NBA 75

Los Syracuse Nationals, el humilde equipo que rivalizó con los grandes en el origen de la NBA

La década de 1940 significó el inicio de una nueva época para el baloncesto como ente organizado, asentándose definitivamente un buen número de competiciones que permitieron que las condiciones de los jugadores profesionales fuesen mucho mejores que las de los pioneros durante los años 20. El ocio relativo al deporte creció exponencialmente durante 1930 y en el periodo de II Guerra Mundial, sentando las bases para que explotase en unas condiciones de paz posteriormente.

Una de esas ligas fue la NBL (National Basketball League) que aglutinó a buena parte de los equipos del medio oeste de Estados Unidos, zonas tradicionalmente más rurales e industriales, con núcleos de población no excesivamente grandes y que desde 1937 tuvo a los mejores jugadores profesionales del momento en un contexto de equipos itinerantes.

Todo tiene un origen y el de los Syracuse Nationals no se inició en el momento en el que se unieron a la NBA en 1949, sino que su camino se había iniciado ya tiempo atrás, precisamente en la NBL, donde lograron hacerse un nombre pese a ser una organización muy pequeña y de recursos más bien limitados.

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La historia de los Nationals arrancó al mismo tiempo que la BAA, la liga que daría pie a la NBA años más tarde, pero en un contexto diferente y una historia curiosa. En 1946, un inmigrante proveniente del centro-sur de Italia llamado Danny Biasone pretendió contratar a los Rochester Royals para un partido de exhibición en la ciudad de Syracuse. Por entonces, los Royals eran uno de los mejores equipos del momento y venían de ser los campeones de la NBL. Algo que el equipo comandado por Les Harrison rechazó en varias ocasiones, pues pese a estar relativamente cerca de Rochester (apenas 140 kilómetros) la cantidad ofrecida no debió ser suficiente. Enfadado por el rechazo, Biasone mandó un cheque de 5.000 dólares a la oficina de la NBL en Chicago con la intención de crear su propia franquicia y así rivalizar con los Royals.

El dueño, llegado junto a su familia desde Miglianico en 1920, logró avanzar en la escala social pese a su origen, comenzando como operador de carritos en una industria de Syracuse hasta abrir una bolera en la ciudad, lo que allanó el camino para que pudiese iniciarse en el mundo del baloncesto profesional. Antes probó suerte en el golf y como dueño de su propio equipo de fútbol americano, pero la Guerra Mundial le dejó corto de efectivos, debiendo probar suerte en otra disciplina.

De aquel nacimiento por puro despecho y desencanto surgió un equipo, los Syracuse Nationals, que en su primer año de existencia concluyó en 4ª posición en liga regular para acabar eliminados por los Royals por 3 a 1. Finalmente los de Rochester visitaron la ciudad, pero fue para vencerles en su camino a las Finales de 1947.

No sería hasta la campaña 1948-1949 cuando el conjunto dirigido por Al Cervi encontraría los jugadores adecuados para por fin despegar, firmando un balance de 40-29, únicamente superados en la regular por los Anderson Duffey Packers, que acabarían siendo campeones. Aquel plantel donde ya se encontraban leyendas como Dolph Schayes, Paul Seymur y el mencionado Cervi que hacía de entrenador-jugador se quedaría a las puertas de la lucha por el campeonato.

Fue entonces, ante la deficiente situación económica de la NBL y el auge en ese mismo sentido de la BAA, una organización que contaba con la participación de equipos en ciudades grandes como Nueva York o Philadelphia, cuando se decidió trasladar la franquicia de liga. Una decisión que, nuevamente, tuvo a los Royals como motivadores. Un año antes, Les Harrison había movido a su equipo a la competencia rival con cierto éxito, y para el verano de 1949 los propietarios de los principales conjuntos restantes acordaron unirse, dando lugar a la NBA tal y como la conocemos actualmente, siendo una de esas entidades los Syracuse Nationals.

Para entonces, jugar en Syracuse estaba considerado por cualquier conjunto visitante como un reto mayúsculo. La ciudad, compuesta principalmente por gente de clase obrera, abarrotaba el diminuto pabellón State Fair Coliseum, generando un ambiente hostil, cargado y lleno de ruido partido tras partido. "Era una guerra cuando tocaba ir a jugar a Syracuse", dijo un Bob Cousy que en más de una ocasión trató de evitar viajar allí.

