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Mitad hombre, mitad maravilla: la singular transformación del legado de Vince Carter

Aunque ya era prácticamente un hecho, llegó la oficialización: Vince Carter anunció su retiro a través de su podcast "Winging It", confirmando una noticia que se venia esperando desde que se supo que los Atlanta Hawks no volverían a jugar en esta campaña.

El arco de la carrera de Carter es uno de los más particulares de los que se tenga registro entre las súperestrellas de la NBA. Fueron nada menos que 22 campañas en la liga, en las que no solo pasó por ocho franquicias diferentes, con todo tipo de roles y funciones, sino que además fue transformando la percepción que el fanático medio tenía sobre él.

En el ambiente de la lucha libre, cuando un personaje tiene un cambio de bando, ya sea de villano a héroe o viceversa, se habla de un turn. Un giro. Y si bien Carter rara vez fue visto como uno de los chicos malos del torneo, hubo diferentes circunstancias que hicieron que su legado cambiara por completo con el paso del tiempo.

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De una de las tantas estrellas observadas como fenómenos individuales, sin demasiado impacto colectivo y con ciertas actitudes egoístas, a uno de los líderes más ejemplares alrededor de la competición.

De ser probablemente el mejor volcador de todos los tiempos, a mutar en un triplero extremadamente peligroso.

De ser la cara principal de cualquier franquicia por la que pasara, a adaptarse al fondo de la banca sin generar ningún tipo de controversia.

De los fracasos en Playoffs, a los tiros ganadores.

De maravilla, a hombre.

Mitad maravilla

La llegada de Carter a la NBA como el quinto pick del Draft de 1998 fue una bocanada de aire fresco, en una liga que empezaba a transitar su camino sin Michael Jordan e inmersa en un lockout que acortaría esa Fase Regular a solo 50 partidos.

El alero surgido de North Carolina no tardó en demostrarle a los cuatro equipos que lo dejaron pasar en el orden, el error fatal que habían cometido. Sobre todo si repasamos a qué jugadores eligieron en su lugar: los Clippers tomaron a Michael Olowokandi con la primera selección, los Grizzlies a Mike Bibby con la segunda, los Nuggets a Raef LaFrentz con la tercera y los Warriors a Antawn Jamison con la cuarta.

En realidad, técnicamente fue Toronto el que seleccionó a Jamison cuarto, pero lo hizo a sabiendas de que ya tenía un traspaso garantizado con Golden State, a cambio de Carter y una suma de dinero. Sí, los Warriors no solo pasaron de Carter a Jamison (venían de ser compañeros en UNC), sino que además pagaron por ello, literal y figurativamente hablando.

Por supueto que cuando los fanáticos NBA descubrieron la capacidad de Carter de desafiar a la gravedad, no tardaron en aparecer las comparaciones con otro ex Tar Heel como el recientemente retirado MJ. En esa extensa lista de posibles sucesores de Su Majestad, el nacido en Daytona Beach supo ocupar un lugar de privilegio.

Carter no solo se quedó con el ROY en su presentación en sociedad con los Raptors, sino que además empezó a anotarse como uno de los jugadores más seguidos por una audencia en búsqueda de un nuevo ídolo. El fenómeno de Vinsanity iba mucho más allá de los 18,3 puntos que promedió como novato o de unos Raptors que se quedaron sin entrar a Playoffs, con marca de 23-27.

Tal como se esperaba, VC tuvo un salto de calidad enorme a partir de su segunda temporada en la liga, pasando a promediar 25,7 puntos y alcanzando el primero de lo que llegarían a ser ocho All-Star Games de manera consecutiva. Y más allá de los 12 puntos que consiguió en el partido de las estrellas, fue justamente en ese primer ASG del nuevo milenio, disputado en Oakland, en el que Carter alcanzó probablemente el punto máximo de su fama: su inolvidable consagración en el Concurso de Mates, reviviendo un evento que había empezado a perder el brillo ganado en los '80.

