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Philadelphia 76ers

Sergio Rodríguez, su año en Philadelphia 76ers y la importancia del contexto

Esa sensación de poder haber hecho más. Los dientes largos por una oportunidad, pero una en mejor situación. Esa era la sensación de Sergio Rodríguez tras sus primeras cuatro temporadas en la NBA. Un muchacho imberbe y muy tierno en comparación a su mejor versión. Tenía apenas 20 añitos cuando debutó en la mejor liga del mundo.

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Consolidado como un director de juego de élite en Europa, Sergio quería probar otra vez. Por eso dejó el Real Madrid, club en el que vivió sus mejores años, para fichar por los Philadelphia 76ers en la 2016-2017. Pero, ¿cómo fue esa temporada para estar de vuelta en el Viejo Continente un año después?

El contexto lo es todo. Siempre. Los números importan, las sensaciones también. Pero todo está relacionado con el ambiente en el que se desarrollan los hechos. Por mucho que Rodríguez fuese el mejor base de Philadelphia aquel año, ni el contexto del equipo ni de la liga ayudarían a su continuidad.

A nivel económico firmó un buen contrato de una temporada por 8 millones de dólares. Esto garantiza un buen salario a corto plazo y a la vez priva de seguridad al medio, algo fundamental cuando rondas los 30 años y tienes familia, como era el caso del Chacho.

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Sergio aterrizaba en la NBA. Ese era su primer objetivo. Los Sixers fueron la mejor opción por diferentes motivos, pero sin duda existe uno fundamental: John Townsend. La figura de este entrenador de tiro fue analizada por mi compañero Sergio Rabinal después del paso de JT -como acostumbran a llamarle- por Zaragoza a finales de 2019. Un especialista clave en el fichaje por Philly, muy amigo del Chacho.

Los 76ers venían de una temporada de tan solo 10 victorias en 82 partidos. Seleccionaron al talento australiano Ben Simmons como número uno del Draft, pero una grave lesión le dejaba fuera durante todo el curso. Las expectativas eran bajas pese al esperado debut del por entonces frágil Joel Embiid. Sergio apuntaba a tener el timón y el espacio para conducirlo con su flow habitual.

La búsqueda de la identidad en Philadelphia

Si lo que le pasó al Chacho en su primera etapa era que estaba verde, en su segunda le pasó todo lo contrario: llegó en su mejor momento a un equipo que ultimaba la reconstrucción. Tuvo minutos y buenas actuaciones, en general un año positivo, pero la NBA había cambiado y penalizaba a un jugador de sus características, en este caso incluso más importante por lo que ocurre fuera del parqué.

Sergio era más jugador. El tiro de tres pasó de ser una debilidad en su primera etapa a ser una de sus armas habituales. El campo más grande y el mayor espaciado de la pista por filosofía de juego incitaban a recitales pasadores del tinerfeño. Pero la NBA, al igual que el Chacho, había cambiado.

Los Sixers de aquella temporada continuaban siendo un equipo flojo. Si bien la defensa mostró tramos realmente prometedores e incluso efectivos, el ataque no funcionaba. Embiid apenas pudo jugar 31 partidos y la mezcla de jóvenes y veteranos era insuficiente para competir por los Playoffs. Robert Covington, Ersan Ilyasova, Dario Saric, TJ McConnell, Gerald Henderson...

El Chacho fue titular en los 30 primeros partidos de temporada, tan solo se perdió uno por molestias. Salvando el último, en el que apenas pudo jugar 15 minutos por lesión, Sergio promedió 27,1 minutos con 9,6 puntos, 6,3 asistencias, 3 rebotes, 1 robo y un 37,8% en triples. Buenos registros y la sensación de que podía aportar más.

Tras aquel tramo, llegaron los problemas físicos. El base se perdería tres partidos y la temporada ya no fue igual. Por el medio llegaron movimientos de Philadelphia, su paso al banquillo y un descenso en su producción. De los siguientes 38 encuentros solo fue titular en uno y sus minutos cayeron a 18,8, al igual que su acierto en el tiro: 35,5% en triples y un 38,1% en tiros de campo. Había perdido frescura.

Philadelphia llega así al 26 de marzo con un récord de 27-46, entre los peores de la liga y sin opciones de Playoffs. Desde la directiva pensaron en el futuro a corto plazo y sentaron a Sergio, que descansaría los últimos 9 partidos en pos de darle más tiempo a los jóvenes.

¿Por qué el Chacho no siguió en la NBA?

Terminó su contrato y se convirtió en agente libre sin restricciones. Lo cierto es que hubo pocos rumores sobre equipos interesados, pero tuvo ofertas de equipos NBA para seguir, al menos, un año más. Ese era uno de los principales motivos. Teniendo mujer e hija, Sergio necesitaba estabilidad, algo que la mejor liga del mundo no le ofrecía.

Durante los últimos años la radicalización del mercado es evidente. Las estrellas consiguen contratos por el máximo y el resto del espacio salarial de los equipos se destina a contratos rookie, varios mínimos de veterano y completar con contratos de corta duración. Prima más que nunca la flexibilidad económica, aunque puede estar algo sobrevalorada en la liga actualmente.

Con ofertas de un año encima de la mesa, un regreso a Europa con el CSKA le garantizaba una mayor estabilidad. Además, en Philadelphia el puesto de base era para Ben Simmons. El australiano tendría las riendas de la franquicia y este era un factor contra el que era imposible enfrentarse. Como base suplente, disponían ya del joven McConnell, más barato y atado por más temporadas. De un perfil diferente y que demandaría menos relevancia que el Chacho.

"La última época en Philly fue totalmente diferente después de haber estado durante 6 años en el real Madrid, después de ir con mi familia. Las dos etapas en la NBA han sido muy buenas vistas con el tiempo", decía el base en una entrevista reciente con DAZN.

Lo cierto es que ni la situación de Philadelphia ni de la liga ayudaron al internacional español. En los Sixers tuvo más oportunidades, pero nos quedaremos con el "y si" de cómo hubiese rendido rodeado de una mejor ofensiva, una más hecha y de tiradores fiables. La radicalización del mercado le llevo a pensar en su familia. Quizás, de joven, eso no hubiese supuesto un condicionante. Entonces sí lo hizo.

El Chacho nunca ha cerrado la puerta a la mejor liga del mundo. Aunque en defensa mostraba energía de manos, sufría por la diferencia de tamaño. En las penetraciones también encontraba problemas a la hora de finalizar, pero su desparpajo en el juego y el producir para los demás podían elevarse a niveles superiores de lo visto en Euroliga.

Dicen que hay que intentarlo para no quedarse con las ganas. Sergio lo hizo. Recibió críticas al marcharse de Europa y al volver, pero quedarse con esa espina clavada de probar una vez más hubiese sido sin duda peor. El Chacho lo intentó, era obligatorio hacerlo. Y, aunque el contexto no le acompañó, demostró de nuevo que el material NBA estaba ahí.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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