Todo ello motivado por su entrenador, Al Cervi, una personalidad más que fuerte y cuya conexión con la grada era total. Bastaba un gesto para que todo prendiese, siendo un dolor de cabeza constante para los árbitros. "Al era el tipo de persona que no te cae bien, pero dabas todo por él", recordó Schayes en 1992. "Lideraba desde el ejemplo. Nos ponía siempre en el punto más alto y trataba cada partido del mismo modo: tenía que ganar".

Tal era la cohesión y unión del grupo bajo la dirección de Cervi como entrenador-jugador que en su primera campaña en la NBA lograron llegar a las Finales, dejando por el camino a los Philadelphia Warriors y New York Knicks, concediendo apenas una derrota. El problema vendría en esa serie por el título, donde se enfrentaron a los todopoderosos Minneapolis Lakers de George Mikan. Los Nationals lograron ralentizar e impedir que sus oponentes estuviesen cómodos, desplegando una defensa casi perfecta que redujo las opciones de estos considerablemente.

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La historia de la liga podría haber sido muy diferente si en el primer encuentro de las series de 1950 se hubiese señalado falta sobre Mikan en una acción sobre Cervi, un duelo que cayó del lado de los Lakers por 68 a 66. Finalmente, Minneapolis se llevaría el título por 4 a 2 en una eliminatoria durísima, pero que dejó claro que los Nationals podían aspirar claramente al título.

Los años venideros supusieron el asentamiento de los Nats en una competición que sufría por mantenerse económicamente pues temporada tras temporada alguna franquicia acababa echando el cierre. A veces por la mala gestión de las organizaciones y otras por ser incapaces de atraer gente al estadio. Lo contrario a lo que sucedía en Syracuse. Pese a estar en una localidad de poco más de 250.000 personas, a partir de la gestión de su general manager, Leo Ferris, los Nationals se convirtieron en una entidad viable desde lo económico, que exprimió al máximo sus recursos, sobre todo en el traslado al Onondaga War Memorial, que prácticamente duplicaba la capacidad de su anterior estadio. La franquicia supo encontrar los apoyos necesarios en los negocios locales, mientras que su posición geográfica les conectaba con toda la costa este y el medio oeste relativamente rápido para la época.

Así, amparados en una gestión adecuada y una plantilla que fue añadiendo más talento para rodear a Dolph Schayes y Paul Seymour, los Nationals lograron volver a la élite de la competición en 1954, coincidiendo con la llegada de Earl Lloyd, uno de los primeros en derribar la barrera racial en la NBA. Aquel curso 1953-1954 sirvió para reivindicar que los Nats eran un conjunto eminentemente defensivo, que hacía de la destrucción del ataque rival su seña de identidad. Todo ello con la premisa de defender para poder correr, apostando todo a la creación desde la transición, algo que no tardaría en replicar (o copiar, según se mire) Red Auerbach en los Celtics. El equipo de Cervi terminó primero en eficiencia defensiva y siendo el conjunto que mayor ritmo de juego tenía, lo que les valió para barrer a Boston en Primera Ronda de Playoffs.

No así con los Lakers, que nuevamente fueron privados del éxito por culpa de Mikan en una eliminatoria a 7 encuentros. Serie que estuvo muy marcada por la estrategia de los de Minneapolis, que realizaron un continuo acoso y derribo a Schayes, Seymour y Osterkorn para que recibiesen faltas, ralentizando el juego e impidiéndoles vencer. Durante la temporada los Nationals promediaron 83,5 puntos por noche, mientras que en las Finales bajaron a 70,7.

La razón de este descenso estaba en la inexistencia de un mecanismo que regulase el tiempo máximo que debía durar un ataque, algo que aprovecharon los Lakers para utilizar a Pollard en su favor y desesperar a los de Cervi. No obstante, Ferris y Biasone tenían un plan, el reloj de posesión, cuya historia puedes encontrar detallada aquí.

De este modo, con la introducción del reloj para el siguiente curso y con la retirada de Mikan, los Nationals partían como principales favoritos al campeonato, no habiendo excusa alguna en esta ocasión para alzarse con él. Por otro lado añadieron al rookie Red Kerr, un interior rápido y móvil que encajó a la perfección en el estilo de juego de Cervi, convirtiéndose en el cuarto máximo anotador en tan solo un curso. Syracuse no tuvo rival en aquella Fase Regular, terminando en primera posición (43-29) y presentándose en las Finales tras vencer nuevamente a Boston, siendo su rival los Fort Wayne Pistons.