Si a eso le agregamos que algunos meses después ganaría la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Sidney, dejando el mejor mate de la historia del básquet FIBA, todo parecía encaminado hacia el más absoluto de los estrellatos. En solo dos años como profesional, Carter ya había dejado imágenes que aún hoy retumban en la mente de todo seguidor de este deporte.

Y sin embargo, seguía faltando lo más importante: el éxito colectivo en la NBA.

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Los Raptors fueron barridos por los New York Knicks en la 1° Ronda de los Playoffs del 2000, en una serie para el olvido de parte de Carter: lanzó un 30% de campo y bajó de sus casi 26 puntos por partido, a solo 19.

Toronto se tomó revancha de New York en la 1° Ronda del 2001, más allá de tener otro flojo cruce de parte de su estrella (22,8 puntos pero con un 37% de campo) y a continuación, llegaría una llave ante los Sixers que marcaría un punto de inflexión en la carrera de Carter.

El alero por fin pudo aparecer en su máximo esplendor durante la mayor parte de la serie, promediando 30,4 puntos y un 47% de campo. Pero a la hora de un decisivo Game 7 en Philadelphia, reaparecieron los fantasmas: lanzó apenas un 6-18 de campo y acabó con 20 puntos, en una derrota dramática por 88-87, fallando el potencial doble de la victoria.

Carter, quien se perdería los Playoffs 2002 (Toronto quedó eliminado en 1° Ronda ante Detroit), ya no volvería a jugar una serie de postemporada con la franquicia que lo vio llegar a la NBA. El balance: 15 partidos, 25,7 puntos de media y un irregular 41% de campo. Sabor a poco.

La debacle de los Raptors tras esos tres años de Playoffs fue notoria y el equipo no pasó de la Fase Regular en el 2003 ni en el 2004. La frustración de Carter por no tener mejor compañía a su alrededor empezaba a ser visible y a principios de la campaña 2004-2005, explotaron los rumores de traspaso, aparentemente reclamado por el propio jugador. Sus números en los primeros 20 partidos de esa temporada generaron suspicacias (15,9 puntos y 41% de campo) y jamás fueron perdonados por unos fanáticos canadienses que acusaron a su primer gran ídolo de abandonar a la franquicia.

Finalmente, la resolución fue la esperada: el 17 de diciembre del 2004, Carter fue traspasado a los New Jersey Nets, a cambio de Alonzo Mourning, Aaron Williams y Eric Williams, además de una serie de picks del Draft. ¿Sus números en esa primera experiencia con New Jersey? Nada menos que 27,5 tantos por encuentro. Casi el doble de lo que venía haciendo con los Raptors ese año.

En Jason Kidd, Carter por fin había encontrado a un base capaz de explotar todas sus virtudes atléticas. Y ahora sí, el camino parecía liberado para que el de Florida replicara su dominio individual, en buenos resultados colectivos.

La historia, sin embargo, volvió a ser muy distinta. New Jersey cayó en la 1° Ronda del 2005 por un contundente 4-0 ante Miami y Carter tuvo otra serie muy irregular: 26,8 puntos, pero con un 36% de campo. Con todo lo que había sucedido en su salida de Toronto, los mismos seguidores de la NBA que habían sabido admirarlo en sus inicios, ahora lo tenían como uno de los focos de críticas más duras de toda la liga.

Carter jugaría dos postemporadas más con los Nets, en ambos casos avanzando hasta las semis del Este: en el 2006 cayeron allí otra vez ante Miami (4-1), con el alero promediando nada menos que 30,2 puntos, mientras que en el 2007 perdieron con el Cleveland de LeBron James (4-2), con Carter sumando otro rendimiento muy pobre (19,7 puntos y un 35% de cancha).

Aquella caída ante un LeBron de 22 años, marcó el final definitivo de la etapa de Vince Carter como una de las maravillas de la competición. En ese 2007 tuvo su última convocatoria al All-Star Game, superó los 21 puntos de promedio por última vez en su carrera y disputó su última serie de postemporada como la primera opción ofensiva de su equipo.

