demasiado bien y tenés que hacer cosas que otros chicos no hacen. Pero ves a tus padres yendo a trabajar duro todos los días y absorbés eso. Querés demostrarle a todos que pertenecés. Eso está adentro tuyo. Yo se que todavía lo tengo".

La favorita de los mejores

A la par que Ionescu rompía récords, también captaba la atención de las estrellas más grandes del baloncesto. Stephen Curry la llamó "el triple-doble viviente". "Es muy increíble verla establecer nuevas definiciones de lo que es la grandeza, no sólo para el baloncesto femenino, sino para el deporte en general", dijo el jugador de Golden State Warriors. " El "Rey" (LeBron James), ya le dio la bendición nombrándola la "Reina" Sabrina.

El de mayor relación con Sabrina fue el fallecido Kobe Bryant, que manejaba al equipo de baloncesto de su hija Gianna, repleto de niñas de la costa oeste de Estados Unidos fanatizadas por Ionescu. Bryant llevó a las niñas a conocer a la base de Oregon en un partido jugado en Los Angeles en enero de 2019 y allí se conocieron, entablando una amistad que, a pesar del corto tiempo, fue muy importante para Sabrina. El ex jugador de los Lakers ofició un poco como su mentor y Ionescu también colaboraba con el equipo de Gigi, viajando un par de veces a L.A. para trabajar con las chicas. "Fue increíble encontrar a alguien con quién compartía la misma mentalidad", explicó Sabs luego.

Cuando Bryant y Gianna fallecieron en enero de 2020 la noticia fue muy dura para esta chica de apenas 22 años, pero, a pesar del dolor, horas después jugó un duelo de rivalidad contra Oregon State y terminó con 19 puntos y 8 rebotes, liderando el triunfo de su equipo. Unas semanas después fue de las pocas personas en hablar durante el tributo a Kobe y Gianna. "Crecí viendo a Kobe y quería ser como él, amar la competición, el trabajo duro, llegar primera e irme última", contó en ese momento tan especial.

Steve Kerr, cinco veces campeón de la NBA como jugador y tres como entrenador, manifestó que Ionescu la recuerda a Diana Taurasi: "Su nivel de confianza está fuera de cualquier esquema establecido, y se lo merece porque es una gran jugadora. Es un gran ejemplo para los demás". Candace Parker, quizá la rookie que más impacto causó en la historia de la WNBA (fue elegida MVP en su primera temporada en 2008), la eligió como "la jugadora más divertida para ver en el momento".

Esta Ionescu es la que muy probablemente llegará a New York, una ciudad que siempre apreció a los jugadores que juegan duro. Ahora la franquicia de New York Liberty, que hasta enero de 2019 pertenecía a James Dolan, dueño de los Knicks, es propiedad de Joseph Tsai (dueño de los Nets), por lo que pasarán a jugar en el Barclays Center de Brooklyn, con un logo nuevo e identidad renovada. Ionescu tiene todo para transformarse en un ícono allí si es elegida por la franquicia y lo sabe. "Creo que las oportunidades de mercado que me ofrece New York y todo el ajetreo y bullicio de la ciudad me beneficiarán a mi como persona y a todo el baloncesto femenino."

El viernes sabremos oficialmente si Ionescu jugará allí a partir de cuando la pandemia del coronavirus permita que comience la temporada de la WNBA (no será el 15 de mayo, la fecha que estaba programada). El viernes sucederá otro capítulo de una historia que promete marcar una época. "Quería ser una parte de la generación que cambie el baloncesto para Gigi Bryant y sus compañeras", dijo Sabrina en aquel tributo a los Bryant, "que nacer mujer no signifique nacer estando atrás, que la grandeza no esté definida por el género". Y eso que cuando iba a la escuela le recomendaron a su madre que la corra un poco del deporte y la haga pasar más tiempo con otras niñas. Como si el triunfo en el deporte tuviese que ser una cuestión de género...

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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