Sucedería pues en aquellas Finales entre dos conjuntos de mercados pequeños una anecdótica situación, pues los Pistons no pudieron jugar como locales en su estadio habitual, ya que el War Memorial Coliseum estaba ocupado por un torneo profesional de bolos, debiendo trasladarse a Indianápolis. Si esto no era suficiente, los Pistons nunca habían ganado en Syracuse en toda su historia y en esta serie la racha de 24 partidos se extendió a 27. Curiosamente, estos vencieron como locales, aunque no fuese su estadio. El sexto encuentro estuvo lleno de tensión, cayendo el triunfo para Fort Wayne en un duelo en donde un aficionado atacó a Al Cervi. Tras una batalla como esa, Danny Biasone decidió que el equipo regresase a Syracuse en avión en lugar de en tren como era habitual, algo que en cierto modo acabó teniendo un efecto positivo para los suyos.

El definitivo Game 7 celebrado en Syracuse tuvo emoción hasta el final, decidiéndose todo con una falta intencionada por parte de los Pistons hacia George King, cuyos porcentajes desde el libre no eran nada fiables. "Fui al tiro libre pensando: Esto va a ser duro para mí. Me quedé mirando a la canasta, lancé y entró", recordó el jugador en 2006. Automáticamente tras esa acción, el propio King fue quien volvió a definir el encuentro al robarle el balón a Andy Phillip para asegurar el triunfo y, en consecuencia, el campeonato.

Tras esto, los Nationals fueron elegidos por el Departamento de Estado de EE.UU. para realizar un viaje de buena voluntad a Austria, Checoslovaquia, Islandia, Italia, Grecia, España, Turquía, Irán y Egipto, donde protagonizaron varias exhibiciones a partir de abril de 1956.

Sin embargo, aquel gran éxito, el único para la ciudad en toda su historia en una major league hasta el momento, no tuvo continuidad. El equipo no logró dar el siguiente paso y adaptarse a la nueva realidad de la NBA en donde los gigantes comenzaban a ganar cada vez más peso y el juego comenzaba a salir de la anarquía que lo caracterizó hasta mediados de los 50. En 1956, Al Cervi decidió abandonar el puesto de entrenador, siendo relevado por su compañero Paul Seymour, que cayó en los años venideros ante Celtics y Warriors de manera sucesiva. La carrera de Schayes agonizaba pese a que era ya una institución en los Nats, siendo el primer jugador de la liga en alcanzar un cómputo de más de 30.000 entre puntos, rebotes y asistencias en 1961.

Al calor del resurgimiento de grandes mercados como Philadelphia y especialmente Boston, así como el traslado de los Lakers a Los Angeles, la NBA fue logrando salir poco a poco de su crisis económica, tornándose una entidad viable que se estableció alrededor de estrellas jóvenes como Wilt Chamberlain, Bill Russell o Bob Pettit. Poco a poco Syracuse se fue quedando atrás, sus ingresos no alcanzaban para competir a una escala geográfica semejante, viéndose obligados en la mayor parte de las ocasiones a tomar vuelos en lugar de trenes, lo que encareció el coste anual del equipo al mismo tiempo que los salarios también aumentaban. En 1963, Biasone decidió que ya era suficiente, vendiendo a unos empresarios de Philadelphia, Irv Kosloff y Ike Richman la franquicia por unos 500.000 dólares, quienes trasladaron el equipo, renombrándolo como 76ers en agosto de ese mismo año.

El adiós de los Nats sobre un parqué sucedió un 26 de mayo de 1963 ante los Royals. La franquicia hacía tiempo que había dejado de estar en manos de la familia Harrison y ni siquiera seguía emplazada en Rochester, sino en Cincinnati, pero aquella derrota en el 5º encuentro de los Playoffs supuso el cierre perfecto de una historia entrelazada entre las dos franquicias, ambas emplazadas en mercados diminutos y que, por su propia cuenta, lograron dominar en cierto modo los inicios de la NBA, emergiendo desde la precaria NBL.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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