Empezaba así la etapa humana del fenómeno.

Mitad hombre

La carrera de Vince Carter presenta un dilema muy particular: sus mejores años en la liga coincidieron con algunas actitudes polémicas, enojos de sus propios seguidores y sobre todo, rendimientos que no estuvieron a la altura a la hora de la verdad. Y sin embargo, aún cuando su protagonismo bajó considerable y lógicamente, una vez entrado a los 30 años, fue justamente en esa década en la que VC se encargó de purificar muchos de los errores del pasado, cambiando por completo su imagen alrededor de la liga.

La principal virtud que tuvo Carter en esos años fue su capacidad de adaptación e inteligencia para reconocer sus nuevas limitaciones. A diferencia de otros grandes atletas de la historia de la competición, supo reinventar por completo su juego y acomodarse a diferentes roles, encontrando cómo ayudar a su equipo en cada uno de ellos.

En Orlando, todavía como titular, lo vimos llevar su juego al perímetro, para complementar el dominio interno de Dwight Howard, con un Magic que alcanzó las Finales del Este en el 2010 (cayó ante Boston por 4-2). Y ese no es un dato menor: se trató de la primera y única vez en la que Carter llegó a esas instancias, haciéndolo todavía como una parte integral del esquema de Van Gundy (promedió 16,6 puntos).

De hecho, su rendimiento en las Semis del Este, para ayudar a Orlando a barrer a Atlanta, fue uno de los mejores de su carrera en Playoffs: 18,3 tantos (2° máximo anotador detrás de Howard), con un 51% de campo y un 47% en triples.

El Vince Carter volador había quedado atrás, pero esta nueva versión del perimetral se encargaba de encontrar maneras de ayudar a los suyos, dejando su ego de lado.

Tras un paso poco recordado por Phoenix, la 2011-2012 lo encontró en Dallas, ya con 35 años y adaptándose a ser suplente por primera vez en su carrera. Y fue justamente con los Mavs, dos años después de su llegada, que consiguió por fin uno de esos grandes momentos en Playoffs que toda leyenda necesita.

Game 3 ante los futuros campeones Spurs, serie empatada en uno y excepcional triple sobre la bocina, por encima de la marca de Manu Ginóbili, para estampar el 109-108 final.

Más allá de que Dallas terminó perdiendo esa serie por 4-3, Carter se encargó con ese lanzamiento de sacar de la retina varios de sus tropezones previos en Playoffs. Después de todo, la imagen más reciente es la que muchas veces termina teniendo su mayor impacto, al menos en el corto plazo.

Y hablando de imágenes recientes, podemos mencionar los pasos del alero por Memphis, donde llegó a disputar tres Playoffs más (2015, 2016 y 2017), con rendimientos muy eficaces en los últimos dos (10 puntos de media, 47% de campo y un 50% en triples). O también podemos hablar de sus experiencias en Sacramento y Atlanta, ya en una función de mentor ejemplar de dos planteles sumamente inexpertos, con los que ocasionalmente tuvo destellos de su enorme calidad (en diciembre pasado llegó a anotarle 17 puntos en 20 minutos a los Hornets).

En definitiva, Carter borró por completo cualquier narrativa que pudiera existir en su contra, a la hora de imaginarlo como un inmediato Salón de la Fama. Ya tenía los números y el legado como uno de los atletas más excepcionales de la historia, pero en los últimos años, también le agregó ese factor humano y de liderazgo tan importante a la hora de juzgar el currículum de una estrella.

Vince Carter no fue ese sucesor del reinado de Michael Jordan que asomaba en sus inicios. Pero en horas en las que seguramente se hará oficial su retiro de la competición, no queda más que admiración para una maravilla que acabó encontrando en la humanidad, un cierre ideal para su carrera.

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente aquellas de la NBA o sus organizaciones.

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