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All-Star 2020

Historias NBA All-Star: Tom Chambers, el MVP menos pensado de un All-Star Game

Tom Chambers All-Star 1987
Getty Images

Bob Pettit, Kobe Bryant, Oscar Robertson, Michael Jordan, Shaquille O'Neal, LeBron James. En distintas épocas, los jugadores más premiados como MVP del All-Star Game han sido casi siempre los mismos, las grandes súperestrellas de la NBA, por más que se trate de un partido de exhibición.

De hecho, en toda la historia del All-Star Game, si no contamos a los jugadores que aún no han sido elegibles para el Salón de la Fama (los que están en actividad o recién retirados como Bryant, Dwyane Wade, Kevin Garnett o Tim Duncan), apenas tres de los premiados como MVP no son parte del Hall of Fame, ese lugar exclusivo para leyendas de este deporte.

Dos de los MVP del ASG excluidos del Hall of Fame son Randy Smith (1978), votado entre los 10 mejores jugadores de la NBA de aquella temporada, y Glen Rice (1997), también parte del segundo quinteto ideal de la liga en esa campaña. El otro integrante de ese trío es el protagonista de esta historia, un jugador cuya carrera fue mejor que la de Smith y Rice, pero que cuando ganó el MVP, fue premiado en un All-Star Game del que ni siquiera debía haber formado parte: Tom Chambers.

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El All-Star Game de 1987 se disputó en Seattle, teniendo como primera (y única) vez como sede al estadio Kingdome, la casa de los Seattle Supersonics entre 1978 y 1985 (y luego un par de veces más de forma ocasional), una estructura bastante grande para el baloncesto, con capacidad para 40.000 espectadores.

Allí se disputaría un partido híper cargado de figuras históricas: el equipo del Este presentaba a Michael Jordan, Larry Bird, Dominique Wilkins, Julius Erving y Moses Malone, con Kevin McHale, Robert Parish, Charles Barkley, Isiah Thomas, Bill Laimbeer, Maurice Cheeks y Jeff Malone en el banco. Sus rivales del Oeste no se quedaban atrás: Magic Johnson, James Worthy, Alvin Robertson, Hakeem Olajuwon, Kareem Abdul-Jabbar, Rolando Blackman, Mark Aguirre, Joe English, Walter Davis, Joe Barry Carroll, Sleepy Floyd y Ralph Sampson.

¿Pero cómo, donde está Chambers? Resulta que el gigante Sampson, pívot estrella de Houston Rockets y MVP del All-Star Game en 1985, se lesionó la rodilla a principios de febrero de 1987 (lesión que prácticamente terminó con su mejor momento deportivo, a los 26 años de edad) y el entrenador del equipo del Oeste, Pat Riley, decidió reemplazarlo con un jugador del equipo local, los Supersonics.

Pat pudo haber escogido al anotador del equipo, Dale Ellis, o a un joven Xavier McDaniel que llegaría al All-Star Game en la temporada siguiente. Sin embargo se decidió por Chambers, que a decir verdad estaba cuajando un gran año (23,3 puntos, 6,6 rebotes y 3 asistencias por partido) y que era un favorito de los fanáticos por su llamativo look, con una larga cabellera con un color entre el castaño y el rubio, y por sus saltos espectaculares, con jugadas que hicieron que Chambers estuviese invitado al torneo de mates de ese mismo All-Star Weekend.

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Primero Chambers participó del concurso de mates, el día sábado por la noche, pero a pesar de la localía, el #24 de Seattle apenas logró no terminar último en una competición dominada por Michael Jordan por primera vez.

El gran momento de Chambers llegaría en la noche del domingo. Aunque entró "por la ventana", el de los Supersonics fue titular, tomando el lugar de Sampson en el quinteto inicial a pesar de no haber estado ni entre los 25 jugadores del Oeste más votados por el público. Poco importó eso en aquella exhibición en el Kingdome, en la que Chambers enseño todo su repertorio entero y lideró una victoria de la Conferencia Oeste por 154-149 en tiempo suplementario.

En 29 minutos en cancha, el originario de Utah terminó con 34 puntos, 4 rebotes, 4 robos, 2 asistencias, 2-3 en triples y 11-22 en tiros. El Oeste, que perdía por siete puntos al comenzar el último cuarto, logró la remontada gracias a 14 puntos de Chambers en el capítulo final y cuatro más en la prórroga que levantaron de sus asientos a todos los fanáticos de Seattle presentes.

"Nunca, pero nunca, pensé que esto iba a suceder", le comentó Chambers al New York Times al terminar el partido. "Esto es algo digno de un sueño. No puedo creer que me haya sucedido a mi", agregó el jugador de los Supersonics, por entonces de 27 años y con seis temporadas de experiencia en la NBA.

T.C, un jugador de casi 2,10 metros pero que se movía como una gacela y con habilidades dignas de un guardia, no pudo defender su corona de MVP en el All-Star Game de Chicago en 1988 ya que no fue invitado, pero si estuvo presente en los Partido de las Estrellas de 1989, 1990 y 1991, ya como jugador de Phoenix Suns, donde llegó a promediar 27,2 puntos y 7 rebotes por partido en su segunda campaña en el equipo y formó parte del segundo quinteto All-NBA en dos oportunidades.

En 1993, siendo sexto hombre de los Suns tras la llegada de Charles Barkley, Chambers fue protagonista del equipo que llegó a Las Finales de la NBA y perdió 4-2 contra Chicago Bulls. Apenas cinco temporadas en Phoenix alcanzaron para que la camiseta número 24 de Tom esté retirada por los Suns y para que integre el "Anillo de Honor" del estadio de Phoenix